

Description of El Círculo de Canter
Una herramienta para delimitar la zona más probable en la que un delincuente serial vive o trabaja.
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Cuando hablamos de criminología, solemos pensar en perfiles psicológicos, móviles o modus operandi, pero rara vez nos detenemos en algo que, paradójicamente, es uno de los indicadores más sólidos del comportamiento general y, por lo tanto, también del comportamiento criminal, que es el espacio. Los lugares donde un delincuente actúa, las rutas que traza entre sus delitos, los puntos en los que se siente seguro o donde evita moverse, configura un mapa invisible que dice mucho más de su mente de lo que nos parece.
Hoy quiero hablaros del círculo de Cantor, una de las herramientas más conocidas dentro del denominado análisis geográfico del delito y que fue creada por el psicólogo y criminólogo británico David Cantor. Cantor fue uno de los pioneros en lo que hoy conocemos como perfilación geográfica criminal.
A principios de los años 80 del siglo pasado, en el Reino Unido, la policía británica se enfrentaba a una serie de violaciones y asesinatos cometidos cerca de las estaciones de tren en el sur de Inglaterra. Los agentes sabían que estaban ante un mismo autor, pero no lograban terminar de localizarlo. Fue entonces cuando decidieron pedir ayuda a Cantor, un académico que hasta entonces trabajaba más en el ámbito de la psicología ambiental que en la investigación criminal puramente dicha. Aquella colaboración marcaría un antes y un después en la criminología aplicada en este área.
El caso del llamado Railway Rapist o violador de los ferrocarriles fue el laboratorio en el que nació el enfoque geográfico del delito moderno. Cantor analizó la localización de cada ataque, la secuencia temporal, los horarios y la disposición espacial, y se dio cuenta de algo que hoy puede parecernos muy obvio, pero que en aquel momento fue muy revolucionario. Los delincuentes, incluso los más inteligentes o precavidos, tienden a cometer sus crímenes dentro de un área que les resulta familiar, una especie de territorio de mapa mental que combina oportunidades, accesibilidad y una percepción de control.
De esa observación surgió la idea del círculo de Cantor, una representación gráfica de la lógica espacial del propio delincuente. La teoría es sencilla en apariencia. Si trazamos un mapa con los distintos lugares donde un criminal ha actuado y delimitamos el punto más alejado en cada dirección, esto es norte, sur, este y oeste, podemos dibujar un círculo que encierra todas las escenas del crimen de esa persona que hasta ese momento hayamos conocido.
Según Cantor, el delincuente suele vivir o tener su base de operaciones dentro de ese círculo y, más concretamente, cerca del centro o ligeramente desplazado hacia el área donde se concentran los primeros delitos. Esta idea parte de dos principios fundamentales. El principio de actividad rutinaria, que sostiene que las personas, incluidos por supuesto también los delincuentes, se mueven dentro de áreas conocidas y predecibles.
El otro principio fundamental sería el del patrón espacial. Este describe cómo los comportamientos delictivos se distribuyen de acuerdo con el conocimiento ambiental del agresor. O dicho de otro modo, el círculo no es una fórmula mágica, sino una herramienta que traduce la psicología en geografía. En el caso del railway rapist, Cantor trazó ese círculo sobre el mapa y propuso que el agresor vivía en la zona de Kilburn, que está situada al noroeste de Londres.
Cuando la policía finalmente identificó al sospechoso, que era John Duffy, un técnico ferroviario, descubrieron que efectivamente residía dentro del área predicha. Aquello fue un triunfo para la ciencia del comportamiento. Por primera vez un perfil psicológico y geográfico había contribuido de forma directa a la captura de un criminal en serie.
Pero más allá de su valor operativo, el círculo de Cantor abrió una nueva forma de entender el crimen. Ya no sólo se trataba de buscar huellas, ADN, indicios físicos, sino también de leer el espacio como un texto, de entender que cada lugar elegido por un delincuente responde a una lógica interna, una combinación de seguridad, oportunidad y familiaridad.
El círculo era, en el fondo, una ventana a la mente del criminal. Con el tiempo, Cantor desarrolló junto a sus colaboradores el modelo Crime Location Analysis, que se apoya en la noción de espacio de confort criminal. Según este modelo, los delincuentes planifican sus movimientos dentro de un radio que conocen bien, pero evitan actuar en el espacio.















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