

Description of El estrangulador de Cleveland
En 2009, la policía hizo un descubrimiento estremecedor en el barrio de Mount Pleasant, en Cleveland (Ohio). En la casa del exmarine Anthony Sowell aparecieron los cuerpos de once mujeres del vecindario que habían sido dadas por desaparecidas. Sin embargo, no todas cayeron en sus manos. Otras cinco mujeres consiguieron escapar de sus ataques y, tiempo después, relataron el horror que vivieron dentro.
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En 2009 realizan un macabro hallazgo en el barrio de Mount Pleasant, en Cleveland, Ohio. La escena era perturbadora, como salida del infierno de Dante. Once mujeres desaparecidas misteriosamente son encontradas muertas en la casa de Anthony Sowell, trágicamente conocido como el estrangulador de Cleveland. Vi al mismísimo diablo como surgido del infierno. Había cuerpos en las paredes, en el jardín, en el sótano. Había una cabeza dentro de un cubo. Sabemos con certeza que este tipo vivía donde estaban esos cuerpos. ¿Qué clase de persona hace algo así? Fue espeluznante. A cada instante se volvía más turbio. Anthony usaba drogas, alcohol y su encanto para atraer mujeres a su casa. Eran vulnerables, presas fáciles para él. Era un depredador, un asesino en serie y un violador. ¿Te decían esos sueños que las estrangularás? Ajá.
Escucharemos relatos de cinco mujeres que lograron sobrevivir a sus ataques y escapar heroicamente de la casa de los horrores. Me violó brutalmente y me dijo, si gritas, te mato. Así que rompí una ventana y salté. Mientras me llevaba al baño, vi un cuerpo tirado en el suelo. No tenía cabeza. Pensé, así es como voy a morir. Cuando la policía descubrió 11 cuerpos en la casa de Anthony Sowell, más tarde bautizado como el estrangulador de Cleveland, apenas intuían el perfil del autor de estos macabros asesinatos. Durante los cuatro años que Anthony Sowell vivió en Mount Pleasant, muchos vecinos lo consideraban amable y generoso. No sabían que a puerta cerrada era un asesino en serie que atraía a mujeres a su casa. Y que 11 de ellas jamás saldrían de allí. Una mujer que vivía enfrente no sabía que un encuentro casual con su amigo la llevaría a un aterrador enfrentamiento con la muerte. Me parecía un buen chico.
Nos sentábamos en el porche y hacíamos barbacoas. Él y mi primo solían jugar al ajedrez juntos. Él venía a nuestra casa o nosotros a la suya. Era una persona normal. Pero las apariencias engañan. Engañó a todo el barrio. Seis meses antes del descubrimiento de los cuerpos, Tania Dos, amiga y vecina de Sowell, está viendo un partido de baloncesto en su casa. Estábamos viendo el partido, tomando algo, pasando el rato. Me estaba enseñando ropa y papeles que se suponía que su exnovia iba a venir a recoger, pero ella no apareció. El partido terminó. Empezamos a escuchar música y a hablar del pasado. De repente me dijo, cada vez que alguien a quien quiero me deja, y empezó a asfixiarme, empujándome hasta el borde de la cama. Sentí que los ojos se me salían de las órbitas. Notaba cómo me caían lágrimas. Me dijo, vas a ser la próxima drogadicta muerta en la calle y a nadie le va a importar una mierda.
Mientras me asfixiaba, lo único que veía en sus ojos era el iris negro, no veía la parte blanca. De repente paró, me levanté llorando y me dio una bofetada. Sentí como se me inflamaba la cara. Me dijo, puta, quítate la ropa y me eché a llorar. Sowell le ordena meterse en la cama con él y se queda mirando al vacío, lo que la aterroriza ante lo que podría pasar después. Fingí estar tranquila, pero él había echado el cerrojo. Una vez en el piso de arriba no podía salir a menos que él me dejara. Me acosté a su lado, me acurruqué en posición fetal y me quedé dormida llorando. Apenas podía respirar. A la mañana siguiente, cuando nos levantamos, actuó como si no hubiera pasado nada. Yo pensaba, ¿pero qué es esto? ¿De dónde ha salido este monstruo, el Dr. Jekyll y Mr. Hyde? A pesar de las amenazas de la noche anterior, Sowell no viola a Tania y ella logra salir de la casa. Regresa a su hogar feliz de estar viva, creyendo que el ataque




















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