Danos siempre de ese pan

Danos siempre de ese pan

6/9/2026 · 20:42
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Description of Danos siempre de ese pan

Meditaciones predicadas por varios sacerdotes con motivo de algún evento o festividad y que han sido seleccionadas para su aprovechamiento por el público en general. Habitualmente han sido predicadas en un entorno sagrado y dirigidas a cristianos que desean profundizar en su vida interior de relación con Dios.

meditación espiritualidad teología cristianismo
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Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. madre mía inmaculada san josé mi padre y señor ángel de mi guarda interced por mí la masa que iba con el pueblo estaba hambrienta y los hijos de israel se pusieron a llorar con ellos diciendo quién nos diera carne para comer cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en egipto y de los pepinos y melones y puerros y cebollas y ajos en cambio ahora se nos quita el apetito de no ver más que mana recuerdo cuando era pequeño un día que apareció en clase el sacerdote y con la cara llena de alegría nos dijo mirad niños hay algo que os tengo que enseñar es impresionante he visto a jesús claro nosotros Tan niños, tantas veces nos habían hablado de ese buen Jesús, nos quedamos muy sorprendidos y muy emocionados.

Nos dijo, ¿queréis verlo? Por supuesto. Y ante nuestro asombro, el profesor dejó que corriéramos detrás de ese sacerdote que nos iba a enseñar a Jesús. Mientras íbamos pasando por los pasillos, subíamos la escalera, nos imaginábamos cosas extraordinarias. ¿Cómo sería Jesús? ¿Qué le iba a decir? Por fin iba a ver su rostro. Y cuando nos paramos delante de una puerta que muchas veces nos habían hecho traspasar, nos imaginamos lo que iba a pasar. Y el sacerdote abrió la puerta, nos dejó entrar en la capilla y mostrándonos el sagrario con el dedo nos dijo, ahí, ahí está Jesús, ya podéis hablar con él.

Qué pena la nuestra porque nos decepcionamos. Le respondimos algo así como, ya está, ¿eso es todo? Eso ya lo sé. Esta es la experiencia del pueblo de Israel que hemos escuchado en ese breve pasaje del libro de los números. Habían salido de Egipto. Tenían que caminar por el desierto hacia la tierra prometida. Y Dios, que es padre, no les va a dejar de alimentar ni un solo día. cada mañana descendía el maná como rocío ellos lo recogían lo necesario para cada día no se podía acumular porque si no se corrompía y ningún día les faltó pero en cambio como hemos escuchado se acostumbraron y ya les pareció que ese maná no era un milagro del cielo era un pan sin sustancia un pan que ya no tenían apetito de comer Pues en este breve rato de oración queremos, en primer lugar, hacer esta petición a Jesús.

Jesús, que no me acostumbre al milagro de la Eucaristía. Porque esos israelitas se acostumbraron al milagro del maná. Incluso les empezó a no apetecer. Como yo de niño. Me pareció que ya era algo sabido. Jesús está en la Eucaristía. ¿Qué hay de extraordinario? Cambiemos el tono de esas palabras. Jesús está en la Eucaristía. Y por eso en este momento de oración queremos reflexionar un poco sobre la Eucaristía. Nos quedaremos cortos. Porque lo primero y principal es saber que es un misterio de amor. Y si no, no lo entenderemos. Si no sabemos que la Eucaristía es el amor de los amores, que Cristo se ha querido quedar con nosotros, que sólo el amor es lo que le ha hecho permanecer en medio de nosotros, en cada sagrario, no lo entenderemos, no lo amaremos. Por eso le pedimos también al Señor una segunda cosa al inicio.

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