2343. Esplendores eternos (NUEVA)

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8/9/2026 · 32:07
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Meditación en el domingo de la XIX semana del Tiempo Ordinario (A), predicada el tercer día de un curso anual de Numerarias del Opus Dei, especialmente dedicado a la fraternidad. Al hilo de la primera lectura y el Evangelio de hoy meditamos sobre el espíritu contemplativo, con un matiz especial: saber descubrir a Dios en los demás, en las relaciones personales, contemplativos en medio de la gente.

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meditación espiritualidad oracion teología cristianismo
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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, intercede por mí. En la primera lectura del día de hoy, el profeta Elías está escondido en una cueva en el Oreb, mientras el Señor le dice, o en ese momento el Señor le dice, que salga afuera y que se le va a mostrar. Y le dice que permanezca de pie en el monte ante el Señor. Así lo hace Elías. Y entonces dice... el libro de los reyes, entonces pasó el Señor y hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas ante el Señor, aunque en el huracán no estaba el Señor.

Después del huracán, un terremoto, pero en el terremoto no estaba el Señor. Después del terremoto, fuego, pero en el fuego tampoco estaba el Señor. Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo, Elías cubrió su rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva. Y el texto no lo leemos hoy, pero más adelante continúa. Le llegó una voz que le dijo, ¿qué haces aquí, Elías? O sea, que en ese susurro de una brisa suave estaba el Señor, estabas tú, Señor. Dios se oculta, se hace pequeño, se hace pequeño en Belén, por ejemplo, se esconde en la Eucaristía, aquí le tenemos bajo las especies de pan, late en el ser de cada criatura, nos hace guiños constantes en la belleza de la creación. Pero sobre todo, después de la Eucaristía, naturalmente, después de la Eucaristía, como digo, pero sobre todo, se nos revela en cada persona humana, imagen suya.

A pesar de sus defectos y pecados, Dios está ahí, en cada persona. Pero tú, Señor, en definitiva, pues hablas bajito. No es una revelación fulgurante, espectacular, el terremoto. El fuego que cae, el huracán, aunque es suficiente para quienes tienen ojos capaces de percibirlo. Por eso, Señor, nosotros tenemos que estar atentos y estamos atentos a esas manifestaciones tuyas y a esas revelaciones tuyas con el alma contemplativa. Con el alma contemplativa, que es tan importante, ¿no? Porque es lo que nos permite ver a Dios. Y está tan relacionada con aquella bienaventuranza de los limpios del corazón, porque verán a Dios. El alma contemplativa es tener el alma limpia, como un espejo, donde vemos la imagen de Dios reflejada en esta vida tantas veces.

Y a esto, a ser capaces de ver a Dios día a día, minuto a minuto, nuestra existencia, es a lo que se dirige el plan de vida y toda la formación y ayuda espiritual que recibimos en casa. Hay un documento. que lo dice de una manera muy concreta, la ratio instituciones, que habla sobre la formación. Dice que todo el plan de vida se dirige a ser almas contemplativas, que mientras se dedican a los asuntos ordinarios de la vida y del trabajo diario, procuran mantener una continua unión y conversación con Dios. Una continua unión por el amor, que es lo que nos une. Y conversación con Dios. Señor, te pedimos que nos concedas primero esa limpieza de alma, pero luego también los dones de ciencia y de sabiduría, para saberte ver en todas las cosas y para ver cómo todo nos tiene que conducir a ti. Y también el don de piedad, para sentirnos agradecidos ante tu amor manifestado en la creación por todos nosotros. Ser contemplativos en medio.

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