Carmen Guillén: Redimir y adoctrinar. El Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985)

Carmen Guillén: Redimir y adoctrinar. El Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985)

3/16/2026 · 56:45
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Entrevista de Manuel Pedraz a Carmen Guillén sobre su ensayo “Redimir y adoctrinar. El Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985).
Tras décadas de silencio, Carmen Guillén desvela la historia de una de las instituciones represivas del franquismo que más se prolongó en el tiempo, trascendiendo incluso a la muerte del dictador, el Patronato de Protección a la Mujer, que siguió existiendo hasta 1985. Trabajo, oración para redimir, disciplina y castigo fueron los cuatro pilares de la institución que prefiguró el modelo de la mujer en el franquismo, basado en las políticas de dominación y sometimiento del patriarcado, pero con la singularidad de que la dictadura la convirtió en política de Estado y se convirtió en la más clara y palpable muestra del nacional catolicismo. Cn apariencia de institución de ayuda o beneficencia, en la práctica, según Carmen Guillén, fue una cárcel social solo para mujeres, en la que se entraba sin juicio ni posible defensa y con la acusación mayoritaria de inmoralidad.

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Historias de papel. Premio Nacional de Fomento de la Lectura.

Redimir y adoctrinar. El patronato de protección a la mujer 1941-1985. De Carmen Guillén.

Esta puede ser la definición más acertada, pero con el agravante de que era incluso peor que una cárcel en la medida en que se entraba sin un delito tipificado. La mayor parte de expedientes con los que contamos son de mujeres que entran simplemente por inmoralidad, con todo lo ambiguo que puede ser ese concepto. Entran sin haber asistido a ningún tipo de juicio.

Y entran sin una condena. Eso quiere decir que ellas saben cuándo entran, pero no saben cuándo van a salir. Entonces, desde un punto de vista arquitectónico, funcional, es como una cárcel, porque estamos hablando de edificios que muchas veces tenían rejas en las ventanas y el funcionamiento y la disciplina era igual porque había privación de la libertad, trabajos forzados, pero era peor que una cárcel. Entonces, creo que esa definición es acertada, pero siempre hay que matizar ese agravante.

Esa definición es cárcel moral solo para mujeres. Así es como Carmen Guillén presenta, con los agravantes que no son menores que ella añade, el patronato de protección a la mujer, una institución franquista que perduró en el tiempo de forma incomprensible, más allá de la muerte del dictador, porque se creó en 1941 con la presidencia de honor de Carmen Polo de Franco y se disolvió oficialmente.

El Ministerio de Justicia, que era quien la mantenía, dejó de aportar fondos en 1985. Han escuchado bien, 1985, cuando el primer gobierno de Felipe González llevaba ya tres años en el poder y se encaminaba hacia su segunda mayoría absoluta.

Y su disolución no fue consecuencia, digamos que de una voluntad expresa del gobierno que ejercía democráticamente el poder una década después, recordemos, de la muerte del dictador, sino provocada por el escándalo que se destapó dos años antes tras la extraña muerte de una de las mujeres que se encontraban recluidas en el convento cárcel que el patronato tenía concertado en San Fernando de Henares.

Uno de los más duros del país junto al de Baeza. Escándalo que se incrementó por la negativa inicial de las monjas a dejar entrar en las dependencias del convento a las autoridades policiales y judiciales que investigaban esa muerte por las sospechas que existían de haberse producido por suicidio ante las malas condiciones de vida o, aún peor, por malos tratos.

Las investigaciones abiertas tras esa muerte destaparon lo que congregaciones de monjas, especialmente adoratrices y oblatas, venían haciendo con las mujeres que acababan recluidas en sus conventos o en los centros que ellas regentaban desde hacía más de 40 años dentro de la estructura del patronato. En ese, concretamente de San Fernando de Henares, como decimos, uno de los que más duras disciplinas aplicaba, porque allí eran internadas las mujeres más rebeldes o reincidentes en intentos de fuga, descubrieron un habitáculo, una celda de castigo para que nos entendamos, conocido como el chiscón, en el que las en él recluidas solo podían estar en cuclillas y allí pasaban días y días para purgar sus penas por sus afanes de vivir con más libertad.

Una historia tan dura, la de la existencia del patronato de protección a la mujer y sobre todo la de las consecuencias que tuvo para miles y miles de mujeres durante el franquismo, cuyas actividades represivas, como decimos, se prolongaron una década después de la muerte del dictador y de la llegada de la democracia, que invita cuando menos a un par de preguntas o tres tan lógicas como sencillas. ¿Cómo pudo sobrevivir tanto tiempo a la dictadura? ¿Cómo ha permanecido esta historia oculta para la sociedad española durante tanto tiempo? ¿Cómo es que no hemos sabido de su existencia hasta hace apenas unos años, muy pocos años? Quizá tenga que ver también con el relato que se fue construyendo sobre la dictadura franquista.

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