

Description of Capítulo 15. Ausencia creativa
Muchas vidas han muerto dentro de mí sin que yo haya muerto. Les confieso que ya no corro como antes, pero avanzo con mayor conciencia. Ya no veo bien sin lentes, aunque leo con más profundidad. Ayer la fuerza estaba en mis brazos; hoy habita en mi voluntad. En el pasado buscaba aprobaciones, hoy valoro las miradas serenas. Creía que el tiempo era infinito, hoy sé que no es así. El joven que fui se alejó de mí y año a año he experimentado la mudanza de mi cuerpo.
Escuché la radio cuando solo emitía en onda corta y en AM. Luego fui feliz con la FM y después pude ver la llegada de internet al dial. La radio no muere, lo que muere son sus formas envejecidas. Esta serie radial es, precisamente, el relato de esas transformaciones. Veinte capítulos, veinte “muertes” simbólicas.
En esa lenta transformación descubrimos una verdad serena: no morimos cuando cambiamos; morimos cuando nos negamos a cambiar.
El futuro es un territorio en construcción y necesita de una radio que sepa despedirse de lo que fue para atreverse, con valentía y esperanza, a ser lo que aún no imagina. Tu vida y mi vida han cambiado. La radio también lo ha hecho y debe seguir haciéndolo. Por favor, no se lo impidas. No permitas que tus miedos abracen a nuestro querido medio de comunicación.
Nuestra tesis es clara y deliberadamente incómoda:
la Radio atraviesa un proceso de declive y aspiramos demostrarlo.
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Otros crean futuro, tú miras atrás, atrapada en el tiempo, negándote a cambiar.
Sin magia creativa y con desdén. Querida amiga, no he dejado de pensarte. Dos sombras nuevas vuelven a inquietarte. La creatividad, hoy ausente y callada. Y el viejo monopolio, memoria quebrada. Mientras logro el viaje y te vuelvo a encontrar, te escribo estas cartas para no naufragar.
Porque donde hubo semillas, ideas, fulgor, hoy crece el silencio, la arena, el sopor. Los trabajadores de la radio se han centrado en la repetición de géneros y formatos usados por décadas. Su lucha es por el lucro y el rating. El tedio los atrapó.
La carga los ahoga, no los deja soñar. Sin tiempo ni riesgo, no hay revolución. A mi modo de ver, aquel campo fecundo se volvió un desierto que agrieta tu mundo. La monotonía se sienta a mandar y la imaginación se niega a sonar.
En el periodismo no cambia el paisaje. Historias sin pulso, sin vuelo, sin viaje. La artística calla, los guiones no están. Y así, poco a poco, sin ruido ni aviso, te alejas del pueblo que fue tu hechizo.
Los entornos sonoros ofrecen una multiplicidad de historias que el hacedor radiofónico tiene que retomar si quiere que este medio acústico transite y se desarrolle en estos tiempos de transformación digital e inteligencia artificial.
Mientras otros medios se atreven a entrar en nuevas fronteras de luz digital, tú quedas atrapada en un tiempo prestado, repitiendo errores. Un mundo atestado.
Sin tiempo, sin aire, sin permiso real, la idea se seca, no puede brotar, y el campo sonoro, antes vivo y plural, se vuelve estéril, cansado, igual. El reto es grande, y los radialistas lo deben enfrentar si desean que el medio sonoro no siga siendo visto como un medio viejo y obsoleto, y sí como un medio que cuenta la realidad.
Con creatividad y también con responsabilidad social. Otros crean futuro, tú miras atrás, atrapada en el tiempo, negándote a cambiar.
Un susurro en la noche que no volverá. Tic-tac. En las entrañas donde late la emisión, dos o tres valientes sostienen la estación. Era un latido en el aire. La radio que fuimos desciende en su vuelo y con ella las ideas que encendían el cielo. Un faro entre la niebla gris.
No es silencio lo que hoy nos rodea. Es un cambio tan hondo que apenas se oye la marea. Por eso, al medio lo desnudamos. Quitamos el miedo, el hábito que arrastramos.
Sin reproche ni nostalgia al hablar, advertimos, de frente, sin maquillar. La radio que conocimos ya no es igual, está cambiando y eso es ideal. Crack, crack, su alma se quiebra y su canto ya no encuentra su voz.
Dirección y producción Tito Ballesteros










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