

Description of «La música de Erich Zann», de H.P. Lovecraft
¡Vótame en los Premios iVoox 2026!
Como cada 20 de agosto (que podemos), rendimos homenaje a uno de nuestros autores de cabecera: H. P. Lovecraft. Esta vez con «La música de Erich Zann», un relato de terror publicado en 1922 que cuenta la historia de un joven estudiante alojado en una pensión peculiar parisina. Allí empezará a escuchar cada noche las notas de un violín que llegan de la parte alta del excéntrico edificio. La curiosidad hace que el muchacho quiera saber del viejo músico y sus extrañas melodías.
Imagen, música y efectos de sonido de Pixabay, libres de derechos.
Contenido libre de IA.
Lista con todos los audios de Lovecraft: https://www.ivoox.com/lovecraft_bk_list_10728481_1.html
Si has escuchado hasta el final sin someterte al embrujo de las tierras del sueño y te ha gustado, dale al corazón, suscríbete, comenta, tómate una birra, besa a tu pareja o comparte nuestro contenido en tus redes, no te costará nada, pero a nosotros nos ayudará a llegar a más personas. Ya que nuestro material es gratuito, tampoco pedimos mucho a cambio.
Estamos en X y Bluesky como @territorioExt, y en Instagram como territorio_extraner
Web https://dentrodelmonolito.com/
Descarga gratis nuestra antología «Transfórmate o muere»: https://ebuki.es/book/202
Plataformas de podcasts en las que puedes escucharnos (Apple, Spotify, Amazon Music, Podbean, Spreaker, Youtube, Ivoox, Castbox, Pandora, Podurama...) https://pod.link/1728125770
Puedes contarnos lo que quieras escribiendo a territorioextranerpodcast@gmail.com
This content is generated from the locution of the audio so it may contain errors.
Si no te sobrecoge la cólera de una tormenta en el despertar abrupto de un susurro nocturno, acompáñanos por la desértica tierra encantada de los relatos. Busca en el refugio desolado de nuestro podcast. Penetra en los sueños de este hogar hechizado por el horror, donde podrás escuchar narraciones de cuentos al abrigo de la noche plutónica. Atrévete si temes a largos intervalos de horrible cordura. Si crees que no hay mayor terror que la tortura de lo cotidiano. Vente a criar cuervos con nosotros. Escucha, territorio extrañar. Un relato de Howard Phillips, Lovecraft. He examinado los mapas de la ciudad con el mayor cuidado, pero nunca más he encontrado la Rueda Usel. Y no solo mapas modernos. Bien, sé que los nombres de las calles cambian. Por el contrario, he profundizado en la historia del lugar y he explorado personalmente cada rincón de cualquier nombre que pudiera responder a la calle que se conocía como la Rue Dauzel.
Pero a pesar de todo lo que he hecho, tengo que reconocer humildemente que no soy capaz de encontrar ni la casa ni la calle, ni siquiera el barrio donde, durante los últimos meses de mi vida empobrecida como estudiante de metafísica en la universidad, escuché la música de Eric Zamm. No me extraña que mi memoria me falle. Mi salud, física y mental, se encontraban gravemente perturbada durante el periodo en que viví en la Rueda Usel. Y recuerdo que no llevé a ninguno de mis pocos conocidos allí. Pero que no pueda encontrar el lugar de nuevo es a la vez singular y desconcertante, ya que estaba a media hora de la universidad y se distinguía por peculiaridades que difícilmente podían olvidarse. He conocido a una persona que haya visto la Rueda Usel. La Rueda Ausel transcurría al otro lado de un río sombrío, bordeado por almacenes de ladrillo abarrotados de ventanas y que cruzaba un pesado puente de piedra oscura.
Siempre había sombras a lo largo de su curso, como si el humo de las fábricas vecinas apagara el sol a perpetuidad. El río también arrojaba un hedor malvado que nunca había sentido en ningún otro lugar y que algún día podría ayudarme a encontrarlo, ya que estoy convencido de reconocerlo de inmediato. Más allá del puente había calles estrechas y empedradas con vías, y después comenzaba el ascenso, al principio de manera gradual, pero de manera increíblemente empinado hasta llegar a la Rueda Usel. Nunca he visto otra calle tan estrecha y empinada como la Rueda Usel. Era casi un acantilado, cerrado a todos los vehículos, que ofrecía varios tramos de escalones y que terminaba en la parte superior en un alto muro cubierto de hiedra. Su pavimento era irregular, a veces adoquines de piedra, a veces cantos y a veces tierra desnuda con vegetación gris verdosa.
Las casas eran altas, con techos altos, increíblemente viejas y locamente inclinadas hacia atrás, hacia adelante y hacia los lados. De vez en cuando una pareja de casas enfrentadas e inclinadas hacia adelante casi se juntaban sobre la calle formando un arco, impidiendo que llegara la mayor parte de la luz al suelo. Entre algunas de las casas, de lado a lado de la calle, había unos cuantos puentes suspendidos. Realmente, los habitantes de aquella calle me impresionaron. Al principio pensé que era porque todos eran silenciosos y hoscos, pero luego decidí que era porque todos eran muy ancianos. No sé cómo llegué a vivir en una calle así, pero no era yo cuando me mudé allí. Había estado viviendo en muchos lugares pobres, de los que me habían desalojado siempre por falta de dinero. Hasta que por fin encontré esa casa tan baleante en la rue de Auzel.




















Comments of «La música de Erich Zann», de H.P. Lovecraft