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Ingredientes imprescindibles para el fortalecimiento de nuestra fe. Trini Bernal reflexiona sobre esto.
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Entender, recordar, confiar, ingredientes imprescindibles para el fortalecimiento de nuestra fe.
Trini Bernal reflexiona sobre esto y Esther Pérez pone su voz.
Entender y recordar la obra de Dios en tu vida es parte del alimento de tu fe.
La confianza, qué importante es la confianza en el día a día.
Según el diccionario, la confianza tiene que ver con la esperanza firme que se tiene de alguien o de algo.
Otra acepción de la misma palabra nos induce a pensar en el ánimo, aliento o vigor para obrar.
Qué interesante, ¿verdad? Mezclar ambas acepciones me lleva a pensar que esa esperanza firme puede constituir la base del ánimo y del aliento para actuar con determinación.
De hecho, no puedo evitar pensar en la fe, esa fe que según Hebreos 11 dice es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Es por la fe que podemos actuar con determinación y seguridad.
La fe, la confianza en nuestro Dios es la clave para dejar de vivir de una manera miserable y empezar a alzar el vuelo sobre las montañas y los valles de nuestra vida.
Sin embargo, no siempre está tan presente como creemos y entonces dudamos y sufrimos.
¿Recuerdas un pasaje de Mateo cuando el Señor Jesús le reprocha a sus discípulos su poca fe? Me refiero al texto de Mateo 16,8.
El maestro está queriendo hablar a los suyos sobre la importancia de alejarse de la superficialidad y la banalidad de los fariseos y saduceos en su religiosidad.
De la importancia de llegar al fondo del mensaje de Dios sin perderse en detalles sin importancia.
Y los discípulos confunden el significado de las palabras de Jesús y empiezan a discutir entre sí diciendo, lo dice porque no tomamos pan.
Ellos pensaban, aquellos seidores del maestro, que al hablar de la levadura de los fariseos y saduceos, en realidad Jesús estaba lanzándoles indirectas y recriminándoles que no hubieran traído consigo comida, con lo cual pasarían hambre ese día.
Es en ese momento cuando él tiene que decirles, hombres de poca fe.
¿Por qué aquel grupo de hombres que tanto había visto y experimentado de primera mano con el maestro, seguían siendo hombres de poca fe? ¿Cómo era posible? Qué gran decepción.
Entiendo que Jesús explica a continuación la razón por la que la fe de aquellos hombres aún no había crecido.
Lo haría y mucho un poco después.
El maestro les dice, todavía no entendéis ni recordáis los cinco panes de los cinco mil y cuántas cestas recogisteis, ni los siete panes de los cuatro mil y cuántas canastas recogisteis.
Los discípulos no habían acabado de entender la intervención soberana de Jesús en aquellos acontecimientos relacionados precisamente con la comida que habían presenciado en primera fila.
Y no sólo no entendieron, sino que obviamente no recordaban que Jesús no necesitaba de ellos para alimentar a quien fuera necesario.
La falta de entendimiento y de memoria dieron como resultado una fe pobre a la hora de la verdad.
Y la hora de la verdad llega a nuestras vidas cada dos por tres.
Así, sin avisar, de repente, nos vemos ante la disyultiva.
¿Confiar o desconfiar? ¿Temer, dudar, tener fe, cuestionar, desesperar, abandonar? ¿Cómo es tu fe en el momento trascendente? ¿Escuchas la voz del maestro otra vez diciendo, qué poca es tu fe? ¿Qué puedo hacer para alimentar mi fe cada día, de manera que llegado el momento, sea posible que yo tenga aliento y ánimo para actuar, para vivir, con determinación, convencida de lo que no veo, de lo que espero? Dos ingredientes son imprescindibles, a mi entender, para el fortalecimiento de la fe.
1. Entender.
Tener idea clara de la intervención de Dios en tu vida.
Saber, a la perfección, que Dios está y estará siempre.















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