
Emmy Noether: El genio matemático que asombró al mismo Einstein

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¿Sabías que la teoría más famosa de Albert Einstein estuvo a punto de irse a la basura por un error matemático? En este episodio de Olvidadas por la Ciencia, descubrimos a Emmy Noether, la mujer que resolvió el gran "agujero negro" de la Relatividad General y terminó cambiando la física para siempre.
A pesar de que la universidad de su época llegó a declarar que la entrada de mujeres "destruiría el orden académico", Emmy demostró una genialidad suprema. Desde dar clases sin sueldo bajo el nombre de profesores hombres, hasta ser perseguida por los nazis y rechazada en Princeton por su condición de mujer, su vida fue una lucha constante contra prejuicios imposibles.
Con la colaboración de: Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) – Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.
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Olvidadas por la ciencia, un podcast del Centro de Láseres Pulsados. Cuenta con el apoyo de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Olvidadas por la ciencia, científicas en la sombra, heroínas del progreso. Imaginad por un momento que todo lo que sabemos de la física moderna pudiera resumirse en una sola idea. Una idea tan poderosa que conecta la belleza de las matemáticas con las leyes más profundas del universo. Ahora, imaginad que esa idea no salió de un Einstein ni de un Newton, sino de una mujer, en una época en la que a las mujeres ni siquiera se les permitía tener un título universitario. Su historia es la de alguien que no solo tuvo que luchar contra ecuaciones imposibles, sino también contra prejuicios imposibles. Y aún así, triunfó. Hoy la protagonista de nuestro podcast es una mujer de la que Einstein dijo que era el genio matemático más importante desde que comenzó la educación superior para las mujeres. Su nombre era Emino Eder.
Nació en 1882 en la ciudad de Erlangen, en Alemania, y aunque quizás no sea tan famosa como otras grandes nombres de la ciencia, su legado está en el corazón mismo de la física moderna y del álgebra. El teorema de Noether, sí, lleva su nombre, es la razón por la cual los físicos pueden conectar las simetrías de la naturaleza con las leyes de la conservación. En pocas palabras, gracias a EMI, entendemos por qué la energía, el momento o la carga eléctrica se conservan en el universo. Sin ese teorema, muchas de las teorías actuales de la física simplemente no funcionarían. Pero su historia no es solo científica, también es una historia de lucha. Lucha contra los prejuicios de su época porque a principios del siglo XX ser mujer y querer dedicarse a las matemáticas era casi un acto de rebeldía. Lucha contra las instituciones académicas que no querían reconocerla y lucha contra las circunstancias políticas porque siendo judía en la Alemania de los años 30 tuvo que abandonar su país y continuar su trabajo en el exilio. Podríamos pensar que crecer en un hogar con un padre matemático la encaminaba hacia ese destino, pero nada más lejos de la realidad.
A los 7 años, Emi entró en la escuela secundaria para señoritas de Erlanguil. ¿Y qué aprendían allí? Pues lo que se suponía que debía aprender una mujer de bien. Francés, inglés y, por supuesto, un poco de piano. Porque, claro, había que estar lista para amenizar las veladas familiares. Matemáticas avanzadas, ciencias... Eso estaba reservado para los chicos, con un plan de estudio serio, exigente y que además les daba el título necesario para entrar en la universidad. A las niñas, en cambio, les daban un certificado de adorno, poco más que un gracias por participar. Así que adivinad, cuando Amy terminó la escuela no podía acceder oficialmente a la universidad. Ese fue su primer gran muro. Pero Amy no era alguien que se conformara y entre 1897 y 1900 se formó en lenguas extranjeras para optar a un examen oficial que la habilitaba como profesora. Pasó la prueba, sí, pero aquí viene la primera de sus rebeldías. No quería enseñar francés ni inglés, no quería limitarse a lo que la sociedad esperaba de ella, quería ser matemática. Aunque el panorama en la universidad era desolador.
Ese mismo año, en 1900, El Senado de la Universidad de Erlangen declaró textualmente que la entrada de mujeres destruiría todo el orden académico, así, con dos bemoles. Aún sin título oficial, Amy consiguió entrar en la universidad como oyente, es decir, podía asistir a las clases si los profesores les daban permiso, pero no era considerada estudiante de pleno derecho. Entre 1900 y 1903... Se colaba en las lecciones de matemáticas, de historia, de lenguas, aunque poco a poco lo fue dejando para centrarse en su verdadera pasión, el álgebra. Mientras tanto, se preparaba por libre para aprobar el examen que le daría por fin el título de secundaria completo. En 1903 lo consiguió y con la gorra. Ahora sí, podía aspirar oficialmente a entrar en la universidad. ¿Y adivináis dónde decidió ir? A Gottingen, nada menos que la capital mundial de las matemáticas en ese momento. Allí enseñaban David Hilbert y Felix Klein, dos gigantes de la historia de la disciplina. El mismísimo Hilbert defendía que las mujeres tenían tanto derecho como los hombres a estudiar matemáticas y su apoyo fue fundamental para Amy.



















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