
La linterna de Diógenes: Espionaje corporativo, sucesiones dinásticas y microcréditos en Laos

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En este nuevo episodio de Ecos de Asia desgranamos tres historias que revelan las grietas de la confianza en el continente: el nuevo pacto de defensa entre Arabia Saudí, Turquía y Pakistán que desafía la hegemonía estadounidense, la polémica ley contra la desinformación en Filipinas que amenaza la libertad de prensa, y la sofisticada red de espionaje industrial que utiliza institutos de investigación falsos para reclutar fuentes en redes profesionales.
Además, analizamos el modelo de sucesión política en las repúblicas de Asia Central, donde el poder se hereda bajo un guion previsible, y cerramos con la lección de prudencia del Banco Central de Laos, que ha frenado el sector del microcrédito para evitar el desastre financiero que ya sufrió su vecino Camboya.
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Cuenta la tradición que Diógenes, el filósofo griego más excéntrico de todo, aquel que vivía en un tonel y pasaba de todas las convenciones, pues tenía una costumbre que dejaba a la gente perpleja. Se paseaba por las calles de Atenas a plena luz del día con una linterna encendida en la mano y cuando le preguntaban qué hacía, contestaba siempre lo mismo, busco a un hombre honesto. Por supuesto, no nunca lo encontró. La imagen se ha quedado para la posteridad como símbolo de una búsqueda dificilísima, casi imposible. La de saber de quién fiarse, la de distinguir lo de verdad de lo que solo lo parece. Y fíjense que hoy, 2000 años después, seguimos necesitando esa linterna más que nunca. porque las tres historias que les traigo van cada una a su manera de eso, de en quién confiar, de qué creerse y de cómo a veces lo que parece una cosa es justo la contraria. Así que enciendan la linterna porque ya empezamos. La primera historia es de alta geopolítica, de esas que redibujan el mapa del mundo, así que vamos a ir con calma.
La semana pasada, nada menos que en la Meca, el lugar más sagrado del Islam, se firmó un pacto que puede marcar época. Tres países, Arabia Saudí, Turquía y Pakistán, sellaron un acuerdo de defensa mutua. ¿Y eso qué es lo que quiere decir? Pues algo muy gordo, que un ataque contra cualquiera de los tres se considera un ataque contra los tres. El mismo principio que sostiene la OTAN, el famoso artículo 5, solo que aquí entre tres potencias musulmanas. Y no son tres países cualquiera, ojo. Turquía tiene el segundo ejército más grande de la OTAN, solo por detrás de Estados Unidos. Pakistán es la única nación musulmana con armas nucleares. Y Arabia Saudí es el gigante energético, el que pone la pasta. Así que dinero saudí, músculo militar turco y paraguas nuclear pakistaní, todo en el mismo pacto. ¿Y por qué justamente ahora? Pues porque la región lleva años en llamas con la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y con misiles iraníes cayendo sobre los países del Golfo.
Y ahora viene lo importante. Durante décadas, Arabia Saudí y la monarquía del Golfo le confiaron su seguridad a un único protector, como son los Estados Unidos. El paraguas americano era la garantía de que nadie los iba a tocar. Pues bien, los del Golfo ya no las tienen todas consigo de que Washington vaya a protegerlos si las cosas se ponen feas de verdad. Así que han decidido, con buen criterio, no poner todos los huevos en la misma cesta. Y ahí también aparece el que no está firmando el pacto, pero lo está mirando todo con enorme interés. Por supuesto, es China, que lleva años tejiendo con paciencia relaciones económicas con todo el Golfo. No firma este acuerdo, pero es la que más gana con lo que representa el declive lento pero imparable de una hegemonía americana que durante 80 años fue coto casi exclusivo de Washington.
De un pacto que se firma a plena luz pasamos a una ley que con la mejor cara del mundo esconde una sombra que está dando mala espina. Nos vamos a Filipinas donde están tramitando una ley contra la desinformación, contra la fake news. Y aquí toca sacar el escepticismo de Diógenes, linterna en manos, porque el asunto tiene truco. Sobre el papel, la ley es una maravilla. Vamos, ¿quién va a salir a defender los bulos, las noticias falsas que envenenan el debate público? Obviamente nadie. Pero es que el problema, como casi siempre, no está en la intención bonita que se declara, está en la letra pequeña. Y sobre todo en una pregunta que lo es todo, la madre del cordero. ¿Quién decide que es una noticia falsa? Porque esta ley pone esa decisión, en buena medida, en manos del Estado. Hablamos de penas de hasta 12 años de cárcel y multa de las gordas para quien difunda a propósito información falsa que amenace la seguridad.




















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