
Homenaje póstumo a Cándido Vázquez de la Cruz (04/09/26)

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Homenaje póstumo al pueblano Cándido Vázquez de la Cruz, en el que hoy, 4 de septiembre, cumpliría 100 años. Enma Ansede, su nieta, en representación de su familia, se encarga de relatarnos la vida y obra de su abuelo. #LaPueblaDeMontalbán 04/09/26
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Homenaje a Cándido Vázquez de la Cruz. Hoy, 4 de septiembre del año 2026, hubiera cumplido 100 años. Narración Emma Ansede, nieta de Cándido. Hola Radio Puebla. Este viernes 4 de septiembre mi abuelo Cándido Vázquez de la Cruz habría cumplido 100 años. Nació en 1926, un año en el que España empezaban a emitirse por radio los primeros diarios hablados. Así que tiene cierta gracia que 100 años después sea precisamente una radio la que me permita contar aquí su historia. ¿Quién era Cándido? Mi abuelo nació en una familia de las de antes, de las que conocéis por los apodos. Su padre, Pablo, era de los dates y su madre, Antonia, de los matutes o las matutas. Y después eran cuatro hermanos, Julián, le llamaban Chusquín, que era todavía más guasón que mi abuelo, dicen era conductor de autobús y debían ser dos buenas piezas cuando se juntaban. También estaba Antonio, al que mi abuelo quería mucho, y Josefa, que es una persona de la que mi abuelo siempre estuvo muy orgulloso y si me permitís decirlo así, pues fue probablemente la más hombre de todos ellos, porque cultivaba tabaco, conducía su furgoneta en unos años en los que aquello no era precisamente habitual para una mujer y tenía la misma voz cascada que mi abuelo.
A mí siempre me resultaron muy parecidos. Pero bueno, la vida y la inmigración fueron separándolos y el contacto terminó siendo algo más lejano porque en aquella época las distancias pesaban más. Él nos contaba que de niño vivió por donde ahora está la churrería, que llevaba un pantalón con la costura de atrás rajada porque no existían pañales y que con agachas se bastaba y a seguir jugando. Él jugaba con un aro y un palito, bailaba el trompo, pasaba muchas tardes con su amigo, el hijo del enterrador, entre enseres de los muertos. Así que pasando el día en la calle enseguida aprendió muchas astucias. Él mismo no reconocía los muchos desvelos que le dio a su madre y las palizas arbitrarias que le dio su padre. Cuando la guerra empezó a ponerse peor pensaron en mandarlos una temporada aleganés con una tía suya que vivía por allí pensando que estarían más seguros.
Mi abuelo tuvo allí la experiencia de empezar a fumar porque un soldado que cortejaba a su prima le daba cigarros a escondidas a cambio de que no los delatase. Así que con 10 años abuelo empezó con su ducados que siempre fumó con boquilla pero que solo dejó ya casi rozando los 80 años. Y estaba en Leganés cuando una bomba alcanzó a su familia. Su hermano Antonio murió y a él le alcanzó la metralla. Uno de sus ojos quedó nublado para siempre y durante toda mi vida yo conocí a mi abuelo detrás de unas gafas oscuras. Pero la verdad nunca permitió que aquello explicara su vida y es más, a nosotros no nos reveló nunca la causa real hasta que tuvimos edad suficiente. Siempre nos había dicho que fue una pedrada que le dio un niño del colegio y la verdad no había necesidad de explicar más. Candido trabajó en muchas cosas y muy variadas.
Descargaba aceitunas en el molino de aceite, iba al campo de jornalero y hubo un tiempo que hasta vendía pucheros a domicilio con una mula, con un negocio que podemos considerar el antecesor de la ferretería, que montó con su entonces socio, al que conocíamos por Pichón. Aún conservamos en casa alguno de aquellos pucheros con historia. Mi abuelo era también muy presumido. Yo no recuerdo haberlo visto jamás sin afeitar. Como muchos jóvenes de entonces, se iba a la plaza a echarse un aguardiente y a ver quién había por allá para pasar un rato. Era burlón, farruco, le gustaba pincharte, hacer la gracia, llevar un poco la contraria y quedarse después con esa cara de saber perfectamente lo que acababa de hacer. Conocí a mi abuela Petra por el mote Cotorra y nos embobaron mucho. Enseguida nació mi tía Antonia y al poco tiempo Isabel, mi madre. Una era muy rubia y la otra era muy morena y eso destacaba en el pueblo. Estaban viviendo por entonces en una granja que les cedió un familiar, también por el canillo. Pero les cayó un rayo y perdieron todo lo que tenían. Desde entonces mi abuela y mi tía...















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