
Día Mundial de los Primeros Auxilios: conocerlos, tan importante como compartirlos. La historia de Davinia

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No hay cobertura. No hay carreteras. El centro de salud más cercano está al otro lado de un río, pero no un río cualquiera, el río Gambia, uno de los mayores de África. En medio del bosque, hay centenares de pequeñas comunidades formadas por unas cuantas familias. Con escasez de recursos, con dificultades y sin acceso a servicios básicos, como la sanidad. Cada año, el Día Mundial de los Primeros Auxilios nos recuerda la importancia de saber actuar en los primeros minutos ante una emergencia pues puede marcar la diferencia entre vivir y morir. Pero ¿qué hacer si nadie sabe cómo actuar? Hoy te contamos la historia de Davinia Arraez, enfermera, formadora, madre, mujer comprometida, amante del deporte de aventuras y compañera de nuestra dirección provincial de Pamplona, que este verano ha viajado a Senegal y lo ha hecho para enseñar primeros auxilios.
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No hay cobertura, no hay carreteras. El centro de salud más cercano está al otro lado de un río, pero no un río cualquiera, el río Gambia, uno de los mayores de África. En medio del bosque hay centenares de pequeñas comunidades formadas por unas cuantas familias, con escasez de recursos, con dificultades y sin acceso a servicios básicos como la sanidad. Cada año, el Día Mundial de los Primeros Auxilios, que celebramos este sábado, nos recuerda algo esencial. Saber actuar en los primeros minutos puede marcar la diferencia entre vivir y morir.
Pero ¿qué hacer si nadie sabe cómo actuar? Hoy te contamos la historia de Davinia Arraez, enfermera, formadora, madre, mujer comprometida, amante del deporte de aventuras y compañera de nuestra Dirección Provincial de Pamplona. Este verano ha viajado a Senegal y lo ha hecho para enseñar primeros auxilios. Te damos la bienvenida a Podcast FM, donde hoy te traemos la historia de profesionales a los que queremos rendir homenaje porque con sus manos, su conocimiento y su voluntad llevan salud y esperanza. Esta es la historia de Davinia.
Toda la vida, desde bien pequeñita, sabía que quería dedicarme a la sanidad. No sé, primero médico, después enfermera, después traumatólogo. Bueno, pedía esas cosas que vamos variando. Pero siempre, desde, no sé, te diría 14 años o así, he tenido claro que quería cooperar, que yo quería ir a esos países y ayudar a quien pudiera, que necesitara más que yo. Con la vocación tan clara, incluso hizo una llamada clave en su vida para orientar bien sus pasos y recorrer el camino correcto hacia su destino. Y antes de empezar a estudiar, llamé a Médicos Sin Fronteras para preguntar qué se necesitaba para poder trabajar como cooperante.
Empecé a estudiar auxiliar de enfermería, después hice anatomía patológica, y después enfermería. Y a partir de, una vez fue enfermera, dije, ya el cerebro dijo clic, ahora sí puedo. Una vez adquirida su formación sanitaria, hizo su primer viaje internacional como voluntaria. En Senegal atendió a pacientes enfermos de malaria, aunque también a quienes padecían otras dolencias. Y una vez allí descubrió que algo más debía hacerse, que había muchos flancos que cubrir, que curar es casi tan importante como enseñar a curar.
Estuvimos en un lugar también remoto, que muchos de ellos no habían visto un médico en su vida, y que claro, nosotros íbamos allí para 15 días, pero en realidad a los 10 días se nos terminaron todas las medicaciones, todo, y nosotros nos íbamos. Y nunca más íbamos a volver en principio a ese lugar. ¿Y qué pasaba con esa gente? Tiene más sentido ir a formarles a ellos para que puedan hacer la asistencia allá y no ir nosotros de salvadores.
Por eso, las ONGs con las que fui después, pues eran más enfocadas a la formación. Ahí comenzó un viaje personal, formarse para formar, ampliar sus conocimientos para a su vez poder trasladarlos, porque enseñar era capacitar y empoderar. Decidí formarme más y hacer el máster en medicina tropical y geografía médica, y ahí después de ese máster, las prácticas, digamos, fui a realizarlas a Brasil.
Y después de Brasil, también Honduras. Allí mostraba cómo tomar la atención, mirar la temperatura, aliviar algunos síntomas comunes, cómo curar patología infecciosa muy habitual en destinos tropicales. Davinia nos describe quiénes formaban su alumnado. Se capacita a agentes de salud y a ayudantes de Matrona para que en esa comunidad, si hay algún problema, ellos puedan solventarlo, lo que sea pequeñito y lo que no, lo puedan derivar al centro de salud o lo que ellos digan, bueno, pues esto sí tiene que ir. Y son voluntarios, o sea, no cobran ni un duro. Lo peor de todo es que no tienen nada de material, material cero. O sea, que tienen que curar heridas con agua, jabón y trozos de trapo.
Claro, es muy, muy limitado. En la vida de Davinia llegó entonces el momento de hacer un parón personal. Ya había dejado Barcelona, donde nació, para establecerse en Navarra, donde se convirtió en madre. Su mudanza y su maternidad son claro ejemplo de la forma de vida que ha escogido junto a su pareja. Vivo en un pueblo de cinco habitantes, en medio de un valle aquí en Pamplona, en Navarra, vamos, y mi hijo ha sido el primer niño en nacer en 63 años en el pueblo.
Esta peculiaridad vital es tan llamativa como la llamada que seguía resonando en su cabeza y que sintió por primera vez de adolescente. Tengo una cosa clarísima y es que es algo que toda la vida me está llamando, toda la vida me está llamando, me está diciendo, tengo que ir, tengo que ir, tengo que ir.
Fue entonces cuando decidió retomar su actividad de voluntaria y lo hizo con África Sagabona, a quienes desde Fraternidad Mupresma agradecemos profundamente que nos hayan permitido poder compartir las imágenes y las imágenes.



















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