

Description of Humilde pero no humildico
Meditación predicada por D. Jaime Sanz en un retiro. Septiembre 2026
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Nos ponemos en la presencia de Dios para hacer nuestro rato de diálogo, de oración personal con Jesús sobre un defecto, un pecado capital, que es el pecado peor de todos, porque es el que nos aleja de Dios nuestro Señor. Es la soberbia. Hay un punto de camino de ese libro que tiene esas frases tan directas que van al alma y que penetran en el interior de cada uno de nosotros como es camino. Un punto que dice soberbia de qué. Y es verdad. Muchas veces nos creemos que somos el ombligo del mundo. Que todo gira como si fuésemos el sol en torno a nosotros. Y que los demás, como si fueran planetas de una constelación, tienen que tenernos en cuenta, valorar lo que hacemos, estar dispuestos a estar siempre bailando al son de aquello que nosotros marcamos. Y hemos de saber que la humildad, como decía la santa, es la verdad. Que nosotros somos poca cosa. Y que esa poca cosa que somos nos llevará a saber agradecer cualquier gesto de consideración, de valorar lo que hacemos, que puedan tener los demás con nosotros.
No porque nos corresponde en justicia, sino porque nos asombra el que nos consideren. La soberbia es muy compleja porque atacar directamente la soberbia, es decir, buscar ser humildes puede ser contraproducente porque puede hacer que pensemos todavía más en nosotros mismos que si no lo hiciéramos. Pensamos en nosotros mismos cuando vivimos esa falsa humildad. Ese hacernos los humildicos, el decir con una frase fácil, qué poca cosa soy, qué poco valgo, para que esperando la respuesta de los demás nos digan siempre, no hombre, tú vales mucho, tú eres una persona que tiene esta cualidad o esta otra. Fíjate, es importantísimo que nos asombre el que los demás nos alaben, el que no busquemos nunca ese agradecimiento por lo que hacemos por ellos, sino que hagamos las cosas, nos las agradezcan o no, valoren o no lo que hacemos, sepan o no que lo hemos hecho nosotros por ellos, no pasamos la factura de lo que hacemos.
No pasamos la cuenta, ¿no? Me acordaba de un amigo mío que tiene un restaurante que cuando lo inauguró me insistió mucho en que fuera a comer y fui con unos amigos míos a comer allí y le dije, bueno, voy a comer con una condición y es que me traigas la cuenta. Dice, no te preocupes, prometo que te traeré la cuenta. Y efectivamente, al acabar la comida, una comida buenísima porque su mujer que era cordón bleu y la que... dirigía la cocina, era un chef impresionante, pues al acabar la comida nos trajo la cuenta. Pues todo lo que habíamos comido, todos esos amigos, tal, tal, tal, cero, cero, tal, tal, cero, cero, total, cero, cero. No nos quiso cobrar, pero me trajo la cuenta. Bueno, pues nosotros valemos poco, la verdad. Pero no tenemos que pedir cuenta de lo que hacemos a los demás, sino que nuestra cuenta siempre suma cero cero.
Porque lo bueno que hay en nosotros lo pone Dios. Porque las cualidades positivas que tenemos son las que Dios nos ha concedido a través de nuestros padres, a través de ese regalo inmenso que es la fe y a través de los talentos con los que el Señor ha enriquecido nuestra vida. Por eso que importante es que no te valores demasiado y que no busques esa falsa humildad de humillarte para que los demás te valoren y digan que no eres un poco valioso, sino que vales mucho más de lo que tú mismo piensas. Y también hay otra cuestión que creo que es importante el valorarla. Aprovechar las humillaciones. Eso sí que es una buena forma de crecer en humildad. Aprovechar esos momentos en los que nos humillan, en los que quedamos mal, en los que tenemos que pedir perdón porque nos hemos equivocado y reconocemos nuestro error. Eso sí que es importante. Falsear la realidad.















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