
Lobo, Hierro y Polilla. Philip José Farmer. Contenido Explícito

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Las primeras cartas de Correo de Medianoche (agosto), ya han comenzado su viaje y pronto llegarán a sus hogares. Quizá la próxima carta lleve tu nombre... 🕯✉️📭
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C.E. Lobo Hierro y Polilla.
Desde que el ser humano aprendió a temer a la oscuridad, también aprendió a imaginar lo que podía ocultarse en ella.
En todos los rincones del mundo existen historias de hombres que dejaron de ser hombres. Guerreros malditos, cazadores condenados, almas consumidas por una fuerza antigua que despertaba bajo la luz de la luna. Cambian los nombres, cambian los bosques y cambian las épocas, pero el miedo permanece intacto.
En la Europa medieval se decía que bastaba con vestir la piel de un lobo para despertar a la bestia dormida. Otros hablaban de pactos prohibidos, de mordeduras, de antiguas maldiciones o de hechizos olvidados. Nadie sabía cuál era la verdad... porque quienes aseguraban haber visto a un hombre lobo rara vez podían demostrarlo.
El licántropo ocupa un lugar especial entre los monstruos clásicos. No es un extraño llegado de otro mundo, ni un espectro condenado a vagar entre los vivos. Es uno de nosotros. Un vecino. Un amigo. Tal vez el hombre que nos saluda cada mañana.
Y quizá por eso su leyenda resulta tan inquietante.
Esta noche os invito a internaros en un bosque donde las supersticiones siguen respirando entre los árboles, donde los viejos mitos se confunden con la realidad y donde cada aullido parece pronunciar un nombre.
Acercaos al fuego...os espero!! 🐺🌒
Philip José Farmer (1918-2009) fue uno de los escritores más originales y provocadores de la ciencia ficción estadounidense del siglo XX. A lo largo de su carrera desafió los límites del género al introducir temas que, en la época, eran poco habituales en la literatura fantástica, como la sexualidad, la religión, la identidad, la moral o el sentido de la existencia.
Cuando la ciencia ficción todavía evitaba tratar abiertamente el erotismo, Farmer se atrevió a convertirlo en una parte esencial de sus historias. En sus novelas y relatos, la sexualidad no aparece como un simple elemento provocador, sino como una herramienta para explorar la naturaleza humana, los tabúes sociales y las consecuencias de imaginar sociedades distintas a la nuestra. Esa libertad creativa le valió tanto admiradores como detractores, pero terminó convirtiéndolo en una figura imprescindible dentro del movimiento que renovó la ciencia ficción durante las décadas de 1960 y 1970.
Su prestigio quedó definitivamente consolidado en 1972, cuando recibió el Premio Hugo a la mejor novela por A sus cuerpos dispersos, primera entrega de la célebre serie Mundo del Río. Esta monumental saga imagina un inmenso río que atraviesa un planeta donde toda la humanidad ha resucitado, desde la prehistoria hasta el siglo XX, permitiendo que personajes como Richard Burton, Samuel Clemens o Hermann Göring convivan en una misma aventura.
Más de una década después de su fallecimiento, Philip José Farmer continúa siendo un autor difícil de clasificar: visionario, irreverente y profundamente imaginativo. Su legado demuestra que la ciencia ficción no solo sirve para explorar otros mundos, sino también para cuestionar los límites de la condición humana.
Bio Olga Paraíso: https://instabio.cc/Hleidas
Sonido y voz: Olga Paraíso
Ficción Sonora exclusivo para Fans y oyentes de Ivoox Plus 🌙
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Evox Originals presenta Historias para ser leídas Un podcast de ciencia ficción, terror y fantasía dirigido por Olga Paraíso Ficciones sonoras con las que podrás sumergirte en otra realidad Desde que el ser humano aprendió a temer a la oscuridad también aprendió a imaginar lo que podía ocultarse en ella En todos los rincones del mundo existen historias de hombres que dejaron de ser hombres. Guerreros malditos, cazadores condenados, almas consumidas por una fuerza antigua que despertaba bajo la luz de la luna. Cambian los nombres, cambian los bosques y cambian las épocas. Pero el miedo permanece intacto. En la Europa medieval se decía que bastaba con vestir la piel de un lobo para despertar a la bestia dormida. Otros hablaban de pactos prohibidos, de mordeduras, de antiguas maldiciones o de hechizos olvidados.
Nadie sabía cuál era la verdad. Porque quienes aseguraban haber visto a un hombre lobo, rara vez podían demostrarlo. El licántropo ocupa un lugar especial entre los monstruos clásicos. No es un extraño llegado de otro mundo, ni un espectro condenado a vagar entre los vivos. Es uno de nosotros, un vecino, un amigo, tal vez el hombre que nos saluda cada mañana. Y quizá por eso su leyenda resulta tan inquietante. Porque el verdadero horror no reside en los colmillos ni en las garras. Habita en la idea de que, bajo una apariencia completamente humana, pueda esconderse una naturaleza salvaje esperando el momento adecuado para despertar. Esta noche os invito a internaros en un bosque donde las supersticiones siguen respirando entre los árboles, donde los viejos mitos se confunden con la realidad y donde cada aullido parece pronunciar un nombre.
Acercaos al fuego y procurad no mirar demasiado tiempo a la luna. Lobo, hierro y polilla. Filipe José Farmer. Menos que hombre, más que lobo, echó a correr. Más que hombre, menos que lobo. Aulló en éxtasis mientras corría a través del bosque. No recordaba que era un hombre, del mismo modo que no recordaba ser un lobo cuando de nuevo se transformaba en hombre. Cada vez que una racha furiosa de viento desgarraba por breves instantes la pesada cortina de nubes tormentosas, se revelaba la luna llena de julio. A él le parecía, aunque de un modo vago, que sus aullidos obraban la magia de apartar las nubes. Pero carecía de una concepción de la magia. Le faltaban no ya las palabras, sino la palabra. Resonó un trueno como el gemido de muerte de un toro abatido.
Puesto que era lobo, no pensó en tales comparaciones. Las copas de los árboles bailaban azotadas por el viento y le parecían seres vivos. Tenía la sensación de que el trueno y el relámpago eran los orgasmos de la propia tierra, unida en su frenesí con la luna, aunque esa sensación no tenía relación con el pensamiento y las imágenes de los hombres. Al ser lobo, no tenía palabras para expresar esas sensaciones. Las palabras nunca podrán expresar las sensaciones de un lobo. Corrió y corrió. Atravesó los árboles, donde un hombre habría visto árboles, arbustos y rocas. Él veía seres que carecían de nombre y que no estaban relacionados o agrupados por la palabra o el pensamiento. En su mente no había especies ni géneros, sino meramente...




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