
27. LA CONFIDENCIA MUTUA |Sherlock, fish & chips: El CASO de Andy P.

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🎙️ Bienvenidos al Episodio 27 de La Confidencia Mutua, el micro podcast de «Historias de Detectives de Verdad».
En este episodio, viajamos a Londres.
Y tratándose de detectives, hay una visita casi obligatoria: el 221B de Baker Street.
Pero nuestro protagonista no ha viajado únicamente para encontrarse con Sherlock Holmes.
Allí le espera Steve, un investigador británico con el que compartirá algo más que unas pintas y su afición por el fish & chips.
Porque durante el viaje aparece un nuevo caso.
Una aseguradora intenta localizar a un joven del que ha dejado de tener noticias.
Hay que encontrarlo.
Y lo que parecía una búsqueda relativamente sencilla empieza a presentar algunas preguntas difíciles de responder.
Así que Steve y nuestro detective se ponen en marcha.
¿Dónde está aquel joven y por qué nadie consigue localizarlo?
🕵️ Soy Óscar Rosa... y esto es La Confidencia Mutua.
Basado en una historia de Ángela Farfán de los Godos.
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Podcast grabado en los estudios de Bahía Records @bahia.records.
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Sherlock. Fish and Chips. El caso de Andy P. Basado en una historia de Angela Farfán de los Godos. Londres. 221B Baker Street. 18 de Julio de 2018.
Junto a mi amigo Steve hago cola entre los turistas para sacarme la típica foto delante de la puerta. Parece mentira. Toda una vida desmintiendo tópicos sobre la profesión y ahora estoy aquí, gorro en la cabeza y pipa en la mano, a punto de hacerme la fotografía más cliché de la historia, frente al museo de Sherlock Holmes. A mi lado Steve, que dice ser su sucesor en la vida real, pero que viste pantalón blanco corto y calcetines hasta la rodilla.
Y aunque aprovecho para hacer algo de turismo y saludar a algunos colegas, lo que realmente me atrae al Reino Unido es una pequeña aventura de trabajo. Steve ha prometido echarme una mano en la investigación, con la única condición de que le invite unas cervezas en un sitio inolvidable. Varias paradas de metro después, llegamos allí Old Dimitre. Suelo enmoquetado, madera oscura y un cerezo de dudosa reputación en la puerta.
Reconozco que el lugar tiene encanto. Tan pronto llegan nuestros Fish and Chips, Steve me pide que entre en detalles. Estoy tras la pista de un joven que hace un par de años pasó sus vacaciones en Menorca. Allí sufrió un atropillo que lo dejó en estado crítico y lo devolvió a su casa, en un pueblecito de Devon, con un pronóstico gravísimo. Desde entonces la compañía de seguros no ha vuelto a saber nada de él. Tras agotar otras opciones, Steve apunta que estoy en el Reino Unido, buscando probablemente a un cadáver.
Devonshire, 19 de julio de 2018. No sé cómo ha ocurrido, pero he llegado a Totnes y Steve sigue a mi lado. Dice que es una oportunidad única para aprender cómo trabajamos en España.
Según me cuenta, en el Reino Unido no se estudian tres años para ser detective. Basta con asociarse a la Association of British Investigators, la ABI, y hace un curso que te habilita como investigador privado. Confío en que además de darme conversación ilimitada, me ayude con el caso. Hasta ahora tengo poco. Un número de teléfono inactivo, una dirección desactualizada y ni una sola fotografía. Ni siquiera dispongo del nombre completo.
Un investigador local visitó la dirección facilitada por el cliente. Un piso compartido, y no halló a nadie con las secuelas que debería presentar el atropellado. Sin embargo, hay que empezar por algún sitio. Mi compañero se adelanta hasta el número 58 de High Street para preguntar por un tal Andy P. Fly Street, 20 de julio.
Mientras espero a Steve, ojeo la carta de un café. Lunch, brunch, munch. Lo del brunch lo entiendo, pero ¿qué demonios es un munch? La visita a la dirección de Andy no dio mucho fruto. Steve, fingiendo ser vendedor de Biblias y con una labia sorprendente, consiguió sonsacar el árbol genealógico completo de los inquilinos.
Yo me limité a sonreír mientras comprobaba que, por desgracia, ningún apellido empezaba por P.
Tras dos días rastreando listados y registros, empecé a pensar que volveré a España con las manos vacías. Hasta que Steve golpea el escaparate del local donde estoy sentado. Tiene esa expresión que anuncia un golpe de suerte. Date prisa, me dice, tenemos cita para hacerte un seguro de vida.
Y sospecho que esta aventura va a terminar mal, pero me dejo arrastrar por sus ocurrencias. Mientras la agente me explica las condiciones de la poliza, miro de reojo a Steve, esperando la jugada maestra.
El problema es que la documentación, él, aparece como beneficiaria. Quizás debería empezar a preocuparme. Justo cuando voy a firmar, Steve me golpea discretamente con el codo y señala a otro empleado, que nos observa desde el fondo de la piscina. Es el mismo joven que nos abrió la puerta en High Street.
Aeropuerto de Heathrow, 22 de julio. Con el avión en pista, busco en el bolsillo la tarjeta de visita. Andrew Peter Redwood, agente de seguros. El astuto Andy había exagerado sus lesiones para intentar conseguir una indemnización millonaria. No contaba con que la investigación llegaría desde España. Consciente de nuestro trabajo, ocurrió.

















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