
2317. ¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! (EDITADA)

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Meditación sobre el Evangelio del martes de la XV semana del Tiempo Ordinario. Jesús reprocha a Corozaín, Betsaida y Cafarnaún que, a pesar de tantos milagros, sus habitantes no se hayan convertido. La Creación es un milagro continuo, ¿cómo no nos vamos a llenar de agradecimiento cada día y convertirnos a Jesús?
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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada. San José, mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, intercede por mí. El Evangelio de hoy dice En aquel tiempo se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido. ¡Ay de ti, Corazain! ¡Ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido cubiertas de sayal y ceniza. Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Tiro y Sidón eran dos ciudades del antiguo imperio asirio, ¿no? O sea, no pertenecían a Israel. Y por tanto, pues eran ciudades, vamos a decir así, históricamente enemigas, históricamente llenas de ídolos y bueno...
Y sigue diciendo el Evangelio. ¿Y tú, Cafarnaún, piensas escalar al cielo? ¿Bajarás al abismo? Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Recordamos todos que Sodoma es aquella ciudad en donde Yahvé no encontró ni siquiera diez justos para salvarla y fue devorada por el fuego. Sodoma y Gomorra, ¿no? Pues os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti. el señor reprocha a esas ciudades tan cercanas y tan queridas por él Betsaida, Corozaín, Cafarnaún donde vivía el no convertirse pese a los signos que habían visto, pese a los milagros que habían visto. En Bethsaida, que era la tierra de los apóstoles Felipe, Andrés y Pedro, por ejemplo, aparece un milagro muy claro en el Evangelio, que es aquel ciego al que Jesús untó con saliva los ojos y empezó a hablar y decía, veo árboles que andan. También muy cerca de Bethsaida tuvo lugar la multiplicación de los cinco panes y dos peces en Tacba, pero que está muy cerca.
En Corozain, donde se conservan hoy en día los restos de una sinagoga, donde probablemente estuvo Jesús, pues es de suponer, puesto que el Señor lo dice, que también hizo muchos milagros, aunque en el Evangelio no hay constancia de ninguno allí. Y en Cafarnaum, ¿qué decir? Ahí vivía el Señor. Pues hay multitud de milagros, el endemoniado del que expulsó el Señor. El demonio, la suegra de Pedro curada, resucitó a la hija de un funcionario real allí en Canfarnaún, curó al siervo de Centurión a distancia, la hemorroisa, también la curó allí, el paralítico que descolgaron entre varios delante de Jesús, entre varios amigos y lo curó, etc. Bueno, y todos esos milagros deberían haber servido para que se convirtieran, todos deberían haber sido discípulos de Jesús, todos deberían ser cristianos profundamente arraigados en la fe en el Señor, porque habían visto los milagros. Por eso el Señor les dice, hay de ti Corozaín, hay de ti Betsaida.
Y a Cafarnaún, piensas escalar el cielo, hasta el abismo te precipitarás. Bueno, al leer... Este pasaje del Evangelio me he acordado de unas palabras de San José María que dicen así, para mí es tan milagro que el sol salga y se ponga todos los días como que se detenga. Y más milagro es que salga y se ponga todos los días según una ley impuesta por Dios que ya conocemos los hombres. Es verdad, es tan milagroso que salga el sol todos los días como que un día no saliera. Pero es que todavía es más milagroso que yo sea capaz de conocer eso, que yo tenga ese chispazo divino que me haga saberlo y descubrir la ley que la inteligencia de Dios ha puesto, la inteligencia divina ha puesto en la creación. En realidad estamos rodeados de continuos milagros. Esta mañana estaba rezando, paseando por un camino que va pegado a la costa entre un pueblo que se llama El Seijo y otro que se llama Maniños, en la ría de Ferrol. Y a un lado tenía la mar de ese color verde azulado de cuando está revuelta.















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