

Description of En moto por la Transamazónica
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Alicia Sornosa acaba de regresar de la Amazonía después de recorrer en moto algunas de sus carreteras más duras: la BR-319 y parte de la mítica Transamazónica.
Barro, polvo, calor, cientos de kilómetros sin servicios y una selva que, en algunos lugares, ya no se parece demasiado a la que imaginamos. Hablamos con Alicia de su viaje por Brasil y Perú, de las dificultades de la ruta y de lo que ha encontrado sobre el terreno.
Pero antes os cuento una historia bastante más cercana: lavando mi BMW descubrí un misterioso localizador escondido detrás de una de las maletas. Durante un par de horas llegué a pensar que alguien estaba siguiendo mis movimientos. La explicación resultó bastante menos emocionante… y bastante más absurda.
Además, os cuento una oportunidad para entrar en China en moto desde Kirguistán; Quique Franco, de EstoyDeRuta.com, nos habla desde los Alpes de ese estado de flow que a veces alcanzamos sobre la moto; y tenemos noticias de Motorbeach, que prepara una edición invernal en Almería con la intención de recuperar buena parte del espíritu de sus orígenes.
Y terminamos, como siempre, con vuestros comentarios al programa anterior.
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Viajo en moto. Un podcast de viajes, de aventura, de lugares lejanos o no tanto, y de grandes viajeros o no tan grandes. Hola estimada chabalería, aquí comienza Viajo en moto, el programa de los viajes en moto. Con Roberto Naveiras. Con traje de geisha en Asturias, en el norte de la península ibérica. Hablamos de viajes en moto, viajes en camión, viajes en furgoneta y mil cosas más. Hace unos días dediqué un buen rato a lavar la moto. No es nueva, pero es tan impecable que me gusta dedicarle tiempo y cariño. Agua blanda, jabón neutro, secado con toalla de microfibra y para terminar, cera de carnauba. En el nordeste de Brasil crece una palmera llamada Coperniquia prunífera. Y de sus hojas se obtiene la carnauba, que es una de las ceras vegetales más duras que existen. La palmera utiliza esta cera para protegerse de las inclemencias, defenderse de los insectos y conservar la humedad durante las épocas de sequía.
Y esta cera, aplicada a la carrocería de un vehículo, le da un brillo profundo, casi de espejo, y crea además una barrera frente a los rayos ultravioletas, repele el agua y también protege de los mosquitos y las cagadas de los pájaros. Pues ahí estaba yo, dando cera y puliendo cera como si tuviera el señor Miyagi a mi lado, cuando al retirar una de las maletas descubrí un pegote de cinta americana medio escondido ahí detrás de la maleta, cerca de la rueda ya. Lo primero que pensé fue que se trataba de algún tipo de tope. Pensé, ya me la han colado. La maleta tiene holgura y le han puesto aquí este apaño para que quede bien fijada y no ande aquí, como decimos por la zona, changaneando. Quité la cinta para buscar el origen del problema, a ver por dónde se movía la maleta y ¡oh sorpresa! Debajo de este pegote de cinta apareció una especie de airtag, un localizador.
Mi primera reacción fue bastante lógica. Seguramente lo había instalado el anterior propietario para tener controlada la moto. Así que llamé al concesionario y les pedí que contactaran con el anterior propietario. Más que nada por si quería recuperar el aparato, que yo esas cosas de momento no las uso. No las uso porque tengo el localizador de Atlantis Moto que me va perfectamente, lleva alarma y todo. Bueno, al cabo de un rato me devolvieron la llamada. Resulta que el propietario aseguraba que él no había instalado ningún localizador. Lo único que le había hecho a la moto era cambiar el tapizado del asiento por uno marrón que le gustaba más a su mujer y colocar una base más grande en la pata de cabra para poder aparcar con seguridad en terrenos blandos. Nada más. Eso era lo único que le había hecho, las únicas modificaciones.
Y claro, ahí a mí el corazón me dio un vuelco. alguien estaba intentando seguirme. Si no había colocado el localizador, el propietario, el concesionario tampoco, ¿quién carajos me había colocado un localizador en la moto? Entonces empecé a investigar el aparato. Made in China, por supuesto. Pero el número de serie no conducía a ninguna parte. Y le pasé las fotos a ChatGPT, que me confirmó que efectivamente aquello tenía toda la pinta de ser un dispositivo de localización. Para ese momento yo ya estaba fibrilando. Saqué la navaja y abrí la tapa del aparatín aquel para examinar las tripas. Dentro no había nada que me aclarase demasiado el misterio. Una pequeña placa electrónica y una pila de botón que tenía una fecha escrita a mano. Además llevaba una fecha. Esto le daba ya al asunto un toque todavía más inquietante. Alguien no solo había escondido ahí aquel cacharro, sino que parecía haber anotado.




















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