
El horror de Dunwich (4) - Audiolibro de H.P. Lovecraft con voz humana

Description of El horror de Dunwich (4) - Audiolibro de H.P. Lovecraft con voz humana
La muerte de Wilbur Whateley desencadena el verdadero Horror de Dunwich. El Dr. Armitage se enfrenta a lo innombrable en la Universidad de Miskatonic, mientras fuerzas invisibles desatan el caos en la granja Whateley. Algo colosal y ancestral se ha soltado en las montañas de Massachusetts.
🎧 Episodios VI y VII del clásico de H. P. Lovecraft, narrado con voz humana y dramatización sonora. Una experiencia literaria intensa, envolvente y fiel al original.
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El horror de Dunwich. Un relato de H.P. Lovecraft. Capítulo 6. El verdadero horror de Dunwich tuvo lugar entre la fiesta de la recolección de la cosecha y el equinoccio de 1928. Siendo el doctor Armitage uno de los testigos presenciales de su abominable prólogo. Había oído hablar del esperpéntico viaje que Whitely había hecho a Cambridge y de sus desesperados intentos por sacar el ejemplar del Necronomicon que se conservaba en la Biblioteca Whitener de la Universidad de Harvard.
Pero todos sus esfuerzos fueron vanos, pues Armitage había puesto en estado de alerta a todos los bibliotecarios que tenían a su cargo la custodia de un ejemplar del arcano volumen. Wilbur se había mostrado asombrosamente nervioso en Cambridge. Estaba ansioso por conseguir el libro y no menos por regresar a casa, como si temiera las consecuencias de una larga ausencia. A primeros de agosto se produjo el cuasi esperado acontecimiento. En la madrugada del tercer día de dicho mes, el doctor Armitage fue despertado bruscamente por los desgarradores y feroces ladridos del imponente perro guardián que había a la entrada del recinto universitario.
Los estridentes y terribles gruñidos alternaban con desgarradores aullidos y ladridos, como si el perro se hubiese vuelto rabioso. Los ruidos iban en continuo aumento, pero entrecortados, dejando entre sí pausas terriblemente significativas. Al boco se oyó un pavoroso grito de una garganta totalmente desconocida. Un grito que despertó a no menos de la mitad de cuantos dormían a aquellas horas en Arkham, y que en lo sucesivo les asaltaría continuamente en sus sueños. Un grito que no podía proceder de ningún ser nacido en la tierra o morador de ella.
Armitage se puso rápidamente algo de ropa por encima y echó a correr por los paseos y jardines hasta llegar a los edificios universitarios, donde pudo ver que otros se le habían adelantado. Aún se oían los retumbantes ecos de la alarma antirrobo de la biblioteca. A la luz de la luna se divisaba una ventana abierta de par en par, mostrando las abismales tiñeblas que encerraba. Quienquiera que hubiese intentado entrar había logrado su propósito, pues los ladridos y gritos, que pronto acabarían confundiéndose en una sorda profusión de aullidos y gemidos, procedían indudablemente del interior del edificio.
Un sexto sentido le hizo entrever a Armitage que cuanto allí sucedía no era algo que pudieran contemplar ojos sensibles, y con gesto autoritario mandó retroceder a la muchedumbre allí congregada, al tiempo que abría la puerta del vestíbulo. Entre los allirre unidos vio al profesor Warren Rice y al doctor Francis Morgan, a quienes tiempo atrás había hecho partícipes de algunas de sus conjeturas y temores, y con la mano les hizo una señal para que le siguiesen al interior.
Los sonidos que de allí salían habían remitido casi por completo, salvo los monótonos gruñidos del perro. Pero Armitage dio un brusco respingo al advertir entre la maleza un ruidoso coro de chotacabras que había comenzado a entonar sus endiabladamente rítmicos chirridos.
Como si marchasen al unísono con los últimos estertores de un ser agonizante. En el edificio entero reinaba un insoportable hedor que le resultaba harto familiar a Armitage, quien, en compañía de los dos profesores, se lanzó corriendo por el vestíbulo hasta llegar a la salita de lectura de temas genealógicos de donde salían los sordos gémidos. Por espacio de


















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