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Historias de miedo de Vampiros para contar en la Oscuridad

Historias de miedo de Vampiros para contar en la Oscuridad

8/28/2026 · 01:28:30
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Historias de miedo de Vampiros para contar en la Oscuridad
Clásicos de la literatura vampírica... Quien será el plato principal de su estadía en aquel castillo?...
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Los aullidos de los lobos habían cesado por completo. Entonces la luna, navegando a través de las negras nubes, apareció detrás de la dentada crista de una roca saliente y a su luz vi alrededor de nosotros un círculo de lobos con dientes blancos y lenguas rojas y colgantes, con largos miembros sinuosos y pelo hirsuto. Eran 100 veces más terribles en aquel lúgubre silencio que cuando estaban aullando. Por mi parte caí en una especie de parálisis de miedo. Solo cuando el hombre se encuentra cara a cara con semejantes errores puede comprender su verdadero significado. De pronto todos los lobos comenzaron a aullar como si la luz de la luna produjera un efecto. peculiar en ellos. Yo le grité al cochero que regresara y escuché su voz alzarse en un tono de mando imperioso y mirando hacia el lugar de donde provenía, lo vi parado en medio del camino. Agitó los largos brazos como si tratase de apartar un obstáculo impalpable y los lobos se retiraron.

Justamente en esos momentos, una pesada nube pasó a través de la cara de la luna, de modo que volvimos a sumirnos en la oscuridad. Cuando pude ver, el conductor subía a la calesa y los lobos habían desaparecido. Todo esto fue tan extraño y misterioso que no tuve valor para moverme ni para hablar. Mientras continuamos nuestro camino, ahora en la más compleja... Continuamos ascendiendo con ocasionales periodos de rápidos descensos. Repentinamente tuve conciencia de que el conductor estaba deteniendo a los caballos en el patio interior de un inmenso castillo ruinoso, de cuyas altas ventanas negras no salía un rayo de luz y cuyas quebradas murallas mostraban una línea dentada que destacaba contra el cielo iluminado por la luz de la luna. 5 de mayo, en la oscuridad, el patio parecía ser de considerable tamaño y como de él partían varios corredores negros, quizá parecía ser más grande de lo que era en realidad.

Cuando se detuvo la calesa, el cochero saltó y me ofreció la mano para ayudarme a descender. Una vez más pude comprobar su prodigiosa fuerza. Luego bajó mis cosas y las colocó en el suelo a mi lado, mientras yo permanecía cerca de la gran puerta, vieja y tachonada de grandes clavos de hierro. Mientras permanecía en pie, el coche se saltó otra vez a su asiento y agitó las riendas. Los caballos iniciaron la marcha y desaparecieron por uno de los oscuros pasadizos. Decía en silencio dónde estaba. No había señales de ninguna campana ni altava. Y a través de aquellas ceñidas paredes y oscuras ventanas, lo más probable era que mi voz no alcanzara a penetrar.

El tiempo que esperé me pareció infinito y sentí como las dudas y los temores me asaltaban. ¿A qué clase de lugar había llegado? ¿Y entre qué clase de gente me encontraba? ¿En qué clase de lúgubre aventura me había embarcado? ¿Era aquel un incidente normal en la vida de un procurador enviado a explicar la compra de una propiedad en Londres a un extranjero? Comencé a frotarme los ojos y a pellizcarme para ver si estaba despierto. Todo me parecía como una horrible pesadilla y esperaba despertarte pronto, encontrándome en mi casa con la aurora luchando a través de las ventanas. Pero mi carne respondió a la prueba del pellizco y mis ojos no se dejaban engañar. Era indudable que estaba despierto y en los cárpatos. Lo que podía hacer era tener paciencia y esperar. En cuanto llegué a esta conclusión, escuché pesados pasos que se acercaban detrás de la gran puerta y pude ver a través de las hendiduras el brillo de una luz que se acercaba.

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