

Description of Chapeando: El coraje de los cubanos
El jueves llegan los restos de nuestros compatriotas caídos heroicamente defendiendo la soberanía de Venezuela y corresponde hablar del tema que sigue siendo dominante en las redes, debido a que los subordinados al Rubio-Trumpismo y los medios que reproducen sus mensajes amplifican las amenazas a Cuba como previsible próximo blanco de ataque, buscando amedrentar.
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Venimos chapeando. Chapeando bajito, Bárbara Betancourt. Desde Cuba y para el mundo, para que no le hagan cuento. Soy Reyné Eduardo, me sumo al análisis. Y Arlín Rodríguez de Rivet. Venimos chapeando, chapeando bajito, para que ninguna fake news se cuele. ¡Ay, señor de la...
Hola, buenísimos días a toda la audiencia y a mis colegas, Bárbara Betancourt, buenos días. Muy buenos días, buenos días para ti, para Reiner, para el colectivo de Reynelde y por supuesto, muy buenos días para toda la audiencia. Buenos días, Reiner Eduardo.
Hola, bueno, sí, me oye. Buenos días, a ti, a Babi, a todo el colectivo de Reverde y también por supuesto a toda nuestra audiencia. Bueno, y también un saludo al colectivo, por supuesto. El jueves llegan los restos de nuestros compatriotas caídos, heroicamente defendiendo la soberanía de Venezuela. Así que hoy toca hablar del tema, un tema que sigue siendo dominante en las redes.
Y hay que decirlo, los gusanillos de siempre, los subordinados al rubiotumpismo, porque ya me parece que Rubio manda más que Trump, y los medios que reproducen acríticamente todo lo que dice el autodeclarado rey del hemisferio occidental.
Solo están amplificando las amenazas contra Cuba como previsible próximo blanco de ataque. Yo creo que esto es parte del plan para amedrentarnos, porque el miedo debilita y también tienen que cumplir la tarea que creen que les va a garantizar un premio del imperio, de dejarlos allí a vivir y no deportarlos. Por eso yo creo que más que oír a cualquiera de ellos es mejor oír.
A quienes tienen otra perspectiva del mismo tema, justamente de crítica hacia lo que le llamaba, como era que le decía Chávez, bueno, rayadillos para nosotros aquí en la época de la lucha contra el imperio español, pero tenían también su nombre, los cipayos, ¿no? Los cipayos. Vamos a escuchar cómo lo dice este periodista.
Hay una tragedia mayor que la invasión militar de un país, la invasión mental de sus ciudadanos. En medio de la crisis regional, duele ver compatriotas celebrando las amenazas de Washington como una salvación. A estas personas es necesario hablarles con brutal honestidad. Son las grietas del dique por donde se cuele el agua que terminará ahogándonos a todos y todas. Abrirle la puerta al invasor es un suicidio, no una liberación.
El primer error de la mente colonizada es creer que Estados Unidos viene a poner orden para luego irse. La historia demuestra todo lo contrario. Cuando una potencia entra por la fuerza, no lo hace para cambiar el gerente, sino para quedarse con la empresa. ¿Llegó la democracia suiza a Irak o la prosperidad a Libia? No. Llegó el saqueo y la devastación. El invasor no viene a salvarte de tu presidente. Viene por tu petróleo, tu litio y tu agua.
Y cuando se los lleven, estarás en las mismas condiciones, pero ahora sin país.
Esperar dignidad de quien históricamente ha asfixiado la región es un síndrome de Estocolmo geopolítico. Es la lógica de creer que si sonríes el abusador dejará de golpearte. La violencia imperial no distingue entre buenos ciudadanos y rebeldes. Para el capital transnacional todos somos prescindibles. Creer que por apoyar la invasión te sentarán a la mesa de los vencedores es una fantasía infantil. Te dejarán, si acaso, recogiendo las migajas.
En democracia se debe disentir, pero hay una línea roja. El gobierno es temporal, la nación es permanente. Desear que invadan tu tierra por odiar a un líder político es como incendiar tu casa con tu familia adentro solo porque no soportas al padre. El líder quizás caiga, pero las bombas, el hambre y la destrucción las pagarán tú, tus hijos y tus nietos.
Pedir intervención externa es renunciar a la adultez política y admitir que somos incapaces de resolver nuestros propios problemas. Si el dique se rompe, el agua no seleccionará a quién ahogar. La invasión es una aplanadora que no respeta ideologías. Entender esto no te obliga a amar a tu gobierno, sino a defender tu suelo. En una colonia no hay ciudadanos, solo súbditos. Y a los súbditos nunca les va mejor, porque aplaudir las cadenas no te hace libre.
Aplaudir las cadenas no te hace libre, Babi. Pues qué bien, qué bien. Y cuántas veces probado por la historia. Y escuchaba este sonido que me ha parecido excelente. Pensaba en mucha gente.















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