2319.bis. Venid a mi todos los cansados y agobiados

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7/16/2026 · 23:50
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Meditación en el jueves de la XV semana del Tiempo Ordinario. Nos fijamos en la frase del Señor del Evangelio de hoy: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré». El Señor no nos abandona nunca, ha sellado una Alianza inquebrantable con nosotros. En Él encontraremos siempre ayuda, consuelo y compañía. ¿Y cómo ir a Él? Con los actos de amor.

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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor. Ángel de mi guarda, intercede por mí. Le hemos pedido, como siempre, ayuda a nuestro Señor para hacer este rato de oración. En mi caso, pues hoy no lo hago delante del Santísimo, sino en medio de los Pirineos catalanes, en el Valle de Nuria. con una cascada de fondo y el río del ruido y algunos pajarillos, pero cualquier lugar es bueno para tratar a nuestro Señor y para darle gracias, para alabarle y para pedirle. Y el Evangelio de hoy está tomado de San Mateo, nos dice así, es un Evangelio muy breve, pero maravilloso.

En aquel tiempo exclamó Jesús, venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera. Vamos a quedarnos con la primera frase que nos dice el Señor. Venid a mí, todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Muchas veces, Señor, he pensado en el cirineo y en lo que sentiría al ayudarte con la cruz. Porque algo pasó que le convirtió de golpe en discípulo. No dudo que el Cirineo notó el peso de la cruz de Cristo sobre sus hombros, pero pienso, Señor, que algo hiciste tú, que algo le comunicaste, algo le hiciste percibir, le hiciste percibir que le dio una fortaleza especial, le alivió por dentro. Notó como una ligereza desconocida, una alegría interior, un alivio de todas sus penas y preocupaciones que le llevó a coger esa cruz con garbo y acompañarte contento de hacerlo.

Y le llevó a descubrirte a ti, Señor, a nuestro Señor Jesucristo, como su Salvador. Es decir, notó que más que ayudarle él a Jesús, era aquel hombre el que le ayudaba a él. Puede que no sea así, pero bien podría ser así, porque el Evangelio no nos dice nada en un sentido ni en otro, ¿verdad? Bueno, lo que sí que es cierto es que muchas veces nos encontramos todos con personas que dicen que se han sentido así, aliviados en su carga, en su pena, en su tristeza o en su dolor. Y se han sentido así cuando han ido a Jesús, cuando se han puesto en camino hacia ti, Señor, cuando han cumplido este consejo tuyo, venid a mí y os aliviaré. Y han ido a ti, Señor, en la Eucaristía, en la oración. Y han encontrado en ti la fortaleza que necesitaban y que ellos no tenían. Quizá ante la pérdida de un ser querido, o ante una enfermedad, o un revés económico, o una humillación injusta sufrida. Ir a ti, Señor.

Y entonces todo es mucho más fácil cuando estamos en tu compañía. Hay una poesía. que se lee en el breviario, que dice así, ya la hemos meditado alguna vez, pero es bien bonita. Ando por mi camino pasajero y a veces creo que voy sin compañía. Y hasta que siento el paso que me guía al compás de mi andar de otro viajero, no lo veo, pero está. Es Jesús, claro. Si voy ligero, él apresura el paso. Se diría que quiere ir a mi lado todo el día. Invisible y seguro el compañero. Al llegar a terreno solitario, Él me presta valor para que me siga. Y si descanso, junto a mí se reposa. Y cuando hay que subir monte, Calvario lo llama a Él. Siento en su mano amiga que me ayuda una llaga dolorosa. Venid a mí, los que estéis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. El Señor nos coge de su mano y nos lleva en medio de esas dificultades con gran paz. Y podemos preguntarnos. Señor, yo que soy cristiano quizás desde hace muchos años.

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