
Description of Economías transformadoras
Frente al capitalismo global, surgen grietas y espacios de resistencia, como iniciativas reales que ya están construyendo un futuro basado en la solidaridad, la cooperación y la sostenibilidad. Analizamos sus logros, pero también sus tensiones diarias: la lucha por la sostenibilidad, la compleja relación con el Estado y el reto de crecer sin perder su esencia
Sama Acedo, S. y Pfeilstetter, R. (2025). “Economías transformadoras”. Desarrollos teóricos y prácticas asociadas. Revista Española de Sociología, 34(4), a275.
https://doi.org/10.22325/fes/res.2025.275
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Hola y bienvenidos a esta exploración.
Hoy nos vamos a sumergir en un concepto que está ganando bastante peso, las economías transformadoras.
Y para guiarnos, tenemos como referencia un editorial muy interesante de la revista española de Sociología.
Se titula Economías transformadoras, desarrollos teóricos y prácticas asociadas.
Y los autores son Sara Samacedo y Richard Feilstetter.
Pues nuestra misión hoy es desgranar un poco esto.
¿Qué son exactamente? A ver, se habla de iniciativas que buscan reorganizar la economía, basándose en cosas como la solidaridad, la equidad, la cooperación, la sostenibilidad.
Vamos, como una alternativa a la lógica capitalista más dominante.
Exactamente.
Y es importante el contexto que señalan los autores.
No surgen de la nada.
El artículo la sitúa muy claramente como una respuesta a una crisis ecosocial profunda, que no es solo ecológica, también es de cuidados del modelo económico en sí.
Y, claro, también al debilitamiento del estado del bienestar que hemos visto.
Estas prácticas, en esencia, lo que intentan es reconectar la economía con la sociedad y con la ecología.
Entiendo, o sea, que nacen de una necesidad, de una crisis.
Pero, ¿esta etiqueta, Economías transformadoras, es algo totalmente nuevo o recoge ideas que ya estaban ahí? Buena pregunta.
A ver, el término como tal sí que ha cogido fuerza más recientemente, sobre todo en espacios activistas.
Mencionan, por ejemplo, el Foro Social Mundial de las Economías Transformadoras en Barcelona.
Pero las ideas de fondo beben de muchas fuentes, algunas con mucha historia, el socialismo utópico, el anarquismo, y también de corrientes más actuales como el ecofeminismo o las perspectivas decoloniales.
No es tanto una teoría única, ¿sabes? Es más bien un marco amplio.
Sí, sí, totalmente.
Se aborda desde la sociología, la antropología, la economía.
Se considera un concepto útil porque, digamos, conecta tres cosas.
La crítica teórica, la propuesta política y la acción práctica.
No busca ser una escuela cerrada, sino más bien integrar, poner a dialogar enfoques que ya existen y que comparten esa voluntad de cambio, como la economía social y solidaria, la economía feminista, la gestión de bienes comunes, la agroecología.
Vale, entiendo.
Y para explicar cómo funcionan estas iniciativas, en el artículo usan unas metáforas bastante visuales.
Una de ellas es la de la grieta.
¿Nos puedes contar un poco? Claro.
Es una idea popularizada sobre todo por John Holloway.
Se refiere a cómo ciertas prácticas, a veces cotidianas, a veces pequeñas, pueden ir abriendo como fisuras en la lógica dominante del capitalismo.
Son intentos de crear espacios alternativos aquí y ahora.
Ponen en cuestión, por ejemplo, la idea de que el trabajo solo vale por su precio en el mercado o esa tendencia a convertirlo todo en mercancía.
Interesante.
Abrir fisuras desde abajo, digamos.
Y junto a la grieta mencionan también el intersticio.
¿Son lo mismo o hay matices? Son complementarias, yo diría.
La idea del intersticio la trabajó mucho Eric Olinwright.
Él veía el capitalismo no como un bloque sólido, impenetrable, sino como un sistema con huecos, con zonas donde su lógica no lo domina todo por completo.
Entonces, las economías transformadoras actuarían ahí, en esos intersticios.
Interactuando, claro, con el mercado y con el Estado.
Eso es inevitable.
Pero buscando fomentar lo que él llamaba el poder social.
O sea, formas de organización más democráticas, más colectivas.
Wright, de hecho, evaluaba estas utopías reales, estas iniciativas concretas, bajo tres criterios.
Si eran deseables, si eran viables y si eran factibles.
Y reconocía que hay tensiones entre esas tres cosas, claro.
Esto me recuerda a otro término que se puso muy de moda, sobre todo después de la crisis de 2008.
El emprendimiento social.
¿Podríamos decir que es parte de esto o hay diferencias importantes? Pues es un punto clave y que genera debate, la verdad.
A veces se solapan, sí, pero a menudo hay diferencias de enfoque.
Las economías transformadoras suelen poner más el acento en lo colectivo, en buscar un cambio estructural más profundo.
Mientras que el emprendimiento social, en algunas de sus versiones, quizás se centra más en soluciones innovadoras, pero más individuales, dentro del sistema.
Y a veces, bueno, existe el riesgo de acabar mercantilizando problemas sociales o de caer en la figura del emprendedor héroe.
No siempre es así, pero la tensión está ahí.
Entiendo la diferencia de enfoque.
Y dada toda esta complejidad, las distintas raíces, esas tensiones con el sistema, ¿cómo propone el artículo que estudiemos estas iniciativas, para entenderlas de verdad? Pues precisamente por esa complejidad y porque estas iniciativas viven en una tensión constante.
¿Cómo ser viables económicamente sin traicionar principios? ¿Cómo relacionarse con las instituciones sin perder autonomía?
















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