Historias del Más Allá Podcast

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"El ángel que viajó conmigo en el tráiler"

Hace ya varios años yo andaba de trailero junto con mis hermanos y una noche nos sucedió algo muy raro. Resulta que cuando íbamos hacia Veracruz y aún nos faltaba un buen tramo, mi hermano, que traía el tráiler, me preguntó que si me podía pasar a manejar, pues él ya se sentía muy cansado, le dije que sí. Mi hermano se pasó al camarote del tráiler para dormirse y yo me dispuse a conducir el tráiler.

Pasó un buen rato, pero al llegar al lugar "El seco", me orillé, pues ya también me estaba agarrando el sueño. Yo pienso que me quedé ahí estacionado durmiendo como media hora y cuando desperté, justo a mi lado estaba un joven que me dijo:

-¡Ándale, ponte buzo, porque más adelante hay una curvas bien cerradas!

Aunque ese chavo era desconocido, no me espanté pues dentro de todo me causaba mucha tranquilidad, pero sí le pregunté que él quién era, entonces me respondió:

-¿Qué? ¿No te acuerdas? Yo te pedí un ride allá atrás y tú me dejaste subir a tu tráiler.

La verdad no sabía de qué rayos me estaba hablando, ¡yo no recordaba nada de eso! Sin embrago, no me preocupé mucho por su presencia pues se veía muy tranquilo, así es que continué con mi camino y el muchacho me iba avisando de todas las curvas y baches como si conociera perfectamente esa carretera.

Cuando ya iba a amanecer el sueño se me espantó y me sentí con mucha energía, fue entonces cuando el joven me dijo que ya tenía mucho sueño, que si le podía permitir dormirse un rato en el camarote. La verdad él me había ayudado bastante en el trayecto y le dije que sin problema se pasara a descansar.

Cuando ya estábamos a punto de llegar a Veracruz, mi hermano salió del camarote y se sentó en el asiento del copiloto, estando ahí, aún adormilado, me dijo:

-Oye carnal ¿con quién venías platicando en la madrugada?

Le contesté que con el chavo que estaba en el camarote durmiendo. En ese momento mi hermano me dijo:

-¿En el camarote? Pero sí ahí nada más estaba yo, nunca entró alguien más.

En ese momento me recorrió un fuerte escalofrío por todo el cuerpo, pues sabía que mi hermano hablaba en serio. Muy nervioso, le empecé a platicar todo lo que pasó con aquel muchacho y en la primera oportunidad me estacioné para revisar el camarote. Al prender la luz me di cuenta que efectivamente no había nadie más ahí.

Hasta el momento aún no logro entender qué pasó esa noche. ¿Fue algún tipo de ángel que nos evitó un accidente por mi cansancio? O ¿Quién era ese chico?

Esa fue mi historia, yo los oigo todas las noches que estoy trabajando. Mi nombre es Juan Armando García.


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Nuestro programa se emite en vivo a través de #MexiquenseRadio de lunes a viernes de 22:00 a 23:55 (hora centro de México) y grabado a través de #MexiquenseTelevisión.

Tú podrías ser el próximo en comunicarte con nosotros y contar tus #HistoriasDelMasAlla...

...o ¿te da miedo?...

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Mi abuelo fallecido le salvó la vida a mi hermano.

Buenas noches, me gustaría contarles esta historia no sé si es de terror o más bien algo milagroso.

Mi abuelo era un hombre enorme en todo el sentido de la palabra, tanto como ser humano, como físicamente, pues dicen que medía 2 metros con 10 centímetros de altura, la verdad es que yo apenas lo recuerdo.

En fin, la historia tiene que ver con él y con mi hermano que es policía; que por cierto lleva el mismo nombre que mi abuelo.

Hace varios años cuando mi hermano estaba al frente de un contingente en la noche se le acercó un ancianito y le dijo:

-Hijo, por favor, ayúdame a cruzar la calle.

En ese momento mi hermano le contestó:

-No, jefe ¡No puedo, estoy en funciones!

Pero aquel viejito le siguió insistiendo:

-¡Por favor, hijo! Ayúdame a pasar.

Ante la “imprudencia” de aquel anciano el superior de mi hermano le dijo de muy mala gana:

-¡Pues ya, hombre! ¡Cruza al viejo!

En ese momento mi hermano se salió de la fila y ayudó al señor a pasar la calle y cuenta que en cuanto cruzó se oyeron varios balazos. Cuando mi hermano miró para atrás se dio cuenta de que el oficial que había tomado su lugar fue abatido. De inmediato mi hermano corrió a auxiliarlo pero ya no pudieron hacer nada por él.

Después de vivir esa fuerte situación mi hermano miró a ver dónde estaba el viejito pero ya no encontró a absolutamente nadie.

Tiempo después recordando los hechos, mi hermano nos dijo que aquel adulto mayor era muy parecido a mi abuelo, que por cierto, ya le había salvado la vida a mi hermano en otra ocasión.


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El alma que pide perdón.

¡Escalofriantes noches! Mi nombre es Guadalupe, soy de Iztapalapa, Ciudad de México.

Quiero relatarles esta historia extraña que me platicó mi mamá:

Ella trabaja en un kínder que se ubica en una privada. Casi enfrente de esta escuela vive la directora y ella les dijo a sus maestras, incluida mi mamá, que frente a la casa de sus vecinos llegaba un hombre a quien no le podía ver bien el rostro, pero lo escuchaba llorar al mismo tiempo que escribía algo en su libreta. Cada que terminaba de escribir en una hoja, la arrancaba y seguía haciendo trazos en las demás.

En una ocasión, cuando la directora lo observaba por su ventana, miró cómo al hombre se le voló una de esas hojas por el viento tan fuerte que hacía y cayó cerca de la casa de la directora. Al salir y recogerla, se dio cuenta que esa hoja estaba llena de planas que decían “perdón”. Eso le dio mucho escalofrío, pues no entendió de qué se trataba.

Al día siguiente la maestra fue a preguntar a la casa donde aquel hombre se sentaba para escribir y le preguntó a la señora que vivía ahí si sabía por qué sucedía eso o quién era ese joven. La vecina le platicó que lo que sabía de esa casa era que, años atrás, un hombre había matado a varias personas de la familia dentro de ese hogar y después, arrepentido de sus actos, decidió quitarse la vida afuera de la casa; justamente donde la directora lo veía sentarse.

Al escuchar esa historia ambas llegaron a la conclusión de que, probablemente, aquel extraño hombre que veía escribir en una libreta era el alma del joven que había cometido aquellos crímenes y aún venía a pedía perdón por lo que hizo. Desgraciadamente ya nadie de las personas a las que ofendió vivía más ahí.

¡Que tengan dulces pesadillas!


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