2372. La mirada de Jesús y nuestra mirada

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9/7/2026 · 19:44
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Meditación sobre el Evangelio del lunes de la semana XXIII. Jesús ve y cura al hombre de la mano seca en la sinagoga un sábado, ante la mirada acechante de los escribas y fariseos. Los ojos dicen mucho, más que ningún otro órgano del cuerpo. ¿Cómo es la mirada de Jesús sobre nosotros? ¿Cómo es la nuestra sobre los demás?

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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda, intercede por mí. Le hemos dicho al Señor que me ves, que me oyes, que nos ve. Estamos bajo su mirada. Quizás la parte del cuerpo que más dice del alma sean los ojos. ¿Cuántas cosas, Señor, pueden decir los ojos? Pueden expresar ilusión, por ejemplo, o reproche. Pueden expresar complicidad, preocupación por el otro. O por algún otro motivo, pueden expresar amor, exaltación, desprecio. Y es terrible entonces, ¿verdad? A veces muestran un orgullo santo esos ojos, o pena. Otras veces son unos ojos ávidos, que están como cargados de deseo de poseer.

Otras veces son unos ojos respetuosos. Los ojos de los niños muestran ingenuidad, alegría, paz Miguel Ángel, el gran Miguel Ángel, el escultor, decía que los ojos no sólo reciben luz, sino que la despiden. Es algo que me encanta considerar, ya me lo habéis oído más veces. Los ojos hablan, despiden la luz que tenemos en el corazón, ¿no? Tienen su raíz en el corazón y no solamente reciben la luz en nuestra retina, sino que la luz del alma sale a través de los ojos o la oscuridad. Tengo aquí tres ejemplos de la literatura universal. El primero es de Ana Karenina, esa novela de Tolstoy, cuando Kitty, uno de los protagonistas, le dice a Levine, ella le buscó con la mirada y le llamó con los ojos. Le buscó con la mirada y le llamó con los ojos. Los ojos hablan. El otro ejemplo de la literatura es de Juan Varela, esa novela Pepita Jiménez. Y se dice, mi padre dice que no son los hombres sino las mujeres las que toman la iniciativa.

Según mi padre, la mujer es quien se declara por medio de miradas fugaces, que ella misma niega más tarde a su propia conciencia, si es menester, y de las cuales logra el hombre a quienes van dirigidas leer su significado. Pues todos nos damos cuenta de que hay una gran verdad en esto, ¿no? Que tantas veces, sí, el chico se declara la chica, pero ¿por qué eso ha ido precedido de miradas que han dado aliento y han dado seguridad al chico? Si no, no daría ese paso probablemente, aunque sean conscientes, ¿no? Porque los chicos no se dan cuenta de esto muchas veces, ¿no? Y el tercer ejemplo se ha tomado del libro Yora Nagasaki, ¿no? De Toshimi Nakai. Ahí está hablando de Tagashi Nagai, que es un japonés que está estudiando medicina en Nagasaki. Este japonés se considera ateo y materialista, pero en la primavera del tercer año recibe este telegrama. Mamá a punto de morir. Su madre era cristiana.

Total, coge el primer tren y llega junto a la cama de su madre cuando aún respira. La mujer abre los ojos, lo mira con fijeza y muere. Y estos ojos, esta última mirada. fue la que hizo a Takashi Nagai cambiar. Lo escribí así. Aquellos ojos de mi madre mirándome por última vez me hicieron tambalear mi forma de pensar. Aquella mujer que me dio la vida, que me crió y me amó siempre, se despidió de mí y me dijo, mi alma estará siempre junto a ti, mi Takashi. Todo eso dice una mirada. Por esto es muy importante para la propia estima y la propia confianza que nos miren bien. Que nos miren bien, Señor. Cómo se agradece tener personas que nos miran bien. Me acuerdo una vez una chica que me decía en el colegio mayor, Don José, ¿cómo me mira? ¿Con qué admiración? Hablando del chico con el que había empezado a salir. O cuántas veces en un grupo de amigos que tenemos, por ejemplo, uno llega y el resto nos miran sonriendo.

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