Las alpargatas llevan cinco siglos entre nosotras y nadie te ha contado por qué no puedes dejarlas

Las alpargatas llevan cinco siglos entre nosotras y nadie te ha contado por qué no puedes dejarlas

8/18/2026 · 05:12
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Calzado de campesinos, soldados y personas sin otra opción. Eso eran las alpargatas en la España del siglo XIV. Hoy las vende Chanel a trescientos euros y las llevan en todas las playas de Europa. ¿Qué ocurrió entre un punto y otro?

En este episodio de Post vs Reality, Tala Álvarez Pareja-Obregón cuenta la historia real del calzado más honesto del verano: de dónde vienen, por qué sobreviven a todas las tendencias y qué tienen que hace que algunos objetos guarden memorias mejor que las fotografías.

Encuentra el artículo en www.talaalvarezparejaobregon.com

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Hola, bienvenidos a Post vs. Reality. Yo soy Tala Álvarez y hoy vamos a hablar de un objeto que todas tenemos en el armario, que hemos tenido o que estamos a punto de comprar porque acaba de volver a estar en todas partes. Las alpargatas. Y ya os aviso desde el principio que lo que voy a contaros sobre su historia es algo que probablemente no sabíais. Porque la historia de las alpargatas no empieza donde creemos, empieza mucho más atrás y en un lugar muy distinto al chiringuito donde las estáis usando ahora mismo. Las alpargatas aparecen documentadas en la península ibérica desde el siglo XIV. No como calzado de descanso ni como símbolo de verano mediterráneo, sino como el único calzado que podía permitirse quien no tenía otra opción. La suela de esparto era barata y resistente y por eso los campesinos las llevaban para trabajar al campo, los marineros las llevaban en los barcos y los soldados las llevaban porque el cuero escaseaba y el esparto no. En la guerra civil española las alpargatas se convirtieron en el calzado del bando republicano precisamente por eso, porque se podían producir en masa sin cuero, sin maquinaria cara y sin recursos que no existían.

En los años de posguerra era el símbolo más visible de la penuria. Las llevaban quienes no podían permitirse otra cosa y quienes podían permitirse otra cosa no las llevaban. Ese es el punto de partida, tener eso en mente mientras cuento lo que ocurrió después. Los objetos no cambian de significado por decreto, cambian cuando alguien con suficiente poder cultural decide mirarlos de otra manera. Con las alpargatas ocurrió en los años 50. Vamos a ponernos en situación. La costa azul francesa, los veranos de la burguesía europea que empieza a descubrir el Mediterráneo y algo muy concreto, que las alpargatas eran perfectas para la arena, para las terrazas y para los barcos pequeños donde un tacón sería ridículo. Brigitte Bardot las llevó en Saint-Tropez y Picasso las llevó en su taller. Con eso bastó. Hacer el ejercicio mental, el mismo objeto que durante siglos había sido símbolo de pobreza, que los más pobres llevaban porque no tenían otra opción, de repente lo llevaban las personas con más poder cultural de Europa. Y entonces automáticamente deja de ser símbolo de pobreza.

Eso es la moda en su estado más puro, la capacidad de transformar el significado de los objetos sin que el objeto cambie nada. En España el proceso fue paralelo. Aquí las alpargatas nunca dejaron de fabricarse artesanalmente en La Rioja, Valencia y Cataluña. El esparto, el yute y el cáñamo, materiales con siglos de tradición que de repente empezaron a interesarle a la industria internacional. Y en los años 2000, Chanel hizo lo que Chanel sabe hacer. Tomó algo con historia real, lo reinterpretó con sus materiales y sus precios y lo convirtió en un objeto de deseo para quienes ya no recordaban de dónde venía. Hay un tipo de elegancia que requiere esfuerzo constante para mantenerse. Por ejemplo, el tacón de aguja necesita tensión corporal permanente y la bota de cuero necesita cuidado. Hay una tensión en ese tipo de calzado que es parte de su naturaleza. Las alpargatas no funcionan así. Con las alpargatas o estas, honestas, no hay postureo posible. Si las llevas con un vestido de lino y funcionan es porque hay algo real detrás. Si las llevas fingiendo algo que no eres, se nota exactamente igual.

Son el detector de imposturas más honesto del armario de verano. Yo tengo alpargatas que llevan conmigo más de 15 años. Las de batalleo, por ejemplo, para la Feria de Sevilla año tras año, que de momento siguen resistiendo. Las elegantes de fondo de armario de Paul Núñez o las perfectas para cualquier evento de Polinesmois, aparte de algunas otras más que a tesoro. Las guardo no por sentimentalismo, las guardo porque cada vez que me las pongo recuerdo exactamente dónde estaba, cuándo las estrené, qué comí y con quién estaba. Porque los objetos guardan memoria de forma más honesta que las fotografías. La próxima vez que os pongáis unas alpargatas, pensad en esto. Estáis llevando un objeto que durante siglos fue símbolo de no poder permitirse otra cosa. Que sobrevivió guerras, crisis y modas. Que Chanel tardó décadas en descubrir lo que las campesinas españolas sabían desde el siglo XIV. Y que de alguna forma sigue siendo exactamente lo mismo que siempre fue. El zapato que te permite estar en el mundo sin pretender ser otra cosa. El artículo completo está en talaalvarezparejabregón.com. Nos escuchamos la semana.

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