

Description of Antonio Maestre: Me crie como un fascista
Entrevista de Manuel Peraz a Antonio Maestre sobre “Me crie como un fascista” (Seix Barral)
Partiendo de su propia experiencia, Antonio Maestre analiza el auge de la extrema derecha y del fascismo en la sociedad actual. Su planteamiento no apunta tanto a la crisis económica o el descontento social, como a la educación machista que los hombres reciben en una sociedad patriarcal que se resiste a renunciar a la situación de privilegio de los hombres frente a los avances del feminismo y las reivindicaciones de igualdad por parte de las mujeres. En su libro habla del supremacismo que los hombres llevan poco menos que en su ADN social, lo que permite que los grupos de ultraderecha o fascistas lo tengan muy fácil para alimentar esos sentimientos, que además se potencian a través de unas redes sociales controladas por tecnoligarcas que rechazan los valores democráticos y la igualdad, hasta el punto de que algunos de ellos cuestiones públicamente y sin ningún tipo de complejo el derecho al voto de las mujeres.
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Historias de papel. Premio Nacional de Fomento de la Lectura.
Me crié como un fascista, de Antonio Maestre.
Que he construido el libro es el artefacto para intentar explicar cómo entiendo que se produce en el proceso actual de radicalización ultra no y es a través de las emociones la política utiliza las emociones para intentar llevarlos a su terreno y cuando yo intenté escribir el libro buscaba cómo podía explicar que las emociones de gente que no soy yo hacen que haya un deslizamiento hacia la extrema derecha.
Y la única manera que conseguí de ser mínimamente riguroso para intentar explicar las emociones ajenas es indagar las emociones propias. Y a través de ahí intentar encontrar un relato que desde lo íntimo personal mío hacia lo universal, intentando entender la socialización masculina, ayudase a comprenderlo. Porque la hipótesis del texto es que la radicalización existe porque hay un supremacismo masculino que se resiste.
A adaptarse al auge del feminismo. Y que la socialización masculina, que es violenta, que es agresiva, en la que nos han enseñado desde pequeños a no mostrar nuestras emociones, es el caldo de cultivo perfecto para que el fascismo le dé un sentido político. Y yo creo que desde lo íntimo y personal, y mis emociones de adolescencia, se consigue entender cómo funciona en el presente la radicalización ultra.
Supremacismo masculino que se resiste al auge del feminismo y que se cuela en las entretelas de los hombres, a veces sin que seamos conscientes de ello, a través de la educación que brinda una sociedad patriarcal a la que le cuesta ceder privilegios en beneficio de la igualdad. Dicho de otra forma, que los planteamientos que defiende la ultraderecha son fáciles de alentar porque los llevamos poco menos que dentro.
A modo de ADN social, con lo cual no es complicado alimentarlos y sacarlos a relucir, provocar que se muestren, sobre todo en tiempos como los que vivimos en los que se ha perdido la vergüenza para ello o el reparo que en otros tiempos los mantenían ocultos o por lo menos no tan defendidos públicamente sin el menor escrúpulo. Ese es uno de los planteamientos de Me crie como un fascista.
El libro en el que el periodista Antonio Maestre ofrece su visión de por qué la ultraderecha tiene desde hace un tiempo tantos seguidores defensores, especialmente entre los hombres. Y en este aspecto Antonio Maestre rechaza dos de los argumentos más comúnmente utilizados cuando se aborda la cuestión. No son los jóvenes.
El círculo de hombres en el que más arraigan esos discursos y los planteamientos de la ultraderecha y no hay excusas para defender postulados machistas, xenófobos y racistas.
Porque la falta de horizonte para las nuevas generaciones, la frustración por no poder acceder a uno viviendo a un trabajo decente, los cambios de todo tipo, tan radicales que se están produciendo a una velocidad además antes ni imaginada, nada de ello puede esgrimirse, dice, para justificar la adscripción a ideologías que niegan al otro, al que viene de fuera, al diferente, al que nos dicen esos discursos ultras.
Es un peligro y un obstáculo para una vida mejor. Todas esas excusas buscan justificar que alguien tome esas ideas.
No justifico, yo intento comprender por qué alguien puede hacerlo así. Entonces, la manera en la que he buscado para intentar comprenderlo es mirar en mi propia adolescencia en cómo nos socializábamos los hombres. Y encontré respuestas que creo que tienen mucho sentido en el presente. Yo creo que tendríamos que incidir en el hecho de no ser condescendiente con quien decide adoptar unas ideas que niegan los derechos humanos de otros colectivos. Es decir, quien decide irse a la extrema derecha.
Sea joven, sea adulto, lo hace porque quiere, es libre de hacerlo y yo creo que no deberíamos ser condescendientes con esas decisiones. No es una decisión inevitable.




















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