La batalla del Atlántico

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8/7/2026 · 01:26:02
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La ContraHistoria
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La conocida como batalla del Atlántico fue la campaña más larga de toda la segunda guerra mundial. Duró 68 meses sin una sola pausa entre septiembre de 1939 y mayo de 1945. No tuvo la épica de otros frentes, pero resultó decisiva porque Gran Bretaña, una isla que en aquel entonces tenía 48 millones de habitantes, importaba por mar más de la mitad de sus alimentos y casi todas sus materias primas. Cortar ese cordón umbilical equivalía a estrangular la resistencia británica sin necesidad de invadir la isla. Churchill lo comprendió y bautizó en 1941 lo que estaba sucediendo en el océano con el nombre de batalla del Atlántico, que es como ha pasado a la historia.

El arma de los alemanes fue el submarino. El almirante Karl Dönitz estaba convencido de que con 300 U-Boote podía asfixiar al Reino Unido, pero al empezar la guerra solo disponía de 57, de los cuales apenas 25 servían para el océano abierto. Sus superiores, encabezados por Erich Raeder, seguían soñando con grandes buques de superficie, pero la Kriegsmarine no estaba aún preparada al comenzar la guerra para medirse con la Royal Navy. Aun así, en los primeros meses el arma submarina cosechó varios éxitos muy celebrados en Alemania como el ataque de Günther Prien contra el Royal Oak en la base de Scapa Flow.

La rendición de Francia en junio de 1940 lo cambió todo. Los puertos de Bretaña y del golfo de Vizcaya acortaron la ruta hacia las zonas de caza y dieron lugar a lo que los marinos alemanes denominaron los tiempos felices. Fue entonces cuando capitanes de submarinos como Otto Kretschmer hundieron miles de toneladas aplicando la táctica de las manadas de lobos. Frente a ellos, los británicos reactivaron el sistema de convoyes y confiaron en el sonar, que se demostró inútil contra submarinos que atacaban de noche y desde la superficie.

La estrategia de Dönitz se basaba en la llamada guerra del tonelaje, es decir de hundir barcos aliados más deprisa de lo que los astilleros podían reponerlos. La entrada de Estados Unidos en la guerra, lejos de acabar con el problema, inauguró otra etapa dorada para los submarinos alemanes, que hundían barcos frente a la costa este sin apenas oposición. Pero no duró mucho, los alemanes no contaban con la desmesurada capacidad industrial estadounidense.

Entre marzo y mayo de 1943 los aliados consiguieron cambiar el rumbo de la batalla gracias al descifrado de la máquina Enigma, el desarrollo del radar centimétrico, el Huff-Duff, los grupos de apoyo con portaaviones de escolta y los aviones Liberator de muy largo alcance que cerraron el agujero negro del centro del océano. A todo eso se sumó la producción en masa de los mercantes de la clase Liberty. La fase final entre 1943 y 1945 fue la de un irreversible declive. Los nuevos submarinos del Tipo XXI llegaron demasiado tarde y tras el desembarco de Normandía perdieron sus bases en Francia.

La batalla costó la vida a 30.000 marinos que tripulaban los más de 30.000 mercantes hundidos. En el lado alemán se perdió la mayor parte de la flota de submarinos, que se convirtieron en ataúdes de hierro para sus tripulaciones. En torno al 75% de los submarinistas alemanes perdieron la vida. Los historiadores han debatido mucho sobre si el Reino Unido estuvo realmente al borde del colapso, pero una cosa no anula la otra. Fue una batalla fundamental que los aliados no podían permitirse perder y que se ganó tanto en las cubiertas barridas por los temporales como en los astilleros de Baltimore y en las salas de Bletchley Park.

En El ContraSello:
0:00 Introducción
4:05 La batalla del Atlántico
1:19:12 Los fenicios en la península ibérica

Bibliografía:
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“La batalla del Atlántico” de Barrie Pitt - https://amzn.to/4q8kXcY
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La Contrahistoria, un programa presentado y dirigido por Fernando Díaz Villanueva. La conocida como Batalla del Atlántico fue la campaña más larga de toda la Segunda Guerra Mundial. Duró 68 meses, sin una sola pausa entre septiembre de 1939 y mayo de 1945. No tuvo la épica de otros frentes, pero resultó decisiva porque Gran Bretaña, una isla que en aquel entonces tenía 48 millones de habitantes, importaba por mar más de la mitad de sus alimentos y casi todas sus materias primas. Cortar ese cordón umbilical equivalía a estrangular la resistencia británica sin necesidad de invadir la isla. Churchill lo comprendió y bautizó en 1941 lo que estaba sucediendo en el océano con el nombre de Batalla del Atlántico, que es como ha pasado a la historia. El arma de los alemanes fue el submarino. El almirante Karl Dönitz estaba convencido de que con 300 U-bote podía asfixiar al Reino Unido. Pero al empezar la guerra solo disponía de 57, de los cuales apenas 25 servían para el océano abierto. Sus superiores, encabezados por Erich Reder, seguían soñando con grandes buques de superficie, pero la Kriegsmarine no estaba aún preparada al comenzar la guerra para medirse con la Royal Navy.

Aún así, en los primeros meses, el arma submarina cosechó varios éxitos muy celebrados en Alemania, como el ataque de Günther Prynne contra el Royal Oak en la base de Scapa Flow. La rendición de Francia en junio de 1940 lo cambió todo. Los puertos de Bretaña y del Golfo de Vizcaya acortaron la ruta hacia las zonas de caza y dieron lugar a lo que los marinos alemanes denominaron los tiempos felices. Fue entonces cuando capitanes de submarinos como Otto Kretschmer hundieron miles de toneladas aplicando la táctica de las manadas de lobos. Frente a ellos, los británicos reactivaron el sistema de convoyes y se confiaron en el sonar. que se demostró inútil contra submarinos que atacaban de noche y desde la superficie. La estrategia de Dennitz se basaba en la llamada Guerra del Tonelaje, es decir, hundir barcos aliados más deprisa de lo que los astilleros podían reponerlos. La entrada de Estados Unidos en la guerra, lejos de acabar con el problema, inauguró otra etapa dorada para los submarinos alemanes. que hundían barcos frente a la costa este de los Estados Unidos sin apenas oposición.

Pero aquello no duró mucho. Los alemanes no contaban con la desmesurada capacidad industrial estadounidense. Entre marzo y mayo de 1943, los aliados consiguieron cambiar el rumbo de la batalla. Gracias al descifrado de la máquina Enigma, al desarrollo del radar centimétrico, al HFDAF, a los grupos de apoyo de... con portaaviones de escolta y los aviones Liberator de muy largo alcance que cerraron el agujero negro del centro del océano. A todo esto se sumó la producción en masa de los mercantes de la clase Liberty. La fase final entre 1943 y 1945 fue la de un irreversible declive para los alemanes. Los nuevos submarinos del tipo 21 llegaron demasiado tarde y tras el desembarco de Normandía perdieron sus bases en Francia. La batalla costó la vida a 30.000 marinos que tripulaban los más de 30.000 mercantes hundidos. En el lado alemán se perdió la mayor parte de la flota de submarinos, que se convirtieron en ataúdes de hierro para sus tripulaciones. En torno al 75% de los submarinistas alemanes perdieron la vida.

Los historiadores han debatido mucho sobre si el Reino Unido estuvo realmente al borde del colapso, pero una cosa no anula la otra. Fue una batalla fundamental. que los aliados no podían permitirse perder y que se ganó tanto en las cubiertas barridas por los temporales en los mercantes como en los astilleros de Baltimore y en las salas de Bletchley Park. De todos los frentes en los que se dirimió la Segunda Guerra Mundial, ninguno fue tan largo, tan poco vistoso y tan difícil de contar como el que se libró sobre y bajo las frías y por lo general movidas aguas del Atlántico Norte. No hubo allí trincheras ni grandes ofensivas que pudieran alimentar a los noticiarios radiofónicos y a la prensa escrita. Lo que sí hubo fue una guerra de cifras, de rutas, de toneladas y de nervios, sobre todo de nervios sostenido durante muchísimo tiempo durante un total de 68 meses sin una sola pausa desde el momento mismo en el que estalló la guerra a principios de septiembre de 1939 hasta la capitulación alemana en mayo de 1945 fue de sobra la campaña más prolongada de todo el conflicto

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