
2347. Sin cicatrices en el alma

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Meditación grabada en el noveno día de una convivencia de agregadas del Opus Dei, en el jueves de la XIX semana del Tiempo Ordinario. El Evangelio recoge la pregunta de Pedro sobre cuántas veces ha de perdonar: setenta veces siete, responde Jesús. Es decir, siempre. Luego contó la parábola del siervo despiadado. El perdón es la única manera de que los amores sobrevivan al paso del tiempo. Y de que las heridas no dejen cicatrices en el alma.
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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor. Ángel de mi guarda, intercede por mí. En el Evangelio de hoy, que se ha tomado del capítulo 18 de San Mateo, tenemos una escena en la que no sé muy bien qué es lo que le habría pasado a Pedro cuando se acercó al Señor. Seguro que algo le habría pasado con Andrés o con... O con otro de los discípulos. Cuando se acerca a ti, Señor, y te pregunta. Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces? Uno puede pensar que Pedro pone un límite al perdón. Pero realmente, perdonar siete veces es bastante.
Perdonar siete veces es muchísimo. Si alguien te miente en algo importante siete veces seguidas. y le has ido perdonando cada una de ellas, pues ¿quién llega a la número siete? Si una compañera te roba tu trabajo y se lo apropia ante el jefe y lo hace siete veces seguidas, ¿quién es capaz, después de que cada una de esas te pidiera perdón, quién es capaz de perdonar siete veces? O si alguien te escupe siete veces, o si alguien te picha la rueda del coche siete veces, seguidas, ¿no? O sea, perdonar siete veces es casi imposible. Y entonces el Señor, Jesús, contesta. No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. O sea, siempre. Y entonces, para dejarlo todavía más claro y los motivos, tú, Señor, cuentas esa parábola que tiene enorme fuerza, la del Rey, que ajusta cuentas con uno que le debía diez mil talentos. Diez mil talentos era una cantidad de dinero descomunal.
Me parece que es algo así como 100.000 millones de denarios. Es una cantidad impensable para una persona particular, no que no fuera el rey o lo que sea. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, el Señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo, ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. Se compadeció el Señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda, toda aquella enorme deuda. Y entonces ocurre lo inconcebible, que es porque es tan absurdo y tan mezquino. Al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía 100 denarios. Una pequeña nada. Y agarrándolo, lo estrangulaba diciendo, pátame lo que me debes.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo, ten paciencia conmigo y te lo pagaré. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Si estuviéramos en el colegio dirían a Cusica, ¿no? Pero en fin. Entonces el señor lo llamó y le dijo, siervo malvado. Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti? Aquí está la clave, ¿no? Y el Señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros, mi Padre Celestial, si cada uno, cada cual, no perdona de corazón a su hermano. Estas palabras finales, Señor, es lógico que hieran nuestra alma, ¿no? Si cada uno no perdona de corazón a su hermano. Yo, que necesito ser perdonado tan profundamente...
















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