

Description of Ep 102. La paz de los perdedores
Tras la muerte del emperador Juliano en Samarra, el 26 de julio del 363, queda el ejército romano huérfano, y abandonado a su suerte en las tierras ignotas que se abren al este del Tigris. Lejos de sus bases, desmoralizados y hambrientos, los romanos deben designar a un nuevo emperador allí mismo. Alguien capaz de sacarlos de allí pero, a la vez, alguien dispuesto a agachar la cabeza ante Sapor y aceptar las humillantes condiciones de paz de Sapor II.
Roma se encuentra en una disyuntiva cuando su salvaguarda, su ejército, su espina dorsal yace a merced de los persas en mitad de los campos de Mesopotamia. ¿Quién será designado para suceder a Juliano? ¿cómo serán sus negociaciones con los sasánidas? ¿cuáles los términos del tratado de paz?
Bienvenidos al episodio 102 de El Ocaso de Roma.
La portada del episodio es del cómic "Las tres Julias" ilustrado por el gran dibujante Antonio Sarchione.
La música que suena en el minuto 28 es el tema “Rock and Steel” y supone un pequeño homenaje al podcast de astronomía y ciencia “Coffee Break: Señal y Ruido”.
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26 de junio año 363, día fatídico que quedará en el recuerdo de generaciones futuras de romanos. Ese día muere el emperador Juliano para desgracia de muchos y aunque muchos otros celebraron este acontecimiento tampoco lo hicieron con mucha alegría ya que este emperador al morir había dejado al ejército romano huérfano y era una situación muy difícil.
De hecho uno de los ejércitos más numerosos con el que contó jamás el imperio romano aparecía ahora abandonado en mitad de Mesopotamia a cientos de kilómetros de la frontera, derrotado, exhausto, hambriento y a merced de unos persas deseosos de venganza. ¿Qué hacer? ¿Reorganizarse y plantar batalla? Imposible, no sólo por el lamentable estado físico de las tropas sino por la bajísima moral que cundía entre las filas romanas. ¿Con el emperador muerto quién osaría levantar un dedo contra unos persas flamantes, orgullosos, conocedores del terreno? Nadie, amigos.
La derrota era total, el estado de ánimo estaba por los suelos y lo único que querían los soldados, un deseo loable y comprensible, por otra parte era regresar a casa. ¿Pero les dejarían regresar los persas, los orgullosos sasánidas? ¿Les dirían, no pasa nada amigos, regresad a vuestros hogares y enterrad a vuestro emperador como es debido, así como si no hubiera ocurrido nada? Por supuesto que no. Fueron demasiadas ciudades persas arrasadas, demasiadas víctimas en una guerra que los sasánidas no habían comenzado. Otras veces fueron ellos, fueron los persas los que empezaron la invasión de tierras romanas, por ejemplo el gran Ardashir cuando atacó la ciudad romana de Nisibis en el 230 y poco después hizo lo propio sobre Armenia.
Su hijo Sapor I también tuvo una política expansionista, de hecho venció a Gordiano III en Misiche y capturó vivo al emperador valeriano e incluso Sapor II rompe la tregua establecida por Constantino en el momento en el que este emperador muere en el 337, pero podemos decir que todas estas guerras entre romanos y sasánidas siempre se habían producido dentro de un contexto enmarañado, espinoso, en donde muchas veces no sabemos quién empezó realmente los ataques, simplemente se producían y los persas atacaban un enclave que les fue arrebatado por los romanos años antes y así sucesivamente.
Eran luchas fronterizas que formaban parte de la vida cotidiana de la frontera del Éufrates. Lo de Juliano fue distinto, sin embargo aquí Roma invade Persia por las bravas, digamos, no hay provocaciones previas y esta decisión sale de manera unilateral de la mente de un Juliano que simplemente pretendía invadir toda Persia. No era una lucha fronteriza más sino una guerra de invasión total que pretendía incorporar la gran meseta iranía al dominio romano y eso sí lo logró Alejandro, pero Alejandro solo hay uno y después de él nadie ha conseguido emular su gran labor de conquista y administración del territorio.
Irán es un país inmenso, árido, montañoso y muy alejado de las bases romanas, así que meterse aquí así por las buenas es poco menos que un suicidio y si no que se lo digan acraso, derrotado en el siglo primero antes de nuestra era frente a los partos o a Trajano y a Caro en los siglos segundo y tercero respectivamente, estos últimos tomaron la capital de los persas pero no pasaron de aquí. Con razón había un dicho, una profecía de origen incierto que decía algo así como que ningún príncipe romano pasará más allá de Cesifonte. Se cumple así la profecía y con ella el destino fatal de los romanos




















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