
2369. En cambio los tuyos, a comer y beber

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Meditación sobre el Evangelio del viernes de la semana XXII del Tiempo Ordinario. Jesús habla de que los amigos del novio no han de ayunar mientras están con el novio. ¿Qué significa eso? ¿Acaso es malo el ayuno? En absoluto, todos los santos han ayunado. Mortificación en la comida y la bebida.
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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor. Ángel de mi guarda, interceded por mí. Hoy, Señor, cuando leía el Evangelio y pensaba qué decir en esta meditación, me he dado cuenta que me ha salido una cosa mucho más doctrinal y menos afectiva. Pero va por delante que nos mueve siempre en nuestra oración, ¿verdad? El amor de Dios, el amor al Señor. Y decía esto porque el Evangelio es uno de esos evangelios que a veces no se sabe muy bien cómo interpretar. Lo recoge Lucas en su capítulo 5 y dice, en aquel tiempo los fariseos y los escribas dijeron a Jesús, los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también, en cambio los tuyos a comer y a beber.
Jesús les dijo, ¿acaso podéis hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, entonces ayunarán en aquellos días. Cuando Santo Tomás, en la Suma Teológica, explica esta última frase de Jesús que hemos leído, ¿acaso podéis hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el esposo está con ellos? Ya llegará momento en que no esté. Pues se sirve de algo que dice San Jerónimo unos siglos antes, que explicaba San Jerónimo que el Señor habla en este texto del ayuno de las antiguas observancias, es decir, de la ley judía. Y según eso el Señor quiere dar a entender que los apóstoles que habían de ser revistidos con la novedad de la gracia no debían ejercitarse en las antiguas observancias de la ley judía. Esto sería una explicación que además, señor, pienso que se ve avalada por lo que tú sigues diciendo en el Evangelio. Sigues así.
Les dijo también una parábola. Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo. Porque si lo hace, el nuevo se rompe y al viejo no le cuadra la pieza del nuevo. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque si lo hace, el vino nuevo reventará los odres y se derramará y los odres se estroperán. A vino nuevo, odres nuevos. El paño nuevo, los sodres nuevos, son la vida que Cristo, tu Señor, nos has conseguido, muriendo en la cruz y concediéndonos tu gracia. La vida del Espíritu, la vida del Espíritu Santo dentro de nosotros. Es una vida, es un vino nuevo, que requiere un modo de comportarse distinto al que Dios había pedido a los judíos anteriormente. Esta sería una interpretación, pero... Sería como una interpretación, como diría yo, parcial, porque queda como en el pasado. Aunque al mismo tiempo podemos sacar conclusiones, Señor, para nuestra vida.
Jesús, si tú nos has traído la libertad de los hijos de Dios respecto a la ley, si con la gracia somos recreados y podemos aspirar a una mayor armonía interior con nuestro cuerpo, y una mayor armonía exterior con el mundo y las cosas creadas, significa que nosotros ahora estamos en mejores condiciones de las que lo estaban los judíos para sentir y percibir la bondad de Dios que se nos manifiesta a través de las cosas creadas. Cuando vemos la belleza de la creación, la bondad de la creación, ayudados por la gracia, en vez de tender las manos, ávidamente y codiciosamente esas cosas, podemos tomar lo necesario y dar gracias a Dios y regocijarnos en Dios. Eso fue lo que hizo Dios. Vio a Dios que era buena la creación, como dice el libro de Génesis. Y muy particularmente, nosotros, Señor, y que agradecidos hemos de estarte por esto, con esa gracia que nos has conseguido, con esa ayuda interior para lograr una armonía interior, podemos percibir más claramente el significado esponsal del cuerpo humano en su diferenciación.













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