
2350. Dificultades en la vida de familia (NUEVA)

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Meditación en el domingo (A) de la XX semana del Tiempo Ordinario, predicada en un curso anual de numerarias del Opus Dei. En el Evangelio de hoy se nos muestra el episodio de la mujer cananea que supera tres negativas del Señor, con fe, humildad y mansedumbre crecientes: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos»; y acabará conmoviendo el corazón de Jesús: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». También nosotros hemos e superar las dificultades que encontremos en la vid de familia, pues son una ocasión de dilatar el corazón.
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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, libranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda, intercede por mí. Le hemos dicho al Señor que creemos firmemente que está aquí, que nos ve, que nos oye, que nos escucha. Por eso es tan importante que en nuestra oración nosotros pongamos de nuestra parte ese esfuerzo por dialogar contigo, Señor, por escucharte, por convertir en palabras nuestras. o movimientos de nuestro corazón, las cosas que vamos escuchando y tener también como esa docilidad para ir por donde el Espíritu Santo nos guíe en nuestra oración personal, independientemente de lo que vaya diciendo el sacerdote.
Al final la oración siempre es cosa de uno, siempre es algo entre Dios y yo en mi corazón, ahí es donde se fragua la oración. Y como siempre, volvemos los ojos al Evangelio, en este caso está tomado de Mateo, en este domingo, y dice, en aquel tiempo Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón. Entonces, quizás, Señor, te retiraste como esos momentos de especial intimidad con tus discípulos y eres interrumpido por esta mujer que se entera que estás por allí, llevada de tu fama. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle, ten compasión de mí, señor hijo de David, mi hija tiene un demonio muy mal. O sea, esta mujer pide, no pide por ella, pide por su hija, está llena de amor a su hija. Él no le respondió nada.
Entonces los discípulos se le acercaron a decirle, atiéndela que viene detrás gritando. Él les contestó, solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Ella se acercó y se postró ante él diciendo, Señor, ayúdame. Él le contestó, no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos. Como tanto entender que él había venido en primer lugar a predicar a los judíos la buena nueva que era el Mesías. Pero ella repuso, tienes razón, Señor, pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Jesús le respondió, mujer, qué grande es tu fe, que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija. Bueno, esta mujer tenaz y llena de amor supera tres negativas del Señor. Tres jarros de agua fría del mismo Dios. Primero, el Señor dice, él no le respondió nada. Segundo, solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel.
Tercero, no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos. Bueno, son tres dificultades que esta mujer tiene que superar sin desesperanzarse. Y las supera con humildad y con mansedumbre. Tienes razón, Señor. No se enfada ante esa de los perritos. Perrito tu padre, ¿no? Podría haber dicho. Pues ahí quédate tú y tus milagros, ¿no? Que a veces nosotros u otras personas reaccionan así, ante una cosa así. Y sin embargo, ¿no? Tienes razón, Señor. Pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos. Es decir, en esta mujer, las mujeres, digo las mujeres, las dificultades acrisolan, avaloran su fe y su amor hasta el punto que el Señor se sorprende y dice, mujer, qué grande es tu fe. Y eso, Señor, como siempre, te conmueve, no te puede resistir y entonces que se cumpla lo que deseas. Y en aquel momento quedó curada su hija. Y podemos pensar que esas tres dificultades, sirvieron para...

















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