
La Brújula de la Ciencia s15e15: El sentido magnético en las palomas mensajeras

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Todo el mundo conoce el extraordinario sentido de la orientación de las palomas mensajeras: aunque te las lleves a centenares de kilómetros de su palomar son capaces de encontrar el camino de vuelta. ¿Cómo hacen para calcular estos viajes? Ésta es una pregunta que la biología está tratando de responder desde mediados del siglo XX. Hoy sabemos que se debe a una combinación de habilidades: observación del sol, uso de olores familiares para encontrar el camino y también percepción del campo magnético terrestre. Las palomas, y también muchos otros animales migratorios, parecen ser capaces de "leer dónde está el norte" gracias al magnetismo de nuestro planeta. Pero, de nuevo: ¿cómo logran hacer tal cosa? Ha de haber algo en su cuerpo que interaccione con el campo magnético y traslade esa información a su mente.
A día de hoy, junio de 2026, todavía no tenemos una respuesta definitiva a esa pregunta, pero en el programa de hoy os contamos un descubrimiento reciente: que el sentido magnético podría residir en ciertas células del sistema inmunitario presentes en el hígado de las palomas. Esas células tienen en su interior partículas magnéticas, y parece que sin ellas no son capaces de orientarse.
El artículo en que nos hemos basado para este programa es "Homing pigeon navigation relies on superparamagnetic macrophages under overcast conditions", de Clivia Lisowski et al. Podéis encontrarlo aquí:
https://www.science.org/doi/10.1126/science.ady2486
Si os interesa este asunto hemos hablado ya un par de veces del sentido magnético de los animales. En el capítulo s09e15 de La Brújula de la Ciencia os hablamos de los otros dos mecanismos que se han propuesto para explicar la magnetorrecepción en aves. Y si vais a nuestro pódcast hermano, Aparici en Órbita, en el episodio s07e24 os hablamos de magnetorrecepción en tortugas marinas.
Este programa se emitió originalmente el 1 de junio de 2026. Podéis escuchar el resto de audios de La Brújula en la app de Onda Cero y en su web, ondacero.es
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Y es verdad que ya está esperando nuestro hombre de la ciencia, que es Alberto Aparici. ¿Qué tal, querido Alberto? ¿Cómo estás? Pues estupendamente, muy contento por la parte no solo científica, sino también futbolística, porque mi equipo está muy bien en la segunda división. ¿El Castellón? Sí, sí. ¿Ha subido? El Castellón. No, no ha subido, pero se ha clasificado para el playoff primera vez en los últimos 35 años. ¡Qué alegría, por favor! Sí, sí, sí, sí. Estamos que no cabemos en nosotros. Recuerdo yo al Castellón en primera, ¿no? En nuestros tiempos. Efectivamente. Sí, sí, yo creo que... Efectivamente. Cuando tú y yo éramos más jóvenes de lo que somos ahora, yo tenía 10 añitos en aquel entonces. alguno más, pero pocos. Y es verdad, el Castellón, equipo de primera, pues a ver si llega a primera. Me has hecho seguir la actualidad del Castellón, Aparici, y también me has hecho seguir tantas cosas científicas a las que me has aficionado durante todo este tiempo en la brújula. Fíjense qué tema tan interesante el que trae Alberto Aparici. Las palomas mensajeras. ¿Cómo las palomas mensajeras son capaces de encontrar siempre el camino a casa? ¿Cómo consiguen hacerlo? ¿Qué ven ellas que nosotros no vemos? Cuéntanos, aparece.
Bueno, lo primero que hay que saber sobre todo esto es que las palomas y en general todas las aves migratorias y que se mueven por ahí no tienen solo una forma de orientarse, sino que en realidad tienen muchas y de ahí que sean tan buenas encontrando siempre la dirección correcta y tal. Entonces, lo primero que hay que hablar es del sol. Es su brújula primaria. Porque básicamente el sol, todos lo sabemos, siempre sale por el este, siempre se pone por el oeste. Y encima es muy brillante, es muy fácil de encontrar en el cielo. Así que si pueden, las palomas van a mirar al sol y con eso van a hacerse una especie de composición de lugar de bueno, el norte está por ahí, el este está por allá, por lo tanto, yo por aquí tengo que ir. Por aquí tengo que ir, joder. Es como una brújula, pero bueno, una cosa es saber dónde está el norte y otra... Es saber dónde está tu casa, o sea, no es exactamente una brújula, sino más bien un GPS. O sea, ¿cómo saben en qué dirección han de volar para volver a casa? Tienes razón, son dos informaciones diferentes, ¿no? La de dónde has de ir y la de, bueno, cuáles son las direcciones en general, ¿no? Pues para saber hacia dónde has de ir, entran en juego otros dos mecanismos. En primer lugar, uno más, digamos, prosaico, que son los olores. Porque se sabe que las palomas aprenden desde muy jovencitas, pues por ejemplo, que del este viene olor a mar, como ocurriría aquí en Valencia.
Mientras que del norte igual olor a pinos y del sur olor a no sé qué. Bueno, pues si te las llevas a un sitio desconocido, a no ser que esté a centenares de kilómetros, que entonces no les serviría para nada, pues el olor les dice, ah, aquí huele a pinos por allá, pues entonces eso era el norte tal y cual. Y una vez saben esto, usan esa brújula solar para volar en la dirección a donde ellas creen que está su casa. Pero ojo que hay un mecanismo más que me parece súper interesante. Si hemos hablado de una brújula solar, pues ahora tenemos una brújula brújula. Muy apropiado para este programa. Porque las palomas pueden sentir el campo magnético de la Tierra. Y claro, si sientes el campo magnético, te da una enorme información. Tú puedes saber dónde estaba el norte en tu casa y ves ahora dónde está el norte aquí y dices, ah bueno, entonces mi casa está para allá. Pero entonces eso cómo se sabe. ¿Por qué podemos afirmar que una paloma... siente el campo magnético y no otra cosa bueno estos son una serie de experimentos que en realidad son ya bastante antiguos se hicieron los años 60 del siglo pasado y básicamente los estoy resumiendo muchísimo eran una serie experimentos muy bonitos muy detallados Pero lo que consistía es construir unas jaulas muy grandes en las que estas aves podían volar.
Se hicieron con petirrojos los primeros, si no recuerdo mal. Entonces, esas aves podían volar y tú registrabas dónde se posaban, no cuándo se posaban. Y esto nos daba una idea de la dirección en la que querían ir. Entonces, una vez tú ya tenías esto, bueno, parece que quieren ir para el oeste. Pues enciendes un campo magnético artificial, que como esto es una jaula, puedes haber puesto ahí unas bobinas alrededor. Y ves que la dirección preferente cambiaba, que creían que habían de ir en una dirección distinta. O sea, no se sabía muy bien en aquel entonces lo que estaba pasando, pero se veía que las aves se habían dado cuenta de que el campo magnético cambiaba, que tenía una manera de sentirlo. ¿Y cómo sienten el campo magnético? ¿Eso lo sabemos? Pues no está del todo claro, no está claro. A diferencia, por ejemplo, de la vista, que reside en los ojos, el oído, que reside en nuestro caso en los oídos, en las aves también tienen oídos, ¿no? Este sentido magnético... no tiene asociado un órgano tan evidente como la lengua o los dedos. Hay varias teorías en las que no voy a entrar porque son muy detalladas. Algunas dicen que podría estar localizado en ciertas moléculas que hay en los ojos. Otros descubrieron a principios del siglo XXI




















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