2318. Pequeñuelos delante de Dios

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7/15/2026 · 25:07
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Meditación sobre el Evangelio del miércoles de la XV semana del Tiempo Ordinario: el Señor da gracias al Padre por su predilección por los pequeñuelos, a los que se revela más fácilmente. Hemos de hacernos como niños ante Dios, lo cual exige creer como creen los niños, abandonarse como se abandonan los niños, amar como aman los niños, rezar como rezan los niños.

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meditación espiritualidad oracion teología cristianismo
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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mi Inmaculada. San José, mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, intercede por mí. Vamos a entrar en la meditación de hoy, como siempre, tomando ocasión del Evangelio de la Misa de hoy, que dice así. En aquel tiempo tomó la palabra Jesús y dijo. Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. En otras traducciones dice, se las has revelado a los pequeñuelos. A mí me gusta especialmente esto. Sí, Padre, así te ha parecido bien.

Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sin el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Si pensamos en los apóstoles todos, menos Mateo, eran gente pobre, ruda, iletrada, de campo o pescadores, nada poderosa, nada influyente. Pero Jesús, tú Señor, te encontrabas bien con ellos. Y lo mismo cabe decir del resto de los discípulos, con la excepción quizás de Lucas, que era médico, pues el resto de los discípulos eran gente sencilla, humilde. Marcos, por ejemplo, aunque su madre tenía algo de dinero, cuando escribe su evangelio lo escribe en un griego bastante malo y con errores incluso. Solo Pablo era una persona mucho más cultivada, el apóstol San Pablo. Y quizás aquel joven rico que dijo al Señor que quería seguirle causó sensación entre los apóstoles porque se dieron cuenta de que era una persona, no como ellos, sino una persona con estudios, que diríamos hoy en día. Pero no siguió al Señor.

El Señor, por otra parte, se encontraba muy a gusto con... Con los niños. Dejad a los niños que se acerquen a mí, porque de los que son como ellos es el reino de los cielos. O en aquella otra vez que cogió a un niño, lo puso en medio de sus discípulos y le dijo, si no os convertís y os hacéis como los niños, no entraréis en el reino de los cielos. El Señor nos animaba a hacernos niños delante de Dios. No niñoides, que es una persona que se comporta de manera infantil entre los hombres. Eso no. Eso no es cristiano. Sino niños delante de Dios. Ante ti, Señor. Nosotros, ante tú, ante tu majestad y tu paternidad, nosotros somos niños y niños bien pequeños. La vida espiritual, decía el monje Marmión, no es otra cosa sino la floración de los sentimientos resultantes de nuestra adopción divina. O sea, la vida espiritual es hacerse niño delante de Dios. Pensar, juzgar, obrar como hijos de Dios, decía San José María.

En definitiva, ser uno de esos pequeñuelos por los que tú das gracias porque Dios Padre se les ha revelado. Les ha contado lo más profundo, el mensaje más sublimo, más sublime, ¿verdad? Les ha mostrado su amor. O cumplir. Es otro que un poco más adelante dice San Mateo. En verdad os digo, ya lo hemos leído, si no os convertís y os hacéis como los niños, no entraréis en el reino de los cielos. Señor, yo me quiero hacer niño delante tuya. No quiero ser un adulto soberbio. No es que todos los adultos sean soberbios, pero tienen más cerca ese peligro, ¿verdad? Y fijaros que en la introducción, o mejor dicho, en una de las notas de los evangelios de la Universidad de Navarra, anotan este evangelio que hemos leído diciendo, ¿es claro que los niños se caracterizan por su incapacidad de odio? y se ve en ellos una total inocencia en lo que mira los vicios y principalmente al orgullo que es el mayor de todos son sencillos y se abandonan confiadamente así nosotros

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