2320. Misericordia quiero, y no sacrificio

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7/17/2026 · 29:06
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Meditación sobre las lecturas del viernes de la XV semana del Tiempo Ordinario. Los hombres santos lo pueden todo. Lo importante es poner nuestra confianza en el Señor. Lo que Dios quiere de nosotros es un corazón misericordioso, y no sólo nuestras obras externas.

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meditación espiritualidad oracion teología cristianismo
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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, libre al Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda, intercede por mí. La primera lectura de la misa de hoy está tomada del Libro de los Reyes y se nos cuenta una historia del rey Ezequías. El rey Ezequías reinó en Judá, en el Reino del Sur. Ya sabéis que lo que hoy es Israel, pues en aquella época se separaron los dos reinos, el reino del norte o Israel y el reino del sur o Judá. Y reinó, como digo, en el sur, cuya capital era Jerusalén desde los años 715 a 687 a.C. A él, por ejemplo, se debe una piscina y un conducto de agua para abastecer de agua la ciudad cuando era asediada, que aunque se abra en la Biblia, no se descubrió hasta finales del siglo XIX, arqueológicamente.

Bueno, poco antes de su reinado, en el 722 a.C., el reino de Israel, el del norte, fue conquistado por los asirios y sus ciudades destruidas y los ciudadanos deportados. Y entonces le tocó el turno a su reino, al reino del sur, a Judá. El rey asirio Senacuerib intentó también conquistar ese reino, asoló sus campos y Ezequías le pagó un tributo a ver si se calmaba así, pero no se calmó. Y Senacuerib sitió Jerusalén. Sin embargo, no consiguió conquistarla, porque Ezequías clamó a Dios, quien le respondió por intermedio del profeta Isaías, diciéndole que él mismo devolvería a Senacuerip, por donde había llegado, y que los habitantes de Jerusalén durante dos años comerían de esa victoria. Lo cual se cumplió porque Dios envió a su ángel, que mató esa noche a 185.000 de los soldados asirios que acampaban fuera de Jerusalén.

Tras eso, Sena Curip mandó regresar a su ejército y por su parte Ezequías fue prosperando abundantemente y no vio más desolación en Judea en toda su vida. Lo curioso es que Ezequías era hijo de Acaz. Acaz era de los peores reyes que tuvo Israel y sin embargo Ezequías fue uno de los pocos reyes buenos y fieles a Dios de los que se hace, por ejemplo, este elogio en el libro de los reyes. Tenía 25 años cuando inició su reinado y reinó 29 años en Jerusalén. Su madre se llamaba Abí, hija de Zacarías. Ezequías hizo lo recto a los ojos del Señor, exactamente lo mismo que David, su padre. Él fue... quien retiró los santuarios, se entiende los santuarios a los dioses de Baal, es decir, a los dioses extranjeros, derribó las estelas y cortó los cipos sagrados que eran como monumentos a esos dioses. Él fue también quien hizo pedazos la serpiente de bronce que Moisés mandó fundir, pues hasta entonces los hijos de Israel quemaban incienso en su honor, llamándola Nejustán.

O sea, habían convertido en un ídolo aquella serpiente de bronce que había hecho Moisés. Ezequías, y esta es la frase clave, puso su confianza en el Señor, Dios de Israel. Y no hubo entre todos los reyes de Judá ninguno semejante a él, ni antes ni después de él. ¿Por qué? Pues por su confianza en ti, Señor. Porque era un hombre que, aun siendo rey, tenía su corazón absolutamente puesto en el Señor. Como hemos de poner cada uno de nosotros, cualquiera que sea nuestra actividad, cualquiera que sean nuestras circunstancias. Se adhirió al Señor y no se apartó de él, guardando los mandamientos que había mandado el Señor a Moisés. El Señor estuvo con él y tuvo éxito en todas sus empresas. Se rebeló contra el rey de Asiria, Senacuerib, negándole vasallaje. Fue él también quien derrotó a los filisteos hasta Gaze y sus fronteras, desde las atalayas de vigía hasta las ciudades amuralladas. La Biblia, con esa lógica como aplastante que tiene, manifiesta primero la confianza de Ezequías en Yahvé.

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