
Cuarto Milenio: Expedición a la isla de las cruces

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Existe una isla en el confín del planeta que encierra una trágica historia llena de misterio y silencio. Hace 120 años decenas de trabajadores madereros chilenos murieron abandonados en extrañas circunstancias en medio de una de las selvas más salvajes del mundo, en la Patagonia Chilena.
Estos hombres fueron abandonados a su suerte por la compañía que los contrató y, hoy en día, el único testimonio mudo de aquella tragedia es un puñado de sencillas cruces sin nombre, invadidas por la maleza.
Un equipo de Cuarto Milenio comandado por el periodista Pablo Cañarte ha conseguido llegar hasta este lugar inhóspito, en una dura expedición que nos ofrecerá unas imágenes impresionantes de esta historia olvidada.
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Como la edad de Cristo, 33 cruces en un paraje que es el auténtico fin del mundo. Y van a ver cómo esto no es una cuestión de literalidad, sino que se cumple, pero realmente. 33 cruces que podrían ser hasta 107, pero muchas desaparecieron. Los cuerpos ya no existen, la acidez del terreno los devoró. Pero ¿por qué 33 cruces en este fin del mundo? Hacía mucho tiempo que mi querido amigo Pablo Cañarte, con quien he tenido la fortuna de vivir algunas aventuras increíbles, en los desiertos chilenos, me hablaba de este sitio. Me dice, Iker, algún día tendremos que contarlo. La primera vez que me dijo algo de esta isla, la isla de los muertos, en la Patagonia chilena, me lo contó no lejos de las tierras de Iquique, yendo en un coche, en una oscuridad absoluta. Íbamos ahí con Carmen y con Juan Jesús Vallejo. Y la primera vez que él se refiere como lugar de misterio.
Y en ese entorno, yo que me suelo quedar con las cosas, digo, algún día lo haremos. Bien, era como una idea de un islote perdido, hace falta muchas horas para llegar, todo tipo de transbordos y no es nada fácil, en ese lugar de América donde ya nos vamos prácticamente a tierras antárticas. Ahí pasó una tragedia muy grande que les vamos a contar y que hemos recreado con la idea de una manera, o sea, no sé, me parece que estamos ahí, ahí. En la época, con los trajes, con vuelos a los barcos. O sea, reconstruyendo una historia que no existe documentación gráfica, apenas unas cuantas fotos. Dándoles vida a esas fotos para que se conviertan en una auténtica serie para todos ustedes. Pero ustedes me dirán, bueno, ¿y qué pasaba en la era de las cruces? La tragedia la van a conocer ahora. Hablamos de 1906. Por cierto, solo una de las cruces guarda una clave, un código, que lo van a poder ver.
Cañarte consiguió los permisos para desplazarse en un lugar donde las nieves prácticamente perpetuas cierran cualquier comunicación en ocasiones y donde uno corre el peligro de verse atrapado. En los últimos tiempos, el gobierno chileno, en homenaje a aquellas personas muertas que ustedes van a conocer, más que muertas, abandonadas, a su suerte, hizo una especie de pasarela en un territorio donde construir con madera incluso es difícil. Hundimientos, caídas, bueno, pero quisieron hacer una especie de homenaje. de recuerdo de la propia historia. Le cuentan a Cañarte, Soto Boche, y durante mucho tiempo que los que están a nivel gubernamental haciendo esas obras, de pronto, a última hora, cuando por supuesto no puede haber ningún visitante y donde el acceso es tan difícil, se encuentran, por ejemplo, una figura que va caminando. La siguen, la siguen, la siguen y ya no hay figura. Y esto es una pasarela que va hacia la nada.
No puedes tirarte al agua helada sin ver un cuerpo. Simplemente no existe. En otra ocasión, tres figuras, una junto a otro, como si fuera casi una familia o tres compañeros. Y desde la lejanía la sensación de que llevan viejos ropajes. Ropajes de obreros de principios del siglo XX. Y conforme el vigilante encargado de esas obras accede a ellos con su candila y quien va a quinarlo, o con su linterna, estos se esfuman como un dibujo perdido. Todo en la isla de los muertos. Y ha habido personas que han tenido miedo a trabajar en la isla de los muertos. Porque se imaginan lo que es un lugar donde solo hay cruces y casi nadie sabe su historia. Bueno, pues creo que es interesante que nuestro compañero Cañarte, con uno de los antropólogos que empezó a rescatar esta historia, hayan cogido su fal triquera y se hayan metido en este viaje alucinante al fin del mundo. Para contarles ustedes.




















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