

Description of En Betania
Meditaciones predicadas por varios sacerdotes con motivo de algún evento o festividad y que han sido seleccionadas para su aprovechamiento por el público en general. Habitualmente han sido predicadas en un entorno sagrado y dirigidas a cristianos que desean profundizar en su vida interior de relación con Dios.
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Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda, Interceded por mí. Hay escenas del Evangelio que parecen escritas para nuestro tiempo. Pienso que la visita de Jesús a la casa de Marta y María es una de ellas. En este rato de oración te invito a asomarte a esta conocida escena. Los discípulos han abandonado Cafarnaún, dirección Jerusalén, pero en este trayecto Jesús decide pasar antes por Betania. Al llegar, el Señor se hospeda en casa de su gran amigo Lázaro.
Mientras su hermana Marta se afana en la cocina, María permanece sentada a los pies del Señor. Me gusta imaginármela embobada escuchando a su amigo Jesús, que sigue enseñando con parábolas. Qué bueno es tener en nuestra vida buenos amigos. Y esta escena nos permite imaginar de manera muy cuidada ese ambiente amable, distendido, familiar que Jesús respiraba en Betania, disfrutando de esa compañía de sus seres queridos. Y en este entorno tan hogareño, Jesús disfruta de sus amistades. Esto es muy sano y muy bueno. Y sigue enseñando a sus discípulos y parece totalmente ajeno a las diferentes conspiraciones que se van generando contra él. Por eso, hoy en día, en muchos lugares se le llama Betania a esos lugares de descanso y de oración. Es bueno tener nuestros Betanias. En un momento determinado, Marta...
Cansada y quizá contrariada, se dirige a Jesús con esa confianza que tenía, como podemos también hacer nosotros en circunstancias similares. Tal vez en este momento del año, donde te puedas sentir cansado, solo. Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con el trabajo? Dile que me ayude. Y tú, señor, que respondes con esa ternura que ha consolado a tantas generaciones de cristianos a lo largo de la historia. Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas. Pero una sola es necesaria. Y María ha escogido la mejor parte. Durante mucho tiempo, algunos han leído este pasaje como una especie de oposición. Entre acción y contemplación. ¿En qué equipo estás? ¿En el de Marta o en el de María? No deja de ser una de esas preguntas clásicas entre los diferentes movimientos de la iglesia. Acción o contemplación.
Servir al maestro o escucharle. Todos nosotros tenemos un porcentaje de Marta y de María en nuestra vida. No sé si alguna vez te has parado a considerarlo. ¿Cuál sería el tuyo? Y pienso que el secreto está en integrar en esa lógica a Dios. Contar contigo, Señor, en todo lo que hago. Y no solo esperar a que vengas a casa. Ir también frecuentemente a la tuya. Verte en la Eucaristía, en esos sagrarios que tienes en tu entorno, en tu ciudad. Sin embargo... No es eso lo que tú, Señor, nos quieres enseñar. No corriges a Marta porque trabaje. Tampoco alabas a María porque no haga nada. Lo que corriges es un corazón dividido, inquieto, tal vez disperso. Lo que alabas es un corazón centrado en ti. El problema, lógicamente, no es el trabajo, sino olvidar para quién lo hago, para quién trabajo. Y es verdad. existe el peligro de una















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