

Description of 390. Safiya: Un cráneo en una caja de cartón
El 11 de noviembre de 2024, una pareja acudió a un juzgado en Kasaragod, India. Tras esperar bajo la lluvia, entraron a una sala donde les pidieron abrir una caja de cartón. En su interior, envueltos en plástico, yacían fragmentos de hueso y un cráneo.
Tras dieciocho años de espera, la justicia llegó al final del asunto para darles una respuesta.
Esta es la triste historia de Safiya, una niña de trece años que, buscando salvar a su humilde familia del hambre, se sacrificó y nunca regresó.
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LIBRO DE TRUE CRIME: DONDE MÁS DUELA, LA PARRICIDA DE SANTOMERA escrito por ANA MENDOZA
Publicado por Alrevés para su línea Sin Ficción.
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El 11 de noviembre de 2024 estaba nublado en Casaragod, al norte de Kerala, India. En la entrada del juzgado del distrito, entre abogados con maletines llenos de expedientes e informes y periodistas buscando resguardo por las primeras gotas de lluvia que caían, había una pareja que no encajaba con ese escenario. Eran ya mayores. Él, delgado, con el doti subido hasta media pierna para no empaparlo, y ella con un sari sencillo que la lluvia sí había mojado. Él sostenía una caja de cartón, aproximadamente del tamaño de una caja de zapatos. Estaba cerrada, asegurada con cinta adhesiva. Cuando por fin les llaman para que entraran al juzgado, la multitud se abre para dejarles pasar.
Ya no tienen prisa, porque esa prisa quedó atrás hace 18 años, el día en que su hija desapareció y nadie en la comisaría quiso escucharles. Cuando llegan a una pequeña sala del juzgado, un funcionario les pide que abran la caja. El hombre mira a su mujer, ella asiente, quita la cinta con cuidado y levanta la tapa. Dentro, envueltos en bolsas transparentes, hay fragmentos de hueso. En la bolsa superior, un cráneo humano, pequeño. No hay duda de a quién pertenecen. Ya no la hay. Lo dicen los informes periciales. Lo dice el juez. Lo dicen los papeles que han tenido que firmar esa misma mañana.
Lo que queda de su hija ha quedado reducido a algo que cabe en una simple caja de cartón. La mujer cierra los ojos y de su boca sale un susurro. Ojalá ninguna madre en la Tierra tenga que vivir un día como este. Él sigue mirando el cráneo a través del plástico. Esos restos que acaban de recibir han pasado años en bolsas etiquetadas, almacenados como prueba material, usados en un juicio, discutidos por forenses, señalados por un juez al dictar la sentencia. Hasta ese momento eran algo técnico dentro de un proceso judicial. Ahora solo son los restos de su hija a los que podrán dar una digna sepultura.
Pero para entender cómo se llega hasta aquí, a una madre sosteniendo el cráneo de una niña que un día salió de casa descalza para ir a trabajar en Kerala y nunca más regresó, hay que retroceder, como os adelanté, 18 años. Volver a un pequeño pueblo de Korg en el sur de la India, a una familia que apenas tenía para comer, y a una niña de 13 años que decidió que si alguien tenía que sacrificar su infancia y su adolescencia para que toda su familia pudiera seguir adelante, esa iba a ser ella. Arranca un nuevo True Crime, aquí, en Crónicas de la Calle Morgue. Safiya era solo un adolescente más en Aiyangheri, en el distrito de Kodagu de Karnataka, una aldea perdida en el sur de la India. Las casas eran de ladrillo sin pintar, con techos de chapa o teja vieja.















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