2371. Disponer el corazón a recibir el don de la oración

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9/6/2026 · 30:13
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Meditación predicada en un retiro mensual sobre la oración en un Centro del Opus Dei en el domingo XXIII (A) del Tiempo Ordinario. Todos deseamos ser almas de oración. Y como es un don de Dios, necesitamos desearlo con todas nuestras fuerzas y disponer nuestro corazón para recibirlo, vaciándolo de cosas y ruido.

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meditación espiritualidad oracion teología cristianismo
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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda irreverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor. Ángel de mi guarda, intercede por mí. Y vamos a... Antes de nada, me gustaría... ¿Cómo diría yo? Como poner el objetivo, la meta, el fin. Voy a contar varias anécdotas de nuestro padre, de San José María, que es para nosotros un modelo tan impresionante de seguimiento de Cristo. de cómo él era una persona de profunda vida interior, de tal manera que vivía de un modo que al menos a nosotros, o a todo el mundo en realidad, le resulta enormemente atractivo. Hay una ocasión en que están extendiendo unas cerillas para encender las velas del oratorio, lo hace una, dos, tres veces, lo tomó de pilar urbano, lo cuenta en su libro, y entonces están húmedas, no consigue encenderlas.

Y entonces comenta al tercer intento. Como nosotros, cuando nos resistimos a la gracia, cuando nos cuesta darnos y tenemos que decir quema tú, Señor, con el fuego de tu espíritu. Se pone un poco de buena voluntad y ya está. En otra ocasión está celebrando algo y sacan una botella de coñac 103, esa marca, la ve y qué es lo que le sale espontáneamente, ¿no? Pues Dios uno, Dios trino y el cero soy yo. Regalan o ve un globo terráqueo o tal, o sale en la carátula del telediario, mejor dicho. ¿Y qué es lo que le sale a nuestro padre? Pues decir por dentro, Regina Pachis, ora pro nobis, intercede por nosotros. Y cuando unas hijas suyas están cantando con las guitarras una canción mexicana que dice yo no sé lo que valga mi vida, pero yo te la vengo a entregar. Él hace una reflexión cuando terminan y dice, yo sé, sí que sé lo que vale mi vida, toda la sangre de Cristo.

Seguid cantando, hijas, que ya me habéis dado tema para mi oración de esta tarde. Bueno, y así podríamos seguir con muchísimas anécdotas que muestran cómo vivía nuestro Padre. Con qué vida tan acompañada, qué vida tan... fructífera, qué vida tan grandiosa, ¿no? Él y Dios, siempre juntos. Sus pensamientos no eran de enfado, sino de, bueno, Señor, con los consuelos de Dios que tantas veces hay en esta vida, ¿no? Que no tiene que ser necesariamente sensible, pero que muchas veces lo son. Y tú, Yahvé, no contengas tus ternuras hacia mí, reza un salvo, un salmo. Esa presencia de Dios habitual, ¿no? Todo esto que, pues que tanto... ¿Cómo diría yo? Tanto nos gustaría tener y quizás tenemos. Por eso yo pensaba que si a cualquiera de los que estamos aquí nos preguntaran cuáles son nuestros tres principales deseos en esta vida, estoy seguro, segurísimo, que uno de ellos sería ser alma de oración. Ser alma de oración de verdad.

O alguna expresión quizás equivalente, ¿no? Como tener una gran intimidad contigo, Señor. Ser capaz de amar como amas tú, que me transformes el corazón. Paladear el amor de Dios. Por ejemplo, si pensamos las cosas que nos dan, no envidieja mala, que eso es un pecado, ¿verdad? Pero sino la envidia sana, esa envidia que a veces nos dan, decir, caray tú. Estamos leyendo un libro de un santo y dices, oh, Señor, quien fuera así, ¿no? O cuando vemos a una persona profundamente enamorada de ti, Señor, que reacciona sobrenaturalmente. O, no sé, ¿no? Uno ve el éxtasis de Santa Teresa de Bernini allí en Roveno y dice, ¿para quién está reservado, vedado en esta vida? O la fuerza apostólica de los santos, que no se explica de ninguna manera. Y a veces, Señor, te decimos, ¿cómo me gustaría a mí ser tan buen instrumento? ¿Acercar tantas almas a Dios? La vida mística de algunas personas, que es para todos. En fin. al final

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