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2378. La lógica de Dios es la lógica del perdón

2378. La lógica de Dios es la lógica del perdón

9/13/2026 · 30:33
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Meditación en un Centro de mujeres del Opus Dei sobre el Evangelio del domingo XXIV del Tiempo Ordinario. A la pregunta de Pedro por el perdón, Jesús contesta con la parábola del siervo despiadado. Todos somos deudores de nuestro Padre Dios, pues nos ha dado todo. El perdón a precio de Cruz es el camino de Dios para acabar con todo el mal en el mundo, y lo es también para nosotros.

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meditación espiritualidad oracion teología cristianismo
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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mi Inmaculada, San José mi Padre y Señor. Ángel de mi guarda, intercede por mí. Bueno, pues el Evangelio de hoy, del domingo, dice así. En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús, le preguntó. Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces? Bueno, lo primero que tengo que decir es que este Evangelio sale muchísimo en la Misa. Es la tercera vez que sale, por lo menos desde febrero, porque tengo aquí apuntados los días. El 17 de marzo salió, el 13 de agosto, y ahora otra vez. Ya es una indicación de la importancia que el Espíritu Santo, actuando en la Iglesia, que selecciona los textos para la liturgia, pues le da a lo que sigue, a la importancia que tu Señor otorgas al perdón.

Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta. No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Y entonces empieza a contar esa parábola que creo que todos la tenemos ya bastante en la mente. Cuando aquel siervo que debía una cantidad inmensa le dice, Señor, ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. Se compadeció el Señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Y entonces sale y se encuentra con un compañero que le debe una pequeña cantidad. Le agarra por el cuello, lo estrangula y le dice, págame lo que me debes. Justo después de ser perdonado. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo, ten paciencia conmigo y te lo pagaré. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Los compañeros van, le cuentan al Señor lo que ha pasado y entonces el Señor lo llama y le dice, siervo malvado, toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tener tú también compasión de un compañero como yo tuve compasión de ti? Y el Señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros, mi Padre Celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano. Este pasaje y esta parábola, Señor, tienen... Pienso como dos focos clarísimos. El primero es cómo eres tú, tu perdón. Cómo es Dios. Una deuda tan enorme y que perdona de golpe. Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. ¿Qué va a pagar y qué ocho cuartos? Así no podía pagar esa cantidad. Pero da igual, al Señor le basta ese gesto. El Señor se conmueve y perdona a este siervo. Le da una nueva vida. Porque claro, una deuda así era algo que te iba, como el que se mete en una casa de una hipoteca, pues esto ya es para toda la vida. Porque dice nuestro padre en una meditación que la clemencia es una manifestación de la divinidad. Es algo muy divino.

El Señor no necesita que le devolvamos nada, porque lo que quiere es nuestro corazón. No necesita que le paguemos la deuda porque lo que Él quiere es el amor de nuestro corazón, insisto. Y además, nunca podremos pagarle la deuda como no se la podemos pagar a nuestros padres. Le debemos la vida. Hay un pasaje, hay muchos que hablan de esto, pero en la Divina Comedia de Dante, cuando va en el purgatorio es muy significativo porque Dante va poniendo en el purgatorio a personas ante las que muestra sorpresa de no haberlos encontrado en el infierno. Y son gente concreta. Y uno de ellos es Manfredo, que es un hijo natural de Federico II. que luchó este Manfredo contra el papado y contra Felipe de Anjou para hacerse cargo del legado de su padre, etc. Bueno, y entonces le pregunta a Manfredo, pero bueno, ¿qué haces tú en el purgatorio y no en el infierno? Y entonces la respuesta es esta. Después de ser mi cuerpo atravesado por dos golpes mortales, no me murió. Me volví llorando a quien perdona de buen grado. abominables mis pecados fueron mas tan gran brazo tiene la bondad infinita

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