¡ÚLTIMAS HORAS! Disfruta todo 1 AÑO DE PLUS al 35% de dto ¡LO QUIERO!
Audio not available. Try again later.
El Escultor de Gárgolas 2/2 (Clark Asthon Smith)

El Escultor de Gárgolas 2/2 (Clark Asthon Smith)

10/6/2026 · 27:06
0
10
0
10

Description of El Escultor de Gárgolas 2/2 (Clark Asthon Smith)

Nuestro protagonista realizan 2 gárgolas bastante realistas en un pueblo en el que le tratan mal.

literatura Relatos Cuentos terror audiolibro
Read the El Escultor de Gárgolas 2/2 (Clark Asthon Smith) podcast

This content is generated from the locution of the audio so it may contain errors.

Los aposentos de Blaise Reynard estaban separados sólo por un oscuro y sinuoso callejón de la taberna regentada por Jean Villon, el padre de Nicolette. Reynard solía pasar las veladas en esta taberna, aunque su cortejo era desaprobado por Jean Villon y la propia joven apenas lo había alentado. Sin embargo, gracias a su billetera siempre llena y su capacidad casi limitada para beber vino, Reynard era tolerado. Llegaba allí cada tarde, a la caída de la noche, y se quedaba sentado en silencio hora tras hora, mirando con ojos ardientes y taciturnos a Nicolette, mientras tragaba tristemente las potentes añadas de Averog. A pesar del deseo del tabernero de retener a un cliente, la gente en la taberna también lo temía y despreciaba, debido a su dudosa reputación de medio hechicero, y también por su temperamento uraño. No deseaban relacionarse con él más de lo que fuera necesario. Como todos los habitantes de Bjorns, Reynard había sentido la sofocante carga del terror supersticioso durante aquellas noches en las que el merodeador diabólico había sobrevolado la ciudad y podía caer sobre un desafortunado viandante en cualquier momento y en cualquier lugar.

Nada menos urgente que su deseo de ver a Nicolette le habría hecho recorrer, después de anochecer, el serpenteante callejón hasta la puerta de la taberna. En las noches de otoño no había aparecido la luna. Ahora, la noche que siguió a la profanación de la catedral por el demonio asesino, una luna creciente dejaba ver su frágil cuerno color sangre por detrás de los tejados de las casas, cuando Reinhardt salió de sus aposentos a la hora acostumbrada. Perdió de vista su reconfortante rayo de luz en el callejón estrecho de altos muros y se estremeció aterrado mientras avanzaba deprisa a través de las sombras, que se disipaban sólo por algún raro y tímido rayo de luz procedente de alguna ventana en lo alto. Cada vez que doblaba una esquina tenía la sensación de que la penumbra formaba la sucia sombra de unas alas satánicas y que en cualquier momento podría revelar el brillo de unos ojos abominables ardiendo con las brasas eternas del infierno. Cuando llegó al final del callejón, vio con un respingo de pánico renovado que la luna creciente estaba cubierta por una nube que poseía el parecido de unas alas toscamente arqueadas y puntiagudas.

Llegó a la taberna con una sensación de profundo alivio, porque había comenzado a intuir que alguien o algo lo seguía. En silencio e invisible, una presencia que parecía cargar la oscuridad de una amenaza sobrenatural. Entró y cerró la puerta tras pasar rápidamente, como si estuviera cerrándola en la cara de un perseguidor remido. Había poca gente en la taberna esa noche. La joven Nicolette estaba sirviendo vino a un ayudante del mercero, un tal Raúl Copén, un joven afable y recién llegado al vecindario, y ella se reía con lo que Reynard consideró un alborozo indecoroso de los chistes soeces y requiebros amorosos del tal Raúl. Jean Villon estaba discutiendo en voz baja las últimas fechorías de los demonios con dos amigos en una mesa en el rincón más apartado y bebía tanto licor como sus clientes. Lanzando una mirada furibunda alimentada por los celos a Raúl Copen, de quien sospechaba que era el rival favorecido, Reynard permaneció sentado en silencio y miró con expresión maligna a la pareja que flirteaba.

Nadie pareció advertir su entrada, porque Vilon continuó hablando con sus amigos sin pausa o interrupción, y Nicolette y sus acompañantes parecían igualmente absortos. A sus celos furibundos, Reynard pronto tuvo que añadir el resentimiento del que siente que está siendo ignorado deliberadamente. Golpeó la mesa con sus pesados puños para atraer la atención. Bilón, que había estado sentado durante todo el tiempo de espaldas a él, llamó a Nicolette sin tan siquiera molestarse en girarse en su taburete y le dijo que sirviera a Reynard. Tras lanzar una sonrisa furtiva a Coppén, la joven se acercó despacio y con manifiesta desgana a la mesa del escultor. Nicolette era pequeña y de pechos prominentes, con el cabello color oro rojizo que se rizaba sobre el pequeño y delicioso óvalo de su rostro, e iba ataviada con un vestido ceñido de color verde manzana que revelaba los firmes y seductores contornos de sus caderas y su pecho. Su actitud era de desdén y un tanto fría, porque no le gustaba Reynard y apenas se había esforzado en ocultar su aversión. Pero para Reynard estaba más encantadora y deseable que nunca y sintió un salvaje impulso de tomarla entre sus manos.

Comments of El Escultor de Gárgolas 2/2 (Clark Asthon Smith)

This program does not accept anonymous comments. Sign up to comment!
We recommend you
Go to Art and literature