

Description of Actualidad Semanal +D. Semana 48
El hombre que predijo el futuro demasiado pronto
En 1962, un profesor de matemáticas de UCLA ganó un millón de dólares apostando contra los bancos más poderosos del mundo. Cuarenta años después, la misma estrategia valdría billones en Silicon Valley.
Dejadme que lo explique.
En los años cincuenta, un joven matemático llamado Ed Thorp estaba obsesionado con una pregunta que todo el mundo consideraba absurda: ¿se puede ganar sistemáticamente en un casino? La sabiduría convencional decía que no. Los casinos llevaban siglos demostrándolo con los bolsillos vacíos de millones de jugadores.
Thorp no estaba de acuerdo. Pasó meses desarrollando un sistema de conteo de cartas para el blackjack y, cuando lo tuvo listo, hizo algo que nadie esperaba: publicó sus hallazgos en un libro. "Beat the Dealer" se convirtió en bestseller. Los casinos de Las Vegas entraron en pánico. Cambiaron las reglas. Añadieron más barajas. Contrataron matones para "disuadir" a los contadores de cartas.
Pero aquí viene lo interesante: Thorp no se quedó en Las Vegas. Miró a Wall Street y vio exactamente el mismo juego, solo que con apuestas más altas y oponentes que se creían más listos. En 1969 fundó uno de los primeros hedge funds cuantitativos de la historia. Durante casi dos décadas, generó retornos anuales del 20% sin un solo año negativo.
¿Su secreto? Entendió algo que la mayoría ignora: las ventajas más poderosas no vienen de ser más inteligente que los demás, sino de ver el juego de forma diferente.
Esta semana, una empresa hizo exactamente eso. Mientras todos miraban en una dirección, llevaba una década construyendo algo en las sombras. Cuando finalmente lo reveló, el mercado perdió la cabeza. Cien mil millones de dólares de capitalización evaporados en horas. Otra empresa coronada como la nueva reina de Wall Street.
No os voy a decir quién ni cómo. Para eso tendréis que escuchar el episodio de esta semana.
Pero os adelanto algo: la historia de lo que acaba de pasar en Silicon Valley es, en el fondo, la misma historia de Ed Thorp. La misma lección que el mercado se niega a aprender, década tras década.
Las mayores fortunas no se construyen ganando en el juego al que todos juegan. Se construyen cambiando las reglas mientras nadie mira.
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P.S. También hablamos de por qué los americanos dicen estar arruinados mientras baten récords de gasto, de una empresa de carne falsa que se niega a morir, y de un tweet nostálgico que movió millones en bolsa. Pero sobre todo, hablamos de hacia dónde va el dinero cuando el trono de silicio está en disputa.
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Buenas tardes, hoy en Actualidad Semanal Más Dividendos, el día en que Google le toseó envidia y el mercado perdió la cabeza. Buenas tardes otra vez, yo soy Arturo Pina, esto es Actualidad Semanal Más Dividendos, el segundo podcast mejor del mundo, solo detrás del podcast madre de Más Dividendos. Como siempre agradeceros que estéis aquí, que nos escuchéis y todavía más agradecidos si ignoráis todo este contenido como elementos de toma de decisión y solo lo utilizáis a efectos educativos, ilustrativos y de entretenimiento.
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Bienvenidos a otra semana en la que los mercados han decidido comportarse como un adolescente con acceso ilimitado a la tarjeta de crédito de sus padres, gastando sin ton ni son, enviando de opinión cada cinco minutos y sobre todo generando una cantidad obscena de drama. Porque si algo hemos aprendido esta semana es que en Wall Street el trono de hierro no existe, existe el trono de silicio y hay varias empresas dispuestas a apuñalarse mutuamente por sentarse en él.
Pero antes de entrar en harina, tínme una confesión, llevo días intentando explicarle a mi madre que es un TPU y por qué debería importarle. ¿Dijo algo así como eso? ¿Es como el Thermomix pero para ordenadores? Y ¿sabéis qué? Pues no, tampoco es que esté tan desencaminada, porque lo que ha ocurrido esta semana entre Google, NVIDIA y Meta es básicamente una guerra de electrodomésticos de cocina, pero con valoraciones de billónes de dólares en juego.
Google ha dado un golpe de estado y va a intentar superar, o está ya superando al maestro. Es el epicentro del terremoto. Alphabet, la empresa matriz de Google, ha protagonizado lo que sólo se puede describir como el equivalente financiero de presentarse en la boda de tu ex con alguien más guapo, más rico y con mejor sentido del humor. La compañía lanzó Gemini 3, su nuevo modelo de inteligencia artificial, y el resultado ha sido devastador para la competencia. Los benchmarks muestran que supera a ChatGPT y a Perplexity en la mayoría de las métricas.
Sam Oldman, el hombre que hace un año parecía el dueño del universo de la inteligencia artificial, dicen que se mostró asustado por los avances de Google. Y qué delicia, ¿no? Pero aquí viene lo verdaderamente jugoso. Gemini 3 no se entrenó con los chips de NVIDIA, esas GPU que hasta hace aproximadamente una semana eran considerados el equivalente tecnológico del santo Grial. No, Google utilizó sus propios chips, los llamados TPU o Unidades de Procesamiento Tensorial, que llevan desarrollando desde hace más de una década con la paciencia de un monje budista y la ambición de un conquistador español.
El mercado, que tiene la memoria emocional de un pez dorado con TDH, reaccionó con la sutileza de un elefante en una cacharrería. Las acciones de Alphabet se dispararon, acumulando una subida cercana al 70% en lo que va de año, superando a todo el resto del magnífico club de los 7. La semana pasada, Alphabet superó a Microsoft para convertirse en la tercera empresa más valiosa de Estados Unidos y ahora está a apenas unos miles de millones de Apple que ocupa el segundo puesto.
Mientras tanto, NVIDIA perdió más de 100.000 millones de dólares de capitalización en una sola jornada cuando se filtró que Meta está en conversaciones para comprar miles de millones de dólares en chips de Google. La ironía, me tendréis que reconocer que es deliciosa. Google, la empresa que durante años fue criticada por haberse dormido en los laureles mientras OpenAI le comía la tostada con ChessGPT, resulta que llevaba una década preparando su contraataque en el hardware. Es como descubrir que el empollón del instituto al que todos ignoraban ha estado entrenando en secreto y ahora tiene más músculo que el capitán del equipo de fútbol.
Los números que importan y por qué esto no es solo ruido. Los que piensan que esto es simplemente una pelea de egos entre multimillonarios de Silicon Valley, permitidos ilustrar por qué deberían prestar atención. Los TPU de Google cuestan entre la mitad y una décima parte de lo que cuesta un chip equivalente de NVIDIA. En un mundo donde las grandes tecnológicas van a gastar 5 billones de dólares en infraestructura de inteligencia artificial hasta 2030, esa diferencia no es pecata minuta.
Es la diferencia entre construir un imperio y construir un castillo de naipes. Según estimaciones de Bernstein, los chips de NVIDIA representan más de dos tercios del coste de un rack de servidores de inteligencia artificial. Alphabet prevé gastar 95.000 millones de dólares el próximo año en CAPEX, con casi tres cuartas partes destinadas a entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial. Si pueden hacerlo con chips propios que cuestan una fracción de lo que cobra NVIDIA, la ventaja competitiva es brutal.
Es como si Ferrari descubriera que puede fabricar sus propios motores por el precio de un Seat Ibiza, mientras el resto de la parrilla sigue pagando precios de champán por cada componente.
Jeffery se estima que se ha

















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