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Lecciones de la Odisea

Lecciones de la Odisea

7/17/2026 · 24:01
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La ContraCrónica
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Nadie sabe quién fue Homero, ni siquiera se sabe si existió. Los griegos lo imaginaron ciego y errante y hasta siete ciudades griegas se disputaron ser su cuna, pero desde finales del siglo XVIII, la filología sospecha que detrás de ese nombre no hay un hombre, sino un oficio, el de los aedos que improvisaban con fórmulas prefabricadas ante un público que no sabía leer. Homero, más que un autor, fue una técnica narrativa. La Odisea que conocemos cristalizó por escrito a finales del siglo VIII a.C. en la Jonia, justo cuando Grecia salía de 400 años de penumbra y acababa de tomar prestado el alfabeto fenicio.

Sus 24 cantos y 12.110 versos narran los últimos 41 días de un regreso de 10 años, y no empiezan por el principio. Ulises lleva siete años retenido por Calipso mientras los pretendientes de Penélope, su esposa, devoran su hacienda en Ítaca. Ella, entretanto y para ganar tiempo, teje de día el sudario que desteje de noche. Los cuatro primeros cantos siguen a Telémaco, los centrales recogen las aventuras del héroe narra ante, y la segunda mitad transcurre ya en tierra contando su regreso a Ítaca.

El epíteto que mejor cuadra a Ulises no es el de astuto, sino el de sufrido, el que resiste a pesar de que todo lo tiene en contra. El heroísmo en Aquiles es morir joven y hermoso, a cambio de la gloria eterna, en Ulises es la resistencia. La metis (astucia) se sobrepone a la bía (la fuerza bruta), pero eso se cobra su precio. El armazón moral de la Odisea es la xenia, la hospitalidad sagrada que unos cumplen y otros violan. La matanza de los pretendientes del canto 22 no es una venganza, es la restitución de un orden roto, quizá por eso Homero lo remata con una amnistía. Los dioses intervienen en el curso de los acontecimientos, empujan a los hombres y les condicionan, pero no les eximen de la responsabilidad.

De la Odisea ha bebido toda la literatura occidental desde la antigua Grecia. Virgilio, Ovidio, el Ulises que Dante lanzó más allá de las columnas de Hércules y ya no regresa, Kavafis, Primo Levi recitándolo en Auschwitz y el Leopold Bloom de Joyce, que comprime diez años en un día de Dublín, todos se nutren del relato homérico. La Odisea inventó la épica y también la novela. No promete que el viaje tenga sentido, solo que un hombre, si se lo propone, puede aguantar.

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Nadie ha visto jamás el rostro de Homero. Los griegos lo imaginaron ciego y errante, y hasta siete ciudades de Grecia se disputaron el honor de haberlo alumbrado. Lo cual dice bastante de la fama que llegó a alcanzar en el mundo antiguo, pero muy poco de su biografía. Desde que Friedrich August Wolf publicó a finales del siglo XVIII sus Prolegomena Adomerum, la filología no ha dejado de preguntarse si Homero realmente existió, si fue uno o si fue varios aedos anónimos que al final terminaron confluyendo en ese nombre que conocemos todos de Homero. Un aedo en la antigua Grecia era un cantor de poemas épicos, es decir, que se encargaba de glosar las grandes hazañas de los héroes y los mitos de los dioses en una época y una sociedad en la que nadie sabía leer o casi nadie sabía leer. Los aedos improvisaban y componían sus propias historias sobre la marcha. Utilizaban fórmulas métricas, que son más fáciles de recordar, y frases hechas tradicionales para mantener el ritmo del poema mientras iban inventando o adaptando la historia. Cumplían los aedos una función social importantísima.

Al no haber libros, los aedos eran algo así como las bibliotecas vivientes. Bueno, vivientes y ambulantes de aquella época. Los especialistas llevan siglos estudiando la obra de Homero. De ahí que muchos crean que realmente no hubo uno, sino muchos homeros. El verso hexámetro homérico está lleno de fórmulas orales y piezas prefabricadas que permitían al cantor improvisar durante horas sin equivocarse. Homero, más que un autor, podríamos decir que fue una técnica narrativa. La odisea cristalizó por escrito, y esto si lo sabemos hace a finales del siglo VIII a.C., quizá a comienzos del siglo VII, en algún punto de la Jonia, es decir, en lo que hoy es la costa turca del Mar Egeo. Es en esa época cuando Grecia sale de 400 años de oscuridad tras el derrumbe del mundo micénico, y acababa de tomar prestado además, justo en esta época el alfabeto de los fenicios. Los micénicos... habían utilizado otro sistema de escritura siglos antes, el conocido como lineal B. El lineal B era un silabario que luego desapareció. El lineal B, a diferencia del lineal A, que proviene de Creta, de los minoicos, este sí ha sido descifrado.

Realmente, cuando se pusieron con ello, los lingüistas vieron que aquellos micénicos hablaban un griego muy primitivo, lo único que lo codificaban el lineal B. Eso sí, el lineal B no sirvió para obras... literaria sino para llevar las cuentas bien la odisea consta de 24 cantos es una obra muy famosa tiene más de 12.000 versos 12.110 versos exactamente que cuentan los últimos 41 días de un regreso que duró 10 años es decir comprime esos 41 días en una obra no específica no especialmente gruesa y deja todo lo anterior aquello no era literatura en el sentido en que hoy usamos la palabra Era memoria colectiva puesta en verso. La enciclopedia moral de un pueblo que todavía no tenía ni prosa, ni historia, ni siquiera filosofía. Los grandes filósofos griegos como Platón o Aristóteles tardarían todavía mucho tiempo en nacer. Bien, de ahí salió todo lo demás. La odisea fue el manual escolar de Grecia durante mil años. El libro que Alejandro Magno, por ejemplo, guardaba bajo la almohada junto a un puñal. la obra que Platón quiso expulsar de su república ideal porque sabía que ninguna teniense la iba a ser capaz de olvidarla.

Occidente, en cierta medida, empezó a contarse historias imitando este poema, y eso no se ha detenido hasta el momento presente. El poema La Odisea no arranca por el principio, y esa es la primera lección técnica que dio al oficio de contar una historia. Cuando Homero levanta el telón, Han pasado ya 10 años desde la caída de la ciudad de Troya. Y Ulises lleva siete retenidos en la isla de Ogigia por parte de la ninfa Calypso. La ninfa Calypso está perdidamente enamorada de él y es además muy hospitalaria, pero su hospitalidad del amor no es correspondido y su hospitalidad es asfixiante para Ulises. En Ítaca, entre tanto, Ítaca es su patria. La isla de Ítaca, en el mar Jónico, Más de 100 pretendientes devoran su hacienda y cortejan a su esposa, que se llama Penélope, y que trata de ganar tiempo tejiendo de día un sudario que luego desteje por la noche. A los pretendientes les había prometido que escogería se decidiría por uno de ellos cuando terminase de tejer ese sudario. Los cuatro primeros cantos, que se llaman la telemaquia, siguen al viejo de Ulises, que se llama...

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