

Description of 2351. Asfixia de bienestar
Meditación del lunes de la semana XX del Tiempo Ordinario, grabada en el día décimo tercero de una convivencia de agregadas del Opus Dei. El Evangelio nos presenta la escena del joven rico: la gran decepción. No fue capaz de dejarlo todo y seguir al Señor porque su corazón estaba apegado a lo material. Necesidad de vivir libres de corazón, ligeros de equipaje, para llevar a Cristo a muchas almas. La asfixia de bienestar impide que el amor de Dios respire libremente.
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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mi Inmaculada, San José mi Padre y Señor. Ángel de mi guarda, intercede por mí. Hoy tenemos en el Evangelio la gran decepción. Es el Evangelio del joven rico. Ya te imaginas la escena, los apóstoles quedan bastante bruticos, vamos a decirlo así, la mayoría de ellos. De repente ven a un chaval con buena presencia, que se acerca, un hombre con cierta posición, más cultivado que ellos, con excepción quizás de Mateo. Se acercó uno corriendo y le dice al Señor, además viene corriendo con ansia, ¿no? Y le dice, maestro bueno, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna? Entonces el Señor le dice, ¿por qué me llamas bueno? Solamente uno es bueno, tal, solamente Dios, tal.
Y dice, mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Y aquel contesta, ¿cuál es, Señor? Y el Señor le dice, pues, no harás tal, no sé qué, en fin, le enumera los mandamientos. Y entonces viene lo asombroso, ¿no? Y es que dice, todo eso lo he guardado desde mi juventud. Y ya, los apóstoles flipaban, ¿no? Bueno, este sí que es por fin un apóstol como Dios manda, ¿no? ¿Qué me falta? Y entonces, el Evangelio de hoy, que es el de Mateo, no lo dice, pero sí lo dice el de Marcos, dice que el Señor le miró con cariño, como nos mira a cada uno de nosotros desde el Sagrario, ahora en este momento, el Señor le miró con cariño y le dijo, sonriendo, ¿no? Se ve que en los planes del Señor estaba hacerle apóstol. Si quieres ser perfecto. Pero claro, los planes del Señor siempre empiezan por un sí. Nunca son como un meteorito que nos cae, uno va corriendo, no te puedes escapar, sino que siempre los planes del Señor engloban nuestra libertad. Siempre empiezan por, si quieres...
A mí me gustaría, pero si tú quieres, en tanto respeto tienes nuestra libertad, Señor. Si quieres ser perfecto, anda, o sea, le anima, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme. O sea, le propone un negocio impresionante. Y al oír esto... Lo dejó todo y se fue con alegría detrás del Señor y fue el apóstol número 13. Y por eso el 13 es el número de la buena suerte. Pues así podría haber acabado el Evangelio de hoy. Pero no, fíjate, qué pena, ¿no? Porque dice, al oír esto, ahí está la decepción. El joven se fue triste porque era muy rico. Y entonces se quedó flotando como en el ambiente, pues una sensación rara. Era muy rico, ¿no? No tanto que tuviera mucho, sino que esas riquezas ocupaban el primer lugar del corazón de esa persona. Y el Evangelio sigue, aunque no lo leemos hoy, y dice el Señor, creedme, difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito, más fácil es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de los cielos.
O sea, viene a decir el Señor, imposible. Un rico de esta categoría, de aquellos que lo primero en su corazón es la riqueza, las cosas materiales. Mientras que nosotros hemos de vivir, y aquella bienaventuranza, la primera, los pobres de espíritu. Que solo Dios basta, solo me hace falta Dios. No se puede seguir a Jesucristo como cristiano, independientemente de los bienes que poseamos, sin vivir la pobreza. Es como, no sé, en la escuela naval había un castigo bastante odiado, que cuando hacías alguna pequeña cosa mal te castigaban a galeras. Y entonces a galeras era que echabas un bote de 9 metros, se llama, que tiene ese rema, ¿no? Un bote de remar grande, muy pesado. Se ataba. al muelle con una buena maroma y los que habitaban castigados a remar, pero el bote no avanzaba. Entonces la resistencia es mucho mayor, te desollas las manos, te cabreas porque no avanza y sudas como... Y es desesperante, porque está amarrado. No, no se puede uno deslizar.
















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