

Description of Blanca, perdida
Adaptación de Sandra Rivero Pino sobre un original de Marisa Grinstein. Blanca, es una ex maestra devenida en ama de casa que padece esquizofrenia y convive junto a su marido. Blanca escucha voces constantemente, la atormentan y le dicen que su esposo se irá y la dejará sola. A medida que el tiempo avanza, tiene enfrentamientos con su marido, quien queda descolocado ante su comportamiento enfermizo.
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Radio Guamá, en su espacio el cuento, presenta Blanca Perdida, original de la escritora argentina Marisa Grinstein, en versión para la radio de Sandra Rivero Pino, asesora Odalis Bárbara Hernández Ceballo, dirección general Ángel Felipe Machín Bento, Blanca Paz de 52 años. maestra jubilada y llevaba 26 años casada con Alberto Ríos. Nadie dijo nunca que fuera una mala mujer, pero las voces que hablaban en su cabeza sí lo decían. Y un martes de mayo, Blanca decidió escucharlas. Para la justicia fue una inimputable, para los vecinos una loca, para Alberto su esposa.
Para ella, la única verdad posible era la muerte. Blanca, apaga eso, por favor. Ya está, amor, ya está. Te voy a preparar el café con leche, como te gusta. ¿A esta hora? Son las cinco y media. ¿Tú no te levantas nunca antes de las nueve? Es que no pude dormir. Pensé en ti, en tu taller, en todas esas mujeres que entran a comprar y te miran. Blanca, Blanca, es un taller de reparación de electrodomésticos. Entran señoras, sí, pero a reparar sus equipos. Las de la licuadora azul. Esa te sonríe. La señora Martínez tiene sesenta años y tres nietos. Solo le interesan su vida y su familia.
Le pasa como a mí, que me interesas tú y nadie más que tú. Podemos no hacer esto hoy. Podemos, por favor, dejar tus celos a un lado hoy. Haz lo que quieras. Siempre haces lo que quieres. Alberto Ríos se vistió en silencio. Se puso la camisa blanca que le había planchado la noche anterior. Ella lo miró desde la puerta de la cocina, con los brazos cruzados, como si midiera cada uno de sus movimientos. Voy a volver temprano. Te traigo algo rico para la cena. ¿Qué te gustaría? No tengo hambre.
Blanca, ¿por qué no llamas a tu hermana hoy, eh? ¿O sales a tomar algo con las vecinas? ¿Para qué hablen de mí? ¿Para qué digan que estoy loca? No necesito que me vigilen. Esa tarde... Blanca no comió. Se sentó frente al espejo del dormitorio y se miró durante horas. Las arrugas, el pelo canoso, los ojos que ya no brillaban como cuando era maestra. Él te va a dejar por una más joven. Las voces tienen razón. Más joven. ¡Cállense, malditas! Blanca se cortó la mano al recoger los fragmentos, pero no sintió dolor. Solo miró la sangre y pensó que era hermosa, roja, viva, como ella quería seguir siendo. Diga, Blanca, soy yo Marta, ¿estás bien?












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