Carla Gracia: El jaradín dormido

Carla Gracia: El jaradín dormido

4/20/2026 · 49:00
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Entrevista de Manuel Pedraz a Carla Gracia sobre su novela “El jardín dormido” (Espasa)
Iris disfruta en Londres una vida plena de estabilidad pero sin felicidad. Trabaja en una entidad bancaria, mantiene una relación de rutina con su pareja, pero arrastra la pena y la culpa por la muerte de su hermana, de la que se siente responsable, y cuyo duelo no ha cerrado. Su tío le manda desde su floristería en Cataluña un anuncio que dice: “Se busca persona sensible y trabajadora para despertar un jardín en una finca en el Ampurdán. Abstenerse personas alegres y entrometidas”. Decide aceptar el trabajo y se traslada a una masía, La Casa del Olvido, en la que conoce a Marc, un joven que comparte con ella la pena por una culpa, en su caso herencia familiar. En la casa, además del jardín que debe recuperar, hay cuadros de una misteriosa pintora de flores, Anais, cuya historia forma parte del secreto que oculta la casa y que se irá desvelando en la novela.
Con ingredientes de novela gótica y romántica, Carla Gracia, ha escrito una historia que se enmarca en la denominada ficción curativa. Confiesa que comenzó a escribir el libro tras la ruptura de su rutina vital provocada por el diagnóstico de autismo de su hijo, que la indujo a empezar a pintar flores en un taller municipal. La novela incluye esos dibujos, con los que encabeza cada uno de los 63 capítulos de la novela, que se inician con la descripción de una flor.

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Historias de papel. Premio Nacional de Fomento de la Lectura.

El jardín dormido de Carla Gracia.

Iris representa a esa mujer que primero construye una vida para agradar a los demás, para que la quieran, para sustituir a su hermana que murió en un accidente y en un momento dado se le derrumba todo y una cosa que podría ser una desgracia, allí empieza su vida de verdad.

Se podría decir aquello de que no hay mal que por bien no venga, pero en este caso quizás sería más ajustado quedarse con ese dicho al que tanto recurren los cubanos, lo que sucede conviene. Carla Gracia nos acaba de presentar en apenas unos trazos a la protagonista de su novela El jardín dormido, que como buena parte de las mujeres que aparecen en ella, lleva el nombre de una flor, en este caso el de Iris.

Ya iremos viendo que el libro está cargado de simbolismos y que la pintura, de ahí lo del esbozo de la protagonista a partir de unos trazos, tiene también una importante carga simbólica. La más evidente y con la que juega en todo momento la autora es la relación de cada uno de los personajes, de las mujeres protagonistas, con la flor que les da nombre.

El iris se despliega con una elegancia heráldica, destandarte al viento, reminiscencia de otras vidas. Sus pétalos alternan la firmeza y la fragilidad. Su gama de colores va de los violetas profundos a los azules de tormenta o el blanco más intenso. Prefiere la tierra húmeda y las raíces hondas, como si supiera que lo sagrado brota desde lo oculto. Su aroma es discreto, pero cuando aparece, deja huella.

Una mezcla entre incienso apagado y papel antiguo, entre cuerpo y recuerdo. Es una flor que no busca compañía para destacar. A veces, un solo tallo basta para nombrar un paisaje entero. Desde tiempos remotos, el iris ha sido mensajero de los dioses. Ha acompañado cartas secretas, tumbas ilustres, juramentos de amor. Simboliza la belleza sabia que ha cruzado umbrales. Y cuando alguien la recibe, lo sabe.

Elegancia heráldica, firmeza y fragilidad, raíces hondas, que no busca compañía, que solo un tallo es capaz de nombrar todo un paisaje, consideraciones todas ellas que nos ayudan a conocer algo más a Iris, a la que encontramos al principio de la novela en Londres, trabajando en una prestigiosa entidad bancaria con un novio que le da estabilidad, pero no felicidad.

Iris vive cómodamente pero con una tristeza que tiñe de gris su existencia. Está huyendo de un mal trago familiar del que se siente culpable, la muerte en accidente de su hermana, y le resulta cómodo no hacerse preguntas y dejarse llevar por una inercia casi de inexistencia que se rompe un día cuando descubre algo en su relación de pareja que la despierta de su insomnio vital.

Y ese hecho coincide con la premonición de una extraña pitonisa y con el mensaje que recibe de su tío en Cataluña, en el que dice que a su floristería ha llegado una oferta de trabajo que le puede interesar.

Es un anuncio que dice, se buscan personas trabajadoras y sensibles para despertar un jardín dormido en el Ampurdán. Abstenerse, personas alegres y entrometidas. Y en la situación en que se encuentra, Iris ve en esa oferta de trabajo una ventana abierta a cambiar de vida. Además se siente plenamente identificada con lo de abstenerse, personas alegres y entrometidas. Así que no lo duda.

Rompe con todo, incluido su pareja, Alister, y se marcha a una vieja masía de Lampordán de nombre Mastro.

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