

Description of Capítulo cero. Primeras palabras
Muchas vidas han muerto dentro de mí sin que yo haya muerto. Les confieso que ya no corro como antes, pero avanzo con mayor conciencia. Ya no veo bien sin lentes, aunque leo con más profundidad. Ayer la fuerza estaba en mis brazos; hoy habita en mi voluntad. En el pasado buscaba aprobaciones, hoy valoro las miradas serenas. Creía que el tiempo era infinito, hoy sé que no es así. El joven que fui se alejó de mí y año a año he experimentado la mudanza de mi cuerpo.
Escuché la radio cuando solo emitía en onda corta y en AM. Luego fui feliz con la FM y después pude ver la llegada de internet al dial. La radio no muere, lo que muere son sus formas envejecidas. Esta serie radial es, precisamente, el relato de esas transformaciones. Veinte capítulos, veinte “muertes” simbólicas.
En esa lenta transformación descubrimos una verdad serena: no morimos cuando cambiamos; morimos cuando nos negamos a cambiar.
El futuro es un territorio en construcción y necesita de una radio que sepa despedirse de lo que fue para atreverse, con valentía y esperanza, a ser lo que aún no imagina. Tu vida y mi vida han cambiado. La radio también lo ha hecho y debe seguir haciéndolo. Por favor, no se lo impidas. No permitas que tus miedos abracen a nuestro querido medio de comunicación.
Nuestra tesis es clara y deliberadamente incómoda:
la Radio atraviesa un proceso de declive y aspiramos demostrarlo.
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Muchas vidas han muerto dentro de mí sin que yo haya muerto. Les confieso que ya no corro como antes, pero avanzo con mayor conciencia. Ya no veo bien sin lentes, aunque leo con más profundidad. El joven que fui se alejó de mí y he vivido la mudanza de mi propio cuerpo.
Escuché la radio cuando solo emitía en Onda Corta y en AM y luego fui feliz con la llegada de la FM y después asistí a la radio por internet. La radio no muere, lo que muere son sus formas envejecidas. Esta serie radial es precisamente el relato de esas transformaciones, 20 capítulos, 20 muertes simbólicas.
En esa lenta transformación descubrimos una verdad serena. No morimos cuando cambiamos. Morimos cuando nos negamos a cambiar. Declinar es inclinarse para ver mejor el suelo que pisamos y el cielo que viene.
La radio que conocimos cambia. La radio que necesitamos emerge. Volver a la vida significa aceptar que el tiempo pasado ya pasó y que su comprensión es la única llave para insertarse en el porvenir. Si el susurro se afina, si la escucha se educa y si la palabra recupera su vocación de servicio, la radio seguirá respirando.
No como eco de lo que fue, sino como promesa de lo que aún puede decir. En algunos países de América Latina, la radio ya cumplió más de 100 años de vida. El devenir de los años ha traído consigo una desaceleración en el medio de comunicación. Y en ese mismo sentido retrata el final de las maneras actuales sobre cómo se entiende y se produce la radio.
Declive no es sinónimo de desaparición. Es, más bien, el nombre técnico de una transformación. Adiós a los días de oro, cuando valíamos más que un tesoro. Pienso en los días sonoros de manera crítica. Siento que no podemos prestarnos para decir que la radio es magia o que el medio está más vivo que nunca.
Mentir nunca fue tan fácil. Mentir nunca fue tan fácil.
Afinar la mirada crítica nos ayudaría a sumar propuestas de cara al futuro, en vez de envolvernos con autocomplacencia para afirmar que todo transcurre de manera idílica. Con los guiones, sumados a las palabras de los invitados, se hizo un batido temático que dio paso a la serie que está por escuchar y que fue locutada y musicalizada con distintas inteligencias artificiales.
El concepto de no humano o de la mezcla hombre-máquina evidencia que esta convivencia es posible y también necesaria. Este caso demuestra que la radio puede ganar aire si usa la IA a su favor.
Que mueran algunas formas actuales no es tragedia, sino condición biológica de los medios. Cada tecnología comunicativa atraviesa ciclos de hegemonía, adaptación y convergencia.









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