
2348. Artistas, no mantenedores

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Primera meditación del retiro mensual grabado en el décimo día de una convivencia de agregadas del Opus Dei, el viernes de la XIX semana de Tiempo Ordinario. El Señor en el Evangelio se lamenta de que "En el principio no era así". Volver al comienzo de nuestra llamada, sin permitir que decaiga la iniciativa en la propia santidad y el apostolado.
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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José mi Padre y Señor. Ángel de mi guarda, intercede por mí. Pues hemos empezado como siempre este rato de oración, que es el primer rato de oración, además de nuestro retiro mensual, poniéndonos en presencia de Dios. Diciéndote, Señor, que creemos firmemente en tu presencia en la Eucaristía, ahí encerrado en el Sagrario, que nos ves, que nos oyes, que nos vas a hablar mucho en este retiro mensual, que vamos a percibir muchas inspiraciones y emociones, si tú lo quieres así, tuyas, del Espíritu Santo, en este rato de oración, en este retiro.
Y para esta primera meditación me gustaría empezar con unas... Sí, una anécdota, un suceso que me contaron hace años en una convivencia similar a esta, pero donde la media edad era mucho mayor, era gente bastante mayor, 60-70 años. Y entonces uno de los sacerdotes, que era un anciano venerable, un sacerdote venerable, empezó la meditación en la que tenía que hablar de lucha, de lucha interior, pues empezó diciendo lo siguiente. Miró a todo el público que estaba allí, se quitó las gafas y con una cara pícara les dijo, oye, ¿os acordáis de cuando luchábamos? Porque efectivamente, a veces con los años puede ocurrir que nos acostumbremos y que perdamos un poco de la chispa de... de esa lucha joven que teníamos en el comienzo de nuestra vocación, en el comienzo de nuestra lucha por la santidad, en la que nos llenábamos de santas ambiciones, nos proponíamos muchísimas cosas, peleábamos en muchas cosas distintas.
Con los años, pues nos vamos haciendo como un poco más conscientes de que no depende tanto de nuestra lucha, de que somos bastantes limitados, pero siendo eso bueno, porque eso es un realismo, Pero al mismo tiempo se nos mete también un poco de acostumbramiento, de tibieza. ¿Para qué intentarlo otra vez si ya he fallado muchas veces en esto? Y este espíritu no es bueno porque nos lleva a no luchar o a luchar sin iniciativa. Ya, como hemos conseguido las cosas fundamentales de la vida, pues de la vida interior, pues somos personas más o menos fieles, bueno, pues ya está, ¿no? ¿Para qué nos vamos a hacer? ¿Os acordáis de cuando luchábamos? ¿Qué decía esta persona? Y toda esta idea me venía con el Evangelio de hoy, Señor. El Evangelio de hoy, donde tú estás en diálogo con los fariseos que te han preguntado por la licitud del divorcio, de dar el líbelo de repudio a las mujeres, etc. Entonces tú les explicas que en el principio, les haces mirar al principio, al Génesis.
Les dices, oye, en el principio Dios instituyó el matrimonio para siempre. Dejará el hombre a sus padres y la mujer a sus padres y se unirán y serán una sola carne. No estaba en los planes de Dios el divorcio. Les haces pensar en el principio de todo, en el origen. Y un poco más adelante ellos te dicen, bueno, pero entonces ¿por qué Moisés permitió dar el libro de repudio? Y entonces tú, Señor, le respondes, por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres. Pero al principio no era así. ¿Os acordáis de cuando luchábamos? Al principio no era así. Señor, no permitas que mi corazón se endurezca, se malacostumbre y se olvide de que para ser fiel a un amor tan grande como el tuyo, necesito luchar con iniciativa. Porque el amor, y también el amor de correspondencia, siempre es un amor industrioso. Siempre piensa, cabila, se le ocurren nuevas maneras de amar. Señor, que yo no pierda reprise, no pierda como aceleración en mi lucha hacia la santidad con los años. Que no me conforme con ir tirando, que me ilusiona.















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