

Description of 2316. Los otros son Jesús
Meditación sobre las lecturas del lunes de la XV semana del Tiempo Ordinario (año par). Identidad entre Jesucristo y los cristianos. Necesidad de vivir la justicia. Las obras de misericordia. Nada que hagamos por los demás, quedará sin premio.
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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda, intercede por mí. El Evangelio de la misa de hoy dice así. En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles. No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz. No he venido a sembrar paz sino espada. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra. Los enemigos de cada uno serán los de su propia casa. Esto lo dice el Señor no porque él quiera meter división en las familias, ni mucho menos, sino porque realmente una vez que Dios ha hecho hombre y ha pisado esa tierra nuestra, todo ha cambiado.
No podemos permanecer indiferentes ante esto. Realmente compromete nuestra vida, nos exige un cambio tantas veces. Y eso a veces lleva a dividir en este sentido las familias. Pues hay uno que cree y otro que no cree. Y a veces el que no cree no entiende muy bien lo que hace el que cree. Normalmente el que cree entiende mejor al que no cree, pero también puede ocurrir que no lo entienda. El que quiera a su padre o a su madre más que a mí sigue diciendo Jesús no es digno de mí. El que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí. Y el que no carga con su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá y el que pierda su vida por mí la encontrará. A finales de junio en una meditación que titulamos Vértigo hablamos precisamente y comentamos estas palabras. No lo hacemos ya ahora. Pero Jesús sigue diciendo, el que os recibe a vosotros, y en esto me quiero fijar, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado.
O sea, muchas veces aparece, Señor, esta identificación entre ti, entre tú y tus discípulos. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, nos dices. Quizás queda aún más clara esta identificación entre tú y los discípulos cuando derribas a Saulo camino de Damasco, lo tiras del caballo, lo dejas ciego y le gritas, no, Saulo, escucha estas palabras, Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Entonces el futuro San Pablo, Saulo, dice, Señor, ¿quién eres? Y tú respondes, yo soy Jesús a quien tú persigues. Es algo misterioso, pero hay una identificación total entre un cristiano y Jesucristo. Y podemos preguntarnos, Señor, ¿cómo puedes estar en cada cristiano? Pues en primer lugar es en cada cristiano y también en cada hombre, aunque de un modo más imperfecto, pero de un modo total en cada cristiano. Pues decía que en primer lugar es consecuencia de la encarnación. Tú, Señor, has abrazado la humanidad entera, a cada hombre.
Nos has tomado a cada uno de nosotros, seamos cristianos o no, esto es común a todos, nos has tomado sobre tus hombros, como el pastor a la oveja. Esa representación de los primeros cristianos tan frecuente, ese motivo tan frecuente en las catacumbas, por ejemplo, donde se ve al buen pastor con la oveja a hombros que representa a Jesucristo. Porque coge a cada uno de nosotros sobre sus hombros, pero de una manera más plena, coge a la humanidad entera y la lleva sobre sus hombros al cielo. Por eso nosotros, como una consecuencia de la encarnación, estamos identificados con Jesucristo. Y las personas que nos rodean, pues son otros Cristos. Cristo está en ellos. Son esplendores eternos. Son imagen de Dios. Hijos de Dios. O sea, son Cristo. Realmente. Pero luego, en el cristiano se da como un paso más. Firilo de Alejandría explica, por ejemplo, la presencia del Espíritu Santo en el alma de los cristianos de la siguiente forma.















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