
2339. Sístole y diástole (EDITADA)

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Meditación grabada el primer día de una convivencia de agregadas, en el miércoles de la XVIII semana del Tiempo Ordinario. El Evangelio de hoy es el de la mujer sirio fenicia, o cananea, que pide a Jesús por su hija con actitud humilde y contrita, y consigue lo que pide, quedando agradecida. Los dos movimientos básicos de la vida interior son la compunción (sístole) y el agradecimiento (diástole).
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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mi Inmaculada, San José, mi Padre y Señor. Ángel de mi guarda, intercede por mí. Y ya estamos aquí, Señor, en tu presencia. Nos ha costado probablemente desprendernos de las cosas que estábamos haciendo, de las personas con las que vivimos. Pero al mismo tiempo necesitábamos este momento de especial intimidad con el Señor que supone la convivencia del curso normal. Quizás alguna de vosotros se vea a sí misma como esos coches o eso que llega un coche y una gasolinera cuesta abajo y se para sin gasolina. El gasolinero le dice, bueno, apurado usted un poquillo para llegar hasta aquí, pues igual nosotros, señor, hemos llegado también un poco así.
Es lógico que estemos cansados, o vosotras cansadas, necesitamos parar y descansar, como nuestro señor junto al pozo de Sicar, fatigado en el camino, ¿verdad?, se sentó allí. ¿Me acuerdo? Como Kiko Navarro, lo habrás oído seguramente, Kiko Navarro Valls contaba aquella anécdota tan conocida de San Juan Pablo II, de cómo se cruzó en un pasillo con él e iba arrastrando los pies, ¿no? San Juan Pablo II. Y le decía, era la última hora de la tarde, y le decía, Santidad, ¿está usted muy cansado? Dice, bueno, no sería un buen papa si a estas horas de la tarde no estuviera cansado, ¿no? Pues nosotros, Señor... pues lógicamente también estamos cansados y tenemos muchas ganas, estamos muy contentos de venir aquí a descansar contigo, que es donde más se descansa, rehacernos un poco interiormente. Tampoco es que haga falta dejarse excesivamente de lo cansados que estamos, ¿no? Me acuerdo de una anécdota de la madre Teresa de Calcuta, que después de una jornada agotadora... llegan a la casa donde vivían a las once y media de la noche, la cuenta un sacerdote que le acompañaba.
Y entonces ya escribe este sacerdote, al acabar la breve oración de la noche, la madre Teresa trajo dos colchones, almohadas, una toalla y un trozo de jabón a la sacristía para que los dos sacerdotes que habíamos viajado con ella pudiéramos irnos a dormir enseguida. Era en Madras, ¿no? En la India. Que descansen. Ha sido un día largo para ustedes. A lo que yo repliqué, Madre Teresa, para usted debe haber sido mucho más largo todavía. Se limitó a contestar con una alegría no exenta de seriedad. Todo por Jesús. A sus 77 años tenía casi exactamente la misma edad que los dos sacerdotes juntos. Unos años después, a unos que le preguntaron su edad, contestó con un destello de picardía en sus ojos. Por fuera, 81. Por dentro, 18. Pues así queremos vivir nosotros, Señor. Se lo decimos ahora al Señor. No cargar las tintas si estamos al revés. Cargar en que venimos aquí a zambullirnos en el amor de Dios y también en el amor de los demás.
En cualquier caso, Señor, nosotros no somos ángeles, lo decía nuestro padre en una ocasión, no somos ángeles, hijas e hijos míos. Os he repetido con frecuencia y la salud física es necesaria para que el espíritu vibre, hay que descansar, ¿no? Y por tanto, a ver si con la ayuda de Dios podemos desconectar un poquito de las cosas que nos preocupan, venir muchas veces aquí al Sagrario y dejar todas esas cosas dentro del Sagrario para que el Señor las resuelva. Quizás desconectar del trabajo lo mejor que podamos, seguramente ya tenemos una trayectoria que aquí es posible seguir trabajando. Exactamente igual. Bueno, pues a ver si conseguimos todos, con la gracia de Dios, descansar. Hacemos esta gran inversión para eso. Y el descanso es mucho más que... Hombre, si están en la piscina, por supuesto, eso también. Me acuerdo de San Juan Pablo II también, que cuando lo eligieron, una de las primeras cosas que hizo San Juan Pablo II en el Vaticano, no sé si lo sabéis, fue construir una piscina dentro.

















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