

Description of Capítulo #31 La cocinera, de C.L. Clark
Capítulo #31 de Las Escritoras de Urras.
Relato: "La cocinera", de C.L. Clark. Narrado por Sofía Barker.
Un relato de fantasía épica protagonizado por una guerrera y una cocinera inolvidables.
Puedes leer el texto completo, los avisos de contenido y la biografía de la autora aquí:
https://escritorasdeurras.blogspot.com/2021/04/capitulo-31-la-cocinera-por-cl-clark.html
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La cocinera parcela clark la primera vez que la veo apenas es un vistazo estoy de pie en el salón común de la posada y les o tres guerrero se sientan bajadas en las sillas y piden cerveza a gritos mientras unos buscan a una moza o mostró tabernero unas mejillas que pellizcar una vida a la que aferrarse mi estómago ruge con un gruñido de un monstruo debería estar muerta así de feroces el rugido o el cordero asado la estornuda inconfundible de los granos de pimienta recién molidos y el ajo pero está todo oculto tras la puerta de la cocina una mujer maldice y se ríe y maldice de nuevo desde esa cocina y un mozo sale haciendo equilibrios con varios platos trincheras llenos de pan sobre los brazos detrás de él la veo limpiarse las manos sobre las curvas medidas de sus caderas la parte posterior de su cabeza está cubierta de pelo corte y negro toman coche de plata antes de que la puerta se cierre de golpe tras el mozo y el pan llega a mi mesa y no queda espacio en mi cabeza para nada más pero cuando me ha llenado hasta reventar escucho su risa de nuevo y no estoy segura de si me lo imaginado no después de que mis compañeras y yo habíamos dejado hasta olvidar nuestros miedos por la campaña militar de mañana y alguno de ellos hayan perdido el conocimiento sobre las mesas me levanta para encontrar mi propia cama ella está en la puerta de su cocina inclinada con los brazos cruzados bajo su pecho sus antebrazo son gruesos no es como la masa trenzada su blusa esta medida es abrochada dirige mi mirada hacia la entre sus pechos el brillo del sudor como condensa compensación me provoca haces está observando probablemente en los observadores pero prefiero imaginarme que su sonrisa atraviesa es sólo para mí los dioses la bendiga por la comida digo inclinando la cabeza regresa con vida responde habrá más su voz es deliciosa regresa con vida me entrega la comida en persona no hay carne la guerra ha arruinado el pasto inflado los precios pero hay mantequilla y romero y zanahorias calientes que crujen cuando las muertas y pequeñas patatas azada con la piel tostada pero la carne tan tierna que tengo que tragarme las lágrimas mis amigas aúllan y vitorea y golpean las mesas con los puños al fin afortunadamente vacíos me encuentro con ella esta noche en la cocina limpiado pero todavía o la levadura ese fermento precursor de todo lo que he echado de menos durante meses un pulgar de pálida harina a atraviesa su frente oscura su pelo ha crecido hasta formar una pasta cortas desde que me marché lanza un trapo sobre su hombro y me coge de la mano tiras de mi para acercarme me lleva hasta su mesa de trabajo estoy deliciosa mente confundida cuando me hace doblar me impresiona mis pechos contra la superficie de la mesa me siento maravillosamente asustada no estoy preparada para los dedos de la masa adora sus puños sus antebrazos las palmas de sus manos contra los nudos en los músculos de mi espalda mientras presión y estira haciendo desaparecer la marcha las espadas la postura gas tapada los escudos y los muertos cuando mis gemidos se transforman en yuri que ellos y les teórica se apagan en suspiros deja que me levanté mis músculos se hunden con languidecen y me desplomó contra su mesa nos miramos dos mujeres solas en una cocina sin ninguna intención de cocinar te han dicho alguna vez que tu pieles del color de la cebolla caramelizadas pregunta a tarija mi mano cubierta de cicatrices con las puntas de sus dedos callos así quemadas mi mano me imagino las cebollas tiernas doradas y dulces casi quemadas con una risa escandalizada me enamoro y así me quedo con ella en la posada durante el mes siguiente nunca pasa hambre no tengo tanta suerte la




















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